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El dilema de las altas capacidades

Los retos. Atender las necesidades de estos menores pasa por aunar esfuerzos entre familias, escuela y administración

Gloria Aznar

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Mònica Casellas, Maria Neus Casagran, Jordi Sintes y Laura González. FOTO: Alba Mariné

Mònica Casellas, Maria Neus Casagran, Jordi Sintes y Laura González. FOTO: Alba Mariné

«Es un mito, un tópico y un error pensar que un niño con altas capacidades es un diez en todas las materias. Es algo que se debe desmitificar porque ha perjudicado tanto a las familias como a los propios niños» señala Mònica Casellas, pedagoga, logopeda y presidenta de la Associació per les Altes Capacitats de Tarragona i Terres de l’Ebre (Athena)

«Los niños con altas capacidades son, por encima de todo, niños», manifiesta, por su parte, Jordi Sintes,  miembro de Athena.

Sin embargo, las familias sí coinciden en señalar unos rasgos característicos en estos menores. A saber, «emocionalmente son muy intensos, tienen un gran sentido de la justicia y son muy maduros, hecho que les lleva a interesarse por cuestiones que no son propias de su edad. A la vez, se muestran exigentes, con una memoria extraordinaria, muy sensibles, hiperactivos a nivel mental y, en general, son autodidactas»

Rasgos, algunos de ellos, que los profesionales pueden llegar a confundir con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o incluso con el Trastorno del espectro autista (TEA) y que pueden llevar a un diagnóstico erróneo. Esto a nivel médico.

La otra gran batalla de los padres y madres se desarrolla, en ocasiones, en los centros escolares entre el profesorado y los equipos de asesoramiento psicopedagógico (EAP). No obstante, aunque cada familia vive su propio proceso, en general están de acuerdo en manifestar que es en el hogar donde se detecta en primer lugar. 

En este sentido, Laura González y Jordi Sintes explican cómo «empezaron a hacer servir el lenguaje de los signos con su hijo de tan solo unos meses», lo que les hizo sospechar.

En el caso de Maria Neus Casagran, «fue un poco más difícil porque al tener una hermana mayor me parecía que la imitaba. Entre otras cosas, leía con gran facilidad».

Carlos Claramunt y Eva Chenovart destacan el «rápido desarrollo motriz y un progreso diferente al de sus compañeros desde la guardería». Mientras, Mariola Torralbo señala que fue en la escuela donde «tuvieron las primeras sospechas».

Eva Chenovart, Carlos Claramunt y Mariola Torralbo. Foto: Joan Revillas

Los intereses personales de estos menores y su crecimiento mental diferente al de los compañeros de curso no es cosa baladí ya que les puede llevar a un difícil encaje en clase, tanto a nivel social como académico.

«Hay niños con altas capacidades que destacan por todo lo que saben, pero hay otros que lo hacen por el mal comportamiento porque están aburridos. Lo que ocurre es que tienen una desincronía entre la edad mental y la edad emocional. Y esta es una lucha continua de los padres», revela Maria Neus Casagran. 

De aquí deriva precisamente una de las peticiones de estos padres. Y es que en los centros escolares se puedan atender de acuerdo a sus necesidades. Porque mientras ya se contempla el repaso para los más rezagados, ¿qué ocurre con los más adelantados?

El hecho destacable es que si se aburren «pueden llegar a ser un fracaso escolar si no disponen de toda la atención que necesitan», puntualiza Maria Neus, al mismo tiempo que agradece la atención recibida en el colegio.  

Complicidad de los docentes
A pesar de que no siempre se llega a un consenso con la escuela, no es el caso de algunos de los padres de Athena. Así, Carlos Claramunt y Eva Chenovart comentan que siempre han tenido una respuesta positiva y abierta del centro. «En muchas escuelas, incluida la nuestra, están introduciendo nuevos cambios metodológicos que favorecen mucho la inclusión del alumnado de diferentes niveles. Trabajar por proyectos, talleres y ambientes permite que cada uno lo haga a su ritmo». 

Mientras se contempla el repaso para los más rezagados, ¿qué ocurre con los adelantados?

También Mariola Torralbo resalta en su caso la «buena voluntad del profesorado. Si ellos lo ven y están concienciados, los niños y niñas están felices». 

Justamente buscando esta complicidad con los docentes, la asociación Athena ha firmado durante este 2019 un convenio con la Universitat Rovira i Virgili (URV), en el ámbito de la educación y la psicología con el propósito de que los ahora estudiantes universitarios se conciencien de qué quiere decir tener alumnos con altas capacidades en clase, para poder actuar en consecuencia.

De igual manera, se ha firmado otro con el Col·legi de Pedagogs de Catalunya, «porque muchos de los profesionales de los grupos de asesoramiento psicológico (EAP), con los que cada día tenemos que luchar son psicopedagogos y esta es una acción que podemos llevar a cabo como asociación», subraya Mònica Casellas. 

Algunas de las medidas que se toman en la actualidad es pasar al alumno de forma parcial o total de curso (aceleración), siempre teniendo en cuenta el factor emocional del menor porque, como indica Laura González «no saben gestionar sus emociones, que siempre están a flor de piel».

En esta línea, Mariola Torralbo considera que «se deben hacer más aceleraciones bien hechas» aunque insiste, sobre todo, en la formación de los docentes, los actuales y los futuros «para atender a estos niños y niñas».

Sobre todo, niños
Son muy maduros, tienen una memoria extraordinaria y un gran sentido de la justicia, son exigentes y, en general,  autodidactas.

La mayoría de progenitores han llegado a la asociación tras un camino de desamparo y desasosiego y han encontrado en Athena un nuevo aire que respirar.

«En algunos momentos sufren soledad, incomprensión, impotencia y desesperación. Lo importante no es la asociación, sino encontrar a alguien que te entienda y compartir vivencias», apunta Mònica. Afirmación que corrobora Laura González al afirmar que «no es tan importante el diagnóstico porque al final es secundario, sino que alguien te ayude para que, al mismo tiempo, podamos ayudar a nuestro hijo». 

Por su parte, Carlos Claramunt y Eva Chenovart destacan el hecho de poder compartir con otras familias «nuestra experiencia y poder obtener respuestas a dudas que nos puedan surgir». Y Mariola pone de manifiesto los encuentros que se llevan a cabo. «Es como una terapia de grupo donde se conocen todos los niños y niñas que son iguales. Nos retroalimentamos».

Athena aporta acompañamiento, asesoramiento y visibilidad. Según la Associació per les Altes Capacitats de Tarragona i Terres de l’Ebre (Athena), en Catalunya hay identificados entre un 14 y un 17 por ciento de menores.

Los 130 puntos
Qué dice la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que una persona tiene altas capacidades cuando su coeficiente Intelectual es igual o superior a 130. Sin embargo, los test de inteligencia no son exactos y no todas las personas son iguales. A pesar de todo, solo si se llega a los 130 puntos de coeficiente intelectual se pueden pedir ayudas becadas en Catalunya.

En el caso contrario, si la cifra se queda por debajo, no se otorgan. «Es una lucha que he tenido como padre y como profesor», comenta Jordi Sintes. Entonces, «¿qué ocurre si los padres no tienen medios para pagarse un psicólogo, por ejemplo? ¿Y si no te lo puedes permitir», se pregunta.

«Si esto ocurre en una familia que no tiene medios económicos, lo hace todo muy difícil», añade Maria Neus Casagran. 

«No puede ser que estos niños sean un número», concluye Jordi.

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