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Arte para cuidar a los cuidadores en Sant Pere i Sant Pau

Sus obras no son perfectas ni les importa, pero se han convertido en una válvula de escape para un grupo de personas que se enfrenta a la exigente tarea de cuidar de un familiar

Norián Muñoz

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Una cuidadora pinta con las manos en el taller de arteterapia del Centre Cívic de Sant Pere i Sant Pau. Foto:Dominika Dittwald/cedida

Una cuidadora pinta con las manos en el taller de arteterapia del Centre Cívic de Sant Pere i Sant Pau. Foto:Dominika Dittwald/cedida

«Las obras de arte que crean no son perfectas, ni siquiera hace falta que sean bonitas, porque esto no son clases de pintura ni de manualidades. La arteterapia es un método terapéutico para tratar a personas con problemas sociales, psicológicos, o simplemente con fines lúdicos». Así lo cuenta Dominika Dittwald, antropóloga y arteterapeuta, encargada de dictar el primer taller de arteterapia para cuidadores que en estos últimos meses ha tenido lugar en el Centre Cívic de SantPere i Sant Pau.

Una de las responsables de la idea es Felisa Talavero, trabajadora social del Institut Municipals de Serveis Socials de Tarragona. Una de sus funciones es ayudar a las familias a tramitar las ayudas de la ley de dependencia. Entre formulario y formulario se dio cuenta de una constante: las personas que cuidan están sometidas a una presión que muchas veces termina por dejarles, angustiadas, ansiosas, deprimidas...

Y fue así como surgió la idea de organizar este taller para ayudarles a entender mejor su situación, sus relaciones familiares, y a estar mejor con ellos mismos. «Todos los talleres para cuidadores que encontramos versaban sobre cómo cuidar, cómo movilizar a la persona, primeros auxilios... Pero ninguno sobre cómo cuidarse».

Lo que dice la foto de un león

Durante este tiempo los asistentes, siete mujeres y un hombre, han tenido oportunidad de pintar, escribir, hacer música, teatro... siempre usando las diferentes disciplinas artísticas como herramienta.

Para entenderlo mejor Dominika pone algunos ejemplos. En una de las sesiones los asistentes tenían que hacer un collage sobre sus relaciones familiares. «A veces es más fácil elegir una imagen que verbalizar lo que te pasa. Si eliges a un león o una casa para representar a un familiar eso tiene un significado», dice.

Otro ejercicio consistía en representar el espacio que necesita cada uno con unos cordones haciendo círculos en el suelo de distintos tamaños. La intención en este caso era que cada uno pudiera reflexionar sobre sus límites personales.

También hicieron obras de teatro donde, improvisando, fueron capaces de reinterpretar con humor algunas de sus situaciones cotidianas.

Al final de cada una de las sesiones tocaba conversar sobre lo que había surgido. Ser conscientes de su situación, además, daba pie para iniciar nuevos cambios. Cuentan, por ejemplo, que una usuaria les comentaba que después de años sin moverse del lado de su familiar había decidido apuntarse a una excursión.

Antoni Valero, psicólogo de soporte del IMSST, explica que gestos así, aunque parezcan pequeños son significativos. Apunta que los cuidadores que peor lo pasan son los que tienen gran «adherencia» con la persona cuidada. Explica que es normal que «el cuidado despliegue una serie de armas para intentar que estén todo el tiempo por él y eso en lugar de ayudar atrapa al cuidador».

Talavero cree que sería interesante que este tipo de talleres se extendiera al conjunto de la ciudad no sólo por los cuidadores, sino también por sus familiares «hablamos de procesos largos, en los que la gente se va deteriorando. Cuidar al cuidador puede ayudar a prevenir otros problemas», recuerda.

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