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Cardenal se despide con un brutal ataque al alcalde por los Juegos

El dimitido presidente del Consejo Superior de Deportes acusa a Ballesteros de actuar con 'temeridad e incompetencia'

Xavier Fernández

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Miguel Cardenal observa a Josep Fèlix Ballesteros el 27 de agosto de 2015 en Tarragona. Foto: Alfredo González

Miguel Cardenal observa a Josep Fèlix Ballesteros el 27 de agosto de 2015 en Tarragona. Foto: Alfredo González

Como si se tratase de las tropas soviéticas en retirada, el recientemente dimitido presidente del Consejo Superior de Deportes, Miguel Cardenal, aplica la política de tierra quemada. Tras el retraso a 2018 de los Juegos del Mediterráneo, del que es en gran parte responsable, Cardenal ha decidido despedirse ‘a lo grande’ y en un artículo publicado ayer en El País, carga duramente contra el alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, quien, a su vez, le había calificado de «energúmeno» la semana pasada y le había criticado sin piedad en sendas entrevistas en Diari de Tarragona y otro medio local.

Cardenal aporta una serie de datos incorrectos pero no tiene inconveniente en invitar a Ballesteros «a que diga la verdad a sus ciudadanos, que no acuda al socorrido echar la culpa a Madrid, y que les cuente la razón que le lleva a incumplir su reiterada promesa, porque el bochorno al que ha llevado a Tarragona se debe principalmente a la temeridad e incompetencia con la que Ballesteros se sumió, desde 2012, en esa huida hacia adelante».

La ‘desventaja’ de los Juegos

Para lanzar tal andanada, Cardenal menciona, por ejemplo, que los Juegos Mediterráneos tuvieron la «desventaja de que entre los numerosos convenios firmados por Albert Soler (PSC) justo antes de la convocatoria de las elecciones de 2011, no incluyó a Tarragona». Aquellos comicios dieron la mayoría absoluta al PP tras siete años de Gobierno del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero.

Cardenal yerra el tiro porque Soler cesó el 7 de octubre de 2011 y fue ocho días después, el 15 de octubre, cuando el Comité Internacional de los Juegos Mediterráneos escogió a Tarragona como sede para 2017. Soler no podía incluir a Tarragona en el convenio de un evento que aún no existía. El expresidente del CSD abunda en su error al afirmar que «el alcalde Ballesteros decidió no unirse a algún alcalde del PP que reclamaba con contundencia las ayudas firmadas por Soler».

El Ayuntamiento se siente profundamente molesto por el exabrupto de Cardenal, pero se niega a hacer declaraciones para no entrar en una espiral de dimes y diretes. Tampoco quisieron valorar la opinión del exalto cargo del PP ninguno de los tres portavoces de los partidos que integran el pacto de gobierno: Begoña Floria (PSC), Alejandro Fernández (PP) y Josep María Prats (Unió Democràtica).

La historia de los desencuentros entre Cardenal y Ballesteros y, por extensión la organización de los Juegos, es larga. Los organizadores intentaron infructuosamente reunirse con Cardenal en varias ocasiones hasta el punto de que Ballesteros acudió expresamente a una competición de judo en Guadalajara para poder verle. Poco más tarde, el secretario de Estado del Deporte le convocó a él y otras miembros de la candidatura a un encuentro en su despacho del Ministerio. Tras una hora de espera, Ballesteros decidió marcharse, ofendido por el trato «vejatorio» de Cardenal.

En septiembre de 2015, la situación intentó reconducirse después de que Cardenal se quejase por carta de las afirmaciones de Ballesteros en una entrevista al Diari: dijo que el Estado aportaría 15 millones de euros. «Te ruego que midas este tipo de declaraciones, pues no ayudan a conseguir el objetivo perseguido», decía Cardenal en la misiva. Por lo visto Don Miguel está pendiente al detalle de la prensa local de Tarragona. Todo un honor.

Cardenal también presume de haber aportado patrocinadores a los Juegos como Sacyr, que, según las fuentes consultadas por el Diari, se limitó a ceder a los Juegos un plan de obras, que luego cuantificó y desgravó. Se benefició de Hacienda, por tanto, sin aportar dinero alguno.

El dimitido alto cargo popular califica de «huida a hacia adelante» la actitud de Ballesteros. Hay quien ve la paja en el ojo ajeno y es incapaz de darse cuenta de la viga en el propio.

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