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El aumento de tasas desluce el regreso a la Plaça Corsini del Mercat d’Antiquaris en TGN

Algunos paradistas ya han dicho que se dejan un mes de prueba para valorar el traslado y que a finales de noviembre reconsiderarán si siguen fieles a la cita de los viernes

Núria Riu

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El Mercat de Sant Quadrat volvía a la Plaça Corsini, espacio que abandonó en abril de 2007, cuando empezó la remodelación de esta zona.  FOTO: Alfredo González

El Mercat de Sant Quadrat volvía a la Plaça Corsini, espacio que abandonó en abril de 2007, cuando empezó la remodelación de esta zona. FOTO: Alfredo González

11 años más tarde, el Mercat de Sant Quadrat volvía a la Plaça Corsini. Los anticuarios regresaban junto al edificio modernista en medio de la «desgana» por tener que abandonar la Rambla Nova y las quejas por la revisión al alza de los precios que ha hecho la Empresa de Serveis i Promocions d’Iniciatives Municipals SA (Espimsa) aprovechando el cambio.

«Yo me doy un mes de margen, pero aquí a finales de noviembre no va a quedar nadie», decía una paradista que pedía mantenerse en el anonimato. Es la propietaria de dos paradas de unos cuatro metros, lo que le supone unos gastos de 35 euros a la semana. «En Reus pagamos 55 euros al mes y se vende el doble. Allí hay días en los que aún no he montado y ya he hecho el dinero, porque me hacen encargos. En cambio, en Tarragona el poder adquisitivo es más bajo», explica esta paradista.

Predominan los libros y la porcelana, aunque en el Mercat de Sant Quadrat puede encontrarse absolutamente de todo. Monedas, billetes, carteles, discos y una larga lista de objetos que lo que requieren es poder pasear con tiempo para ir descubriendo algunas auténticas piezas de coleccionista.

«Yo vengo todos los viernes, ya es como una tradición, y a mí la verdad es que me da igual que estén en Corsini o en la Rambla, pero sí que es verdad que por allí pasa más gente y siempre se acaba comprando alguna cosa», aseguraba Alejandro Gonzalo.

Una de las situaciones que está generando más malestar entre los paradistas es que en la Rambla, al ser una ubicación provisional, pagaban la misma cuota desde hacía muchos años.

Además, reconocen que se hacía la vista gorda con el espacio y había quien se aprovechaba. Esto se acabó ayer. A las ocho de la mañana, en la Plaça Corsini les esperaban los técnicos de la empresa municipal de mercados y, regla en mano, les indicaban la nueva ubicación.

Otro de los aspectos que ha cambiado es que ahora los anticuarios pagaban la tarifa por ocupación semanalmente. Así, si un día hacía mal tiempo y no paraban no les suponía ningún coste. Ahora no; estos pagan una cuota mensual independientemente de si hay mercado o no. 

Pedro Cabrera hace más de 25 años que se dedica a la compraventa de antigüedades. Ya había montado en Corsini en la etapa previa a la reforma del edificio modernista y cuando el mercado aún se celebraba tan solo una vez al mes. «Es el primer día, aún es temprano para hacer valoraciones. Voy a dar un mes de margen y a partir de ahí tomaremos una decisión, porque acabas teniendo menos metros y estamos pagando lo que no se paga en ningún otro mercado», argumentaba este profesional.

Aunque no todo era pesimismo entre los vendedores. Carles Meyà aseguraba que «en cuanto a ventas ha ido muy bien, pero no es nada cómodo». Es en el primer día cuando uno se instala en una nueva casa cuando van apareciendo los problemas. Para Meyà uno de los principales inconvenientes es que tienen que abandonar el espacio como muy tarde a las tres, por lo que «tengo que empezar a desmontar a la mejor hora, que es entre la una y las dos». 

Meyà también forma parte de los paradistas clásicos de este sector en Tarragona, a pesar de que vive en Barcelona. «El mejor es el de los domingos junto a la Catedral», describe. En su caso, tiene una parada de seis metros que le supondrá 160 euros al mes, más otros 20 de párking. «Al final hemos conseguido que nos rebajen un poco para dejar el coche, porque me parecen unas tarifas carísimas», afirma. 

El cambio de ubicación evidenciaba otro problema. Los vendedores sin documentación que ayer se encontraban que debían presentarla para ocupar el nuevo emplazamiento. «Aquí lo que puede pasar es que entre una cosa y la otra vaya disminuyendo el número de paradas y acabe desapareciendo, como pasó en Lleida», argumentaba Meyà.

El Mercat d’Antiquaris tiene 28 paradistas. Uno de los requisitos del Ayuntamiento es que, tras el traslado, los negocios adopten una estética homogénea en sus paradas. Ayer la concejal de Comerç, Elvira Ferrando, destacaba que «iniciamos una nueva etapa en la que todo vuelve a su sitio».

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