Adiós a La Riojana, el último prostíbulo de Tarragona

60 años de actividad. La pandemia y las exigencias de las administraciones, las causas de que el club haya bajado la persiana

Carla Pomerol

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Esther llegó a Tarragona hace 40 años y hasta ahora ha sido la encargada del club. FOTO: Pere ferré

Esther llegó a Tarragona hace 40 años y hasta ahora ha sido la encargada del club. FOTO: Pere ferré

Cierra definitivamente el último y más conocido prostíbulo de Tarragona, La Riojana, tras sesenta años de actividad. Ubicado en la carretera N-340, este club acogió hace casi cuarenta años a la actual encargada del lugar, conocida como Esther. Ella es quien nos abre la puerta del burdel para contarnos los motivos del cierre. La Riojana  nació como un bar de camioneros, el típico de carretera. De eso ya han pasado más de sesenta años. «La propietaria era nacida en La Rioja, de ahí el nombre», dice, a modo de anécdota, Esther, quien añade que «a petición de los clientes, el bar acabó convirtiéndose en un club». 

La historia de la actual encargada con La Riojana se remonta al año 1982, cuando Esther, que hasta entonces vivía en Barcelona, vino junto a una amiga en busca de trabajo a Tarragona. «Lo recuerdo perfectamente. Tenía 20 años, pasamos por aquí, lo vimos y nos quedamos», explica la protagonista, quien añade que «para mí, La Riojana lo ha sido todo». La emoción le obliga a hacer una pausa. «Hoy por hoy, puedo decir que todo lo que tengo me lo ha dado este club. Eso sí, con mucho trabajo y esfuerzo», acaba. 

La Riojana ha sido todo un «símbolo» para la ciudad. «Siempre digo que debería declararse patrimonio de Tarragona», dice Esther, quien añade que «a diferencia de otros clubes, este siempre ha sido muy familiar, alejado de la imagen fría de los prostíbulos». Según Esther, por La Riojana han pasado muchos peces gordos de esta ciudad. «Eso sí, jamás en la vida daría nombres. Aquí también se nos conoce por ser muy discretos. Ver, oír y callar», apunta. 

La pandemia pasa factura

Tras sesenta años funcionando, ha llegado el momento de la despedida. Los motivos del cierre definitivo son variados y de todos los colores. «La propietaria ya tiene edad de jubilarse y, además, la pandemia nos ha hecho mucho daño», explica Esther, quien añade que «nos exigen demasiado: que si un médico, que si una empresa de seguridad, que si cualquier cartel debe estar homologado. Eso sí, después te vas al centro de la ciudad y está plagado de pisos». Los propietarios alquilaron hace dos años el club, pero la cosa no salió bien. Ahora, finalmente, han decidido venderlo. De hecho, ya se puede ver el cartel de Se vende, debajo del gran letrero de La Riojana. Esther explica que hay gente interesada en quedarse el inmueble, «pero el Ayuntamiento nos está poniendo alguna que otra traba». 

El eterno debate

El debate sobre la prostitución lleva años encima de la mesa y Esther no ha declinado hablar de ello. «La gente que está en contra de la prostitución debería conocer cómo trabajamos para opinar», dice la encargada del club, quien añade que «no es un trabajo fácil. Es un dinero rápido de ganar, pero no fácil». 
Esther explica cómo era el perfil de chicas cuando ella entró en este mundo. «Eran personas que querían tirar adelante con su casa y su familia. Lo cierto es que, ahora, la cosa ha cambiado y hay muchas mujeres que lo hacen por necesidad», apunta.

La encargada aprovecha la ocasión para agradecer a los taxistas y a los clientes su apoyo durante todos estos años. A partir de ahora, La Riojana ya formará parte del recuerdo de los tarraconenses.

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