Doce meses en la UCI

Análisis. La lenta tramitación y la Covid han ralentizado las obras del Amfiteatre, que hasta primavera de 2021 seguirá con el acceso a la arena cerrado

NÚRIA RIU

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El Ayuntamiento asegura que hasta que no sea 100% seguro no se permitirá el acceso. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El Ayuntamiento asegura que hasta que no sea 100% seguro no se permitirá el acceso. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Doce meses más tarde, y después de todo lo que nos ha tocado vivir en este último año, el Amfiteatre de Tarragona ha desaparecido del foco mediático. Sin embargo, el pasado domingo se cumplía un año desde que el concejal de Patrimoni, Hermán Pinedo, comparecía en rueda de prensa para anunciar el cierre del monumento más emblemático del patrimonio tarraconense.

El estudio del arquitecto Josep Lluís Serven abrió la caja de los truenos. En primer lugar, porque confirmaba que la falta de inversión en mantenimiento y conservación del patrimonio había dejado el recinto en una situación de riesgo estructural, con posibilidades de colapso en algunos puntos. Un aspecto que un trabajador había denunciado en los años previos y se le había ignorado. Y, en segundo lugar, por las quejas que generó la decisión por parte de algunas formaciones políticas, teniendo en cuenta que tan solo unas semanas antes se habían celebrado actos en el interior de este recinto, cuando el Ayuntamiento ya conocía el contenido del estudio.

El Equipo de Gobierno no se quedó de brazos cruzados y cogía este desafío como una muestra de un cambio de discurso en el que el mantenimiento y la conservación del patrimonio pasaban a ser una de las líneas de trabajo prioritarias. Pese a ello, Pinedo no contó con que los tempos de la administración a menudo no son tan rápidos como uno quisiera. Y la actuación en las escaleras del Miracle, que tenía que resolverse por la vía de la urgencia, quedaba atrapada por la tramitación administrativa y no podía finalizarse antes de fin de año, tal y como estaba previsto.

Las obras de la primera fase se iniciaron a comienzos de marzo y unos días más tarde la Covid-19 obligaba a decretar un estado de alarma que dejaba paralizado el país, más allá de las actividades esenciales. «Está claro que esto ha afectado el ritmo de todas las administraciones durante los últimos meses», reconocía el edil de En Comú Podem.

Más allá del acceso a la explanada de la zona de taquillas, la visita al monumento sigue restringida. Antes hay que afrontar la segunda fase de obras, la cual prevé intervenir en el ámbito de las rocas para evitar cualquier desprendimiento. «Tenemos el ‘ok’ por parte del Institut Geològic i Cartogràfic de Catalunya para intervenir y anclar la roca», decía Pinedo. Tan solo falta la autorización de la Comissió de Patrimoni que, en un primer momento, tenía que dar su visto bueno en la reunión del mes de septiembre. Sin embargo, este fue uno de los puntos que no pudo debatirse y, por tanto, habrá que esperar hasta «octubre o noviembre» para afrontar este último trámite, antes de que pueda iniciarse la fase de contratación. Todo esto ha contribuido en ralentizar su recuperación.

«No es una cuestión tanto de dinero sino de tiempos», apuntaba el edil de Patrimonio. Este no dudaba en afirmar que «estoy descontento del ritmo que va todo». Tampoco ha avanzado según lo previsto el compromiso con la Generalitat para inyectar el dinero previsto que tiene que permitir afrontar las obras de la muralla.

Con todo, la administración local espera que esta segunda fase pueda llevarse a cabo de forma simultánea con la intervención en la puerta Trimphalis, afectada también por las filtraciones de agua, de forma que ya podría permitirse el acceso a la arena. «Teníamos previsto que en noviembre estaría, pero nos vamos a cuatro o cinco meses más», afirma Pinedo. Si no surgen nuevos palos en las ruedas, en primavera podría solucionarse. Aunque, por el momento, estamos hablando tan solo de las actuaciones de urgencia para reabrir una parte del monumento. «Faltaría aún el plan de monotorización del monumento para controlar las vibraciones, consolidar y sellar las gradas construidas y recuperar los vomitorios, que también es un tema de drenajes para la evacuación del agua», explica Pinedo. Una puesta a punto que, por otro lado, requerirá de un plan de mantenimiento y monotorización del estado del monumento que va a hacerse en la fase final y que obligará a una inversión que, según los primeros cálculos, supera el millón de euros. Hasta el momento, el Amfiteatre seguirá en la unidad de cuidados intensivos.

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