Política
Tarragona y La Canonja: la segregación metropolitana
La independencia del nuevo municipio del 2010 establecía un período de transición de 15 años. Sorprende que una década y media después todavía haya sorpresas

Imagen de la primera reunión del gobierno metropolitano, en La Canonja
El 16 de abril del 2010 firmé junto a la compañera Núria Riu uno de los titulares de los que me siento más orgulloso desde que soy periodista: La democracia devuelve a La Canonja lo que Franco le quitó hace 45 años. Ese jueves, día 15, el Parlament aprobó la Llei de Segregació que permitió que, a partir del 15 de octubre de ese año, el núcleo junto a Bonavista –integrado en la capital desde 1965 por orden de la dictadura– se convirtiera en el municipio 947 de Catalunya.
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La tramitación, iniciada años antes, culminaba en gran parte gracias al convenio económico de separación acordado entre los ayuntamientos de Tarragona y La Canonja. Este documento, que entró en vigor el 1 de enero del 2011, establecía un período de transición de una década y media hasta que se extinguiera en el entonces lejanísimo 31 de diciembre del 2025.
¿Regreso al futuro?
Del pacto firmado entre los alcaldes Roc Muñoz y Josep Fèlix Ballesteros se entendía, pues, que pese a que La Canonja sería una localidad independiente de Tarragona desde finales del 2010, el proceso no sería de la noche a la mañana, sino que se llevaría a cabo de forma progresiva. Por esto se dio un extenso margen para preparar la plena autonomía: 15 años.
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El caso paradigmático es el reparto de los ingresos de la industria química. Aquí se partió de un 60% para Tarragona y un 40% para La Canonja, en un porcentaje que fue variando a lo largo de los años para que las arcas de cada localidad se fueran adaptando a la nueva realidad. Así, cinco años después, en 2016, Tarragona ya se quedaba el 45%, por el 55% de La Canonja. En 2021, tras diez años de proceso, la capital ya ingresaba solo el 25%, por el 75% de La Canonja. Y este 2026 ya se lo queda todo el nuevo municipio.
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Por todo ello, choca que, tras una larga transición de 15 años, todavía aparezcan sorpresas. Tal y como sucedió hace tiempo con la trilogía de Regreso al futuro (en la que en su segunda parte se viaja desde 1985 al 2015), ahora ya se ha llegado al año de destino. Y se hace con una sensación de improvisación que llega en un momento especialmente delicado: en paralelo al impulso de la futura Àrea Metropolitana, que apuesta por fomentar la sinergia y la cohesión territorial.
El proyecto ha sido musculado desde 2023 desde la capital, en coordinación con Reus. Se da el caso, además, de que La Canonja ostenta desde el pasado 31 de octubre la presidencia de la nueva asociación.
Polémicas como la de la EMT, sin embargo, pueden lastrar la credibilidad de una apuesta que, sin pragmatismo, corre el riesgo de convertir el histórico pacto del 2010 en una segregación metropolitana.