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Cada mes 500 tarraconenses necesitan una transfusión

De enero a noviembre 5.618 pacientes de la demarcación han recibido bolsas de sangre. Cinco testimonios reflejan la importancia de contar con donantes altruistas

Norián Muñoz

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Ona y su padre Agustí. La niña debía recibir transfusiones cada tres meses en el Joan XXIII.  FOTO: Banc de sang i teixits

Ona y su padre Agustí. La niña debía recibir transfusiones cada tres meses en el Joan XXIII. FOTO: Banc de sang i teixits

Las vacaciones, especialmente las navideñas, trastocan las rutinas y, como no, también las de donación de sangre. Desde el Banc de Sang i Teixits, que centraliza todas las donaciones de Catalunya, calculan que en estas semanas de fiesta las mismas bajan en torno a un 25%.

Virginia Callao, directora de la entidad en Tarragona y Terres de l’Ebre, apunta que lo óptimo es tener reservas para diez días, pero a finales de la semana pasada había para unos siete. Además, hay grupos menos frecuentes, como el O- del que sólo había para dos días. (Los datos se actualizan en www.donarsang.gencat.cat).

Pero ¿por qué se necesitan donaciones continuamente? Callao da una respuesta sencilla: porque la sangre ‘caduca’. De hecho, la sangre que se dona es separada en componentes que tienen diferentes tiempos de conservación.

El plasma, que se congela, puede durar tres años, los glóbulos rojos, que se guardan en frío, duran 42 días, pero las plaquetas, que se conservan a temperatura ambiente, sólo aguantan 5 días.

Para hacerse una idea, de enero a noviembre de este año, 5.618 pacientes han recibido una transfusión de sangre en la demarcación de Tarragona (2.660 de ellos en el Hospital Joan XXIII), es decir, se han efectuado unas 500 cada mes. Es una demanda, además, que no se puede predecir con certeza, apunta Callao.

En lo que se refiere a las donaciones, también entre enero y noviembre 27.245 personas han pasado a donar al Joan XXIII, al Sant Joan de Reus, al Verge de la Cinta de Tortosa o por campañas itinerantes. De ellos 3.596 donaban por primera vez. 

En lo que va de año un 47% de los donantes en Tarragona fueron mujeres y un 53% hombres. El grupo más numeroso es el de 36 a 55 años.
Conscientes de la importancia de ‘poner cara’ a las personas que, cada día, sobreviven o mantienen su calidad de vida gracias a las donaciones, el Banc de Sang ha compilado los testimonios de personas que han recibido o donado no sólo sangre, sino también leche materna u órganos en el blog moltesgràcies.net. Los cinco que resumimos corresponden a pacientes de la provincia. 

«Ona ahora es otra niña, alegre, activa y sonriente» Agustí Arévalo, padre de Ona

«Mi hija Ona tiene cinco años y sufre desde que nació una enfermedad que se llama microesferositosis hereditaria, que le produce una anemia hemolítica. Tiene los glóbulos rojos diferentes, más esféricos y duros y esto hace que el bazo destruya muchos más. Comporta cansancio y estado de fatiga siempre», explica Agustí sobre su hija. La niña tuvo su primera crisis al mes y medio y a partir de allí debían hacerle transfusiones cada tres meses en el Hospital Joan XXIII. 

Aquellas transfusiones le dieron la calidad de vida que la enfermedad le negaba pero, afortunadamente, Ona –de quien su padre dice que siempre se ha portado muy bien– «apenas se ha quejado o llorado» ha dado un vuelco gracias a que le han extraído el bazo, responsable de la destrucción de muchos glóbulos rojos. A Agustí, que tiene la misma dolencia, también le realizaron la misma operación, aunque con 26 años. Hoy, dice: «Ona es otra niña, alegre, activa y risueña.

«Los médicos y las bolsas han hecho que esté viva» Pau Benet

El testimonio de Pau es contundente: «El 13 de marzo del 2014 conducía hacia L’Ametlla de Mar para ir al trabajo y tuve un accidente, un choque frontal. Fue un accidente muy fuerte.

Un helicóptero me llevó hacia el Hospital Joan XXIII. Tuvieron que ponerme 17 bolsas de sangre. Estuve una semana a la UCI y una semana más en semicríticos. Me rompí todo el lado izquierdo, brazo, pierna… Y perdí el bebé de 20 semanas. Me tuvieron que extirpar el útero y el bazo... Sólo tengo infinitas palabras de agradecimiento hacia los donantes, gracias a ellos estoy viva. Los médicos y las bolsas han hecho que esté viva».

«Mi hijo, cuando recibía sangre, cambiaba la cara» Fermín Ruana

Fermín y su esposa Montse son de La Fatarella y dicen que cuentan su experiencia «para demostrar lo que pueden hacer unas personas por otras».

«Nuestro hijo Fermin pasó los 16 primeros meses de su vida casi siempre en el Hospital la Vall d’Hebrón, atendido por un personal maravilloso y que nunca olvidaremos… Nuestro hijo recibió un riñón a los 13 meses de vida y ahora tiene 17 años. Pero hasta que pudieron hacerle el trasplante pasó por varias intervenciones quirúrgicas y regularon su pequeño cuerpo a base de medicamentos. También necesitó recibir transfusiones de sangre».

Relata que «todavía recuerdo la primera vez que le hicieron una transfusión, estaba pálido, su cuerpo sin energía, la expresión de su cara era triste, igual que la nuestra.

Recuerdo como traía la pulsera roja en la muñeca y cuando entraba la bolsa de sangre a la habitación y la conectaban a la pequeña vía unida a sus pequeñas venas y empezaba a pasar la sangre.

Pocos minutos después, veías como aquella cara pálida, aquel cuerpo sin energía y aquella mirada triste, empezaban a cambiar; el color de la piel más sano, el cuerpo con más vitalidad y de su rostro salía una sonrisa y, a la vez, del nuestro también. Cuando recibía sangre, cambiaba su cara. Esto nos daba fuerzas para continuar luchando».

«Parecía un milagro lo que pasó, pero también es gracias a la solidaridad de las personas. Estas ganas que tiene la gente de ayudar hace que los enfermos recuperen la salud y lo hacen dando una parte de su cuerpo como es la sangre. Muchas gracias a los donantes de sangre y también a aquellas madres y padres que en un momento tan difícil, como es cuando pierdes a un hijo, tienen la valentía y la solidaridad de dar los órganos de su hija o hijo para salvar la vida de otra persona. No tengo palabras para explicar lo que mi esposa y yo sentimos. Sólo podemos decir que estáis en nuestro corazón, gracias».

«Una enfermera me dijo que no tirara la leche, que era oro blanco» Aintzane Vegas

Pero en estos días no sólo hace falta garantizar las donaciones de sangre. Aintzane cuenta que  «justo hoy hago la última tanda de donación de leche porque ahora ya hace un mes que Jan ha empezado a comer y la producción me ha bajado.

Esta es la segunda vez que dono. También lo hice con el primer hijo, Julen, hace tres años. Empecé a donar porque cuando tuve mi primer hijo, tenía tanta leche que me hacía daño y lo tenía que lanzar. Yo tenía una amiga enfermera que cuando lo supo me dijo que la leche era ‘oro blanco’ y que fuera inmediatamente al Hospital Joan XXVIII para que me explicarían cómo dar leche. Fui y me dieron todas las facilidades del mundo».

«Con el segundo hijo, Jan, he sido muy consciente de lo importando que es la leche materna para algunos niños. Tuvimos un susto con Jan al nacer, quedó ingresado quince días por una infección. Fueron días de mucha angustia porque no sabíamos qué pasaría, llegó a 60 pulsaciones y estaba muy amarillo. Compartimos estos momentos con otros padres que tenían hijos prematuros ingresados. La compañera de hospital de Jan era muy prematura y estaba siempre tapada. Las madres me decían: «Qué suerte que tienes de tener tanta leche», veían que me la sacaba y que la daba en el Banco y me daban las gracias, aunque está claro que no era directa por sus hijos».

«Recibir un órgano en el umbral de la muerte es importantísimo» Martín López

«Soy médico, soy de Tarragona y vivo en Reus. Yo era un enfermo de fibrosis pulmonar. Un día, de repente, tuve un neumotórax en el pulmón derecho y fue tan grave que me derivaron a la Vall d’Hebron y me pusieron en la lista de espera de trasplantes. Estaba entre la vida y la muerte cuando salió un donante. El 8 de marzo de 2015 me hicieron un trasplante de los dos pulmones. Ahora me encuentro muy bien, pero tengo algunas limitaciones. Intento no resfriarme, por ejemplo, porque estoy más delicado. Quiero agradecer de todo corazón el esfuerzo que hacen todos los donantes porque recibir un órgano y sangre cuando estás en el umbral de la muerte es importantísimo. Es hacer un gran favor a las personas que lo pueden necesitar».

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