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La hostelería coge aire con las primeras cenas tras el estado de alarma

Bares y restaurantes abrieron ayer hasta las 23 h por primera vez en ocho meses. Hay alegría pero también cautela y actividad a medio gas. El sector, muy tocado, se muestra esperanzado

Raúl Cosano

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Susana (izq.) y Dani, cenando en la hamburguesería Tàstum, en la Plaça de la Font, en Tarragona.  Foto: Pere Ferré

Susana (izq.) y Dani, cenando en la hamburguesería Tàstum, en la Plaça de la Font, en Tarragona. Foto: Pere Ferré

«Esto es como un año nuevo. Estamos con mucha ilusión y muchas ganas, es como un sueño. Hemos esperado tanto a que llegara este día...», confiesa Matías Salas, responsable de Casa Matías y Frankfurt La Rambla, ante la nueva y esperanzadora perspectiva que deja en el sector la caída del estado de alarma y el levantamiento de restricciones.

Desde ayer bares y restaurantes amplían de las 17 h. a las 23.00 horas la franja en la que pueden abrir, lo que posibilitó que se sirvieran in situ las primeras cenas en Tarragona en ocho meses, desde que el toque de queda y las restricciones previas a la segunda ola obligaran a cierres parciales que han durado hasta hoy. En concreto, desde el 16 de octubre no era posible cenar en un establecimiento de restauración. Entre noviembre y diciembre sí se permitió hasta las 21.30 horas.

«Lo estaba deseando. Me ha costado mucho aguantar durante estos meses. Nosotros abrimos al mediodía pero somos sobre todo de tarde y noche, así que las cenas me salvan la vida, son importantísimas para mí. Hacíamos envíos a domicilio, pero no es lo mismo», se sincera Pili Barbadillo, responsable de la hamburguesería Tàstum, en la Plaça de la Font.

Añorar el ambiente

En ese centro neurálgico del ocio y la socialización en Tarragona había vida y movimiento durante la tarde –abundaron las cervezas y las tapas–, pese a la lluvia. «Ya teníamos muchas ganas de venir a cenar, por el ambiente. Este año se ha hecho muy duro aguantar después de tanto confinamiento», decía Dani Parra, antes de cenar en el Tàstum. Ahí llegó a las 19.30 horas y tras tomar algo, comió hacia las 21 horas, junto a Susana Martín, que le acompañaba: «Estábamos esperando este día y estamos contentos. Vivimos por aquí cerca y echábamos de menos poder venir aquí de noche».

El sector se mueve entre la esperanza, la prudencia y la incertidumbre. «Para nosotros poder servir cenas es muchísimo. Nos puede dar para sacar a todo el personal del ERTE e incluso, si va bien, incrementar la plantilla. Lo hemos pasado muy mal y esto es algo positivo, porque hasta ahora nos faltaba el 50% del negocio», añade Matías Salas.

El descanso semanal de domingo en algunos locales y el hecho de que tener el límite en las 23 horas impide una cena extensa eran puntos en contra que hacían que ayer la restauración no estuviera a pleno rendimiento. Algunos establecimientos son todavía muy cautos. «Estamos esperando a ver qué sucede. Todo es incertidumbre. Estamos esperanzados pero no sabemos aún cómo va a ir. Nuestro fuerte es el mediodía. Por la noche, abriremos para cenas bajo reserva», comentaban en el restaurante Balandra, en El Serrallo. «La situación no es la ideal, es la menos mala, porque lo mejor sería alargar más el horario por la noche pero es una avance importante y tenemos esperanzas», reconocía Carlos Badia, propietario de La Pepita, en la Plaça Verdaguer.

«Es importante porque ganas un turno, es una esperanza para empezar a dejar de perder», añade Javier Escribano, presidente de la Associació d’Empresaris d’Hosteleria de Tarragona, que realiza un diagnóstico crudo: «Es un alivio, un poquito de luz, una mejora, pero no podemos creer que el problema del sector esté solucionado. La situación sigue siendo crítica». Escribano apunta que las pérdidas han sido tantas en 14 meses de pandemia que la recuperación queda lejos aún: «En breve el pacto para pagar la mitad de los alquileres se va a acabar y se levantarán los ERTE. Otro año más el turismo no va a venir en masa este verano».

El representante del gremio pone un ejemplo: «Un restaurante medio, de seis empleados y unas 13 o 14 mesas, ha acumulado 40.000 euros de deuda en un año. Eso quiere decir que, yendo todo bien, quizás tenga que estar cuatro o cinco años sin beneficio, y dedicarlo todo a pagar deuda. Estarás condenado a destinar alrededor del 6% de la factura a la deuda en los siguientes años». Escribano cree que «nos siguen haciendo falta ayudas directas para acabar con el endeudamiento». No hay que olvidar que las restricciones, no solo horarias, siguen: aforo en las terrazas del 100% pero del 30% en el interior.

«Preferimos esperar»

De ahí que algunos apuesten por la precaución. «De momento, abriremos de noche solo viernes y sábado, que son los días fuertes en que sabemos que se va a trabajar bien. Aún no sabemos cómo va a funcionar y preferimos ir poco a poco», cuenta Leo Vidal, propietario de Frida, el restaurante mexicano en la calle de las Coques, en la Part Alta. «Estamos contentos de poder abrir de noche, porque creemos que la gente tiene ganas de salir, pero esperaremos hasta ofrecer cenas cada día. Cuando veamos que es oportuno, lo haremos», añade Vidal.

La postura es compartida por varios restaurantes, por lo que la actividad ayer iba a medio gas, a pesar del ambiente entusiasta entre la clientela, que celebraba poder cenar o tomar algo más allá de las cinco de la tarde.

Con todo, el panorama sigue siendo complejo. «Veremos las terrazas llenas un sábado o un viernes, pero eso es un espejismo. Esos días van a ir bien, sí, pero no podemos depender solo del fin de semana. Hay que recordar que necesitamos actividad toda la semana para subsistir, y además teniendo en cuenta la mochila de deuda que arrastramos», reconoce Escribano, que añade: «Hay mucho muerto movimiento. Un restaurante, aunque vaya mal, no puede despedir, porque tiene que indemnizar y si despide antes de seis meses debe devolver el dinero de los ERTE».

Francesc Pintado, gerente de la Federació d’Empresaris d’Hostaleria de la Província de Tarragona, culmina: «Afrontamos esta etapa con máxima ilusión para volver a la normalidad y ver la posibilidad de trabajar, de que entre dinero y poder tapar los agujeros y deudas que hemos contraído en 14 meses».

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