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Científicas de la URV abordan la obesidad y sus consecuencias

Estudian esta patología en relación al hígado grado y también el nexo entre el cáncer de mama y los lípidos

Gloria Aznar

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Gemma Aragonès, Maria Teresa Auguet, Marina Colom y Carmen Aguilar, en Joan XXIII. Foto: Pere Ferré

Gemma Aragonès, Maria Teresa Auguet, Marina Colom y Carmen Aguilar, en Joan XXIII. Foto: Pere Ferré

"La obesidad es una enfermedad que tiene mucha importancia porque abarca a mucha gente en todo el mundo e incluso se le llama la epidemia del siglo XXI". Son palabras de la científica Maria Teresa Auguet, doctora internista en el Hospital Joan XXIII de Tarragona.

En la misma línea se pronuncia Sandra Guaita, investigadora que, desde Reus, referente a nivel oncológico en la provincia, analiza la relación entre el cáncer de mama y los lípidos. Guaita explica que "está demostrado que una paciente obesa tiene más riesgo de padecer cáncer". 

La obesidad es el punto de partida de estas investigadoras, cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes, cada una desde diferentes ámbitos.

Así, el grupo en el que trabaja Auguet se centra en enfermedades asociadas a esta fisiopatología como es el hígado graso, no alcohólico y trabaja conjuntamente con el servicio de cirugía bariátrica del Hospital Sant Joan de Reus. Tras una intervención de este tipo, que es una reducción de estómago o bien un by pass de un trozo de intestino para que no se absorban los alimentos, Maria Teresa Auguet y Gemma Aragonès revelan que "vemos qué cambios se producen porque estas personas aparte de perder peso mejoran mucho otras de sus patologías como la diabetes, la hipertensión o el colesterol alto". 

La mayoría de pacientes que optan por este tipo de intervenciones son mujeres. Sin embargo, dependiendo del nivel de daño que tenga el hígado, no siempre se puede resolver el problema. Estas científicas cuentan que "el 90% de las pacientes con obesidad mórbida tienen alguna alteración hepática, que se llama esteatosis y si la enfermedad perdura lo que ocurre es que esta grasa acumulada crea también esteatohepatitis, que es un proceso inflamatorio. Finalmente, si esto continúa se acaba produciendo una fibrosis e incluso una cirrosis hepática con todas las complicaciones que ello conlleva".

Una situación que no se produce con todos los enfermos obesos. "En unos sí y en otros no. Estudiamos por qué ocurre esto, qué características tienen los que les ocurre" y en este sentido han llevado a cabo diferentes estudios. 

Evitar la biopsia
"Los enfermos que tienen esteatosis, cuando se adelgazan y hacen bien la dieta, su hígado puede volver a la normalidad, es una patología reversible. Esto es muy bueno y es algo que también les pasa a los alcohólicos, que tienen la patología y pueden volver atrás si dejan de beber", cuenta Auguet.

¿Pero qué ocurre si no se frena? Añade que "si nosotros no paramos la obesidad o el alcohol, entonces es muy difícil revertirlo, aunque se hagan bien las cosas. Y aquí hay una parte de pacientes, un 20%, que tienen tendencia a ir hacia la cirrosis". 

Por ello este grupo de investigación se ha marcado el objetivo de discernir "entre qué pacientes tienen esteatosis y cuáles esteatohepatitis sin necesidad de hacerles una biopsia hepática porque es un método muy invasivo".

La bióloga Sandra Guaita en su laboratorio, en la Facultat de Medicina de Reus. Foto: Alfredo González

Para evitarlo investigan las moléculas por medio de la sangre "para ver si alguna nos puede diferenciar entre ambos hígados". Y lo más importante, llegar a prever "si una persona derivará o no en una patología u otra".

Mientras, la científica Sandra Guaita está inmersa en el proyecto de estudio de la grasa corporal y el cáncer de mama, que se inició en 2014 con el propósito de encontrar mecanismos para revertir la enfermedad o incluso prevenirla.

Esta bióloga trabaja con el grupo de oncología del Hospital Sant Joan de Reus, con los doctores Gumà y Borràs, así como con medicina interna del mismo centro, encabezado por el doctor Masana, "que desde hace muchos años estudian el metabolismo de los lípidos, por lo que empezamos a colaborar para centrarnos en grasas y cáncer y pensamos que el tumor que está muy rodeado de grasa es precisamente la mama, por lo que acabamos trabajando con lípidos y cáncer", relata.  

No obstante, más allá de la demostrada relación entre este tipo de cáncer y la obesidad, Guaita comenta que "lo que indagamos es la capacidad que tiene el tumor, incluso en una persona con peso corporal normal, de hacer que el tejido adiposo, es decir la grasa que tiene alrededor, se vuelva patológico porque el tumor le envía mensajes para que se vuelva maligno y la grasa le aporta nutrientes para que él pueda crecer y pueda desarrollar metástasis. En esas estamos".

Lo que sí han demostrado es que la proteína FABP4 provoca que la célula tumoral se divida más y crezca "e investigamos cómo lo hace, si existen otras moléculas o proteínas implicadas, como las grasas en sí mismas. Por ejemplo, si una dieta en grasas saturadas provoca que el tumor crezca más rápido o no", revela Guaita. Es, en definitiva, ver cómo la nutrición del día a día acaba afectando al tumor "pero esto todavía no lo sabemos".

Junto con el cáncer, la otra enfermedad que más muertes provoca es la cardiovascular y "se ha visto que a pesar de que son muy diferentes, tienen algunos mecanismos en común como el metabolismo alterado de los lípidos". Es decir, las proteínas que transportan las grasas de un tejido a otro se ven alteradas cuando existe un proceso patológico como una enfermedad cardiovascular o una diabetes.

Por ello la investigación se centra en saber si ocurre lo mismo a nivel tumoral. "Nosotros creemos que sí", asevera Guaita, "que lo que hace la proteína de alguna manera afecta al tumor y lo ayuda a crecer". El objetivo de todo ello no es otro que poder aportar un remedio, "descubrir si con unos fármacos se pueden inhibir estas proteínas y si esto puede ser o no beneficioso para la paciente. Aunque en este momento todo son hipótesis". 

El cáncer de mama es el más frecuente en mujeres, pero al mismo tiempo es curable en un 80%. En la actualidad "se intenta que el tratamiento sea más personalizado y específico para minimizar lo máximo posible los efectos secundarios", concluye. 

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