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El lujo de comprar a pie en Tarragona

Este sábado es el último día del Zara del centro. Más de un cliente siente que un nuevo modelo comercial les empuja a comprar al extrarradio

Norián Muñoz

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El escaparate del Zara es todo un mensaje de que cierra su tienda de la calle Colón.  FOTO: Lluís Milián

El escaparate del Zara es todo un mensaje de que cierra su tienda de la calle Colón. FOTO: Lluís Milián

En el Zara de la calle Colón no es raro ver a clientes con carrito de la compra aquí y allá. Hoy sábado, último día en que el establecimiento abría al público, no es la excepción. Es lo que tiene estar cerca del Mercat Central, en pleno centro y a un paso de todo.

Una de las que hoy empujaba el carrito en una mañana concurrida (estamos en rebajas) aunque sin aglomeraciones, ha sido Cristina Guasp. El cierre de la tienda le parece una mala noticia «los impuestos y los alquileres altos están acabando con el comercio del centro» se lamenta.

Clientes aprovechando el último día del Zara de la calle Colón. FOTO: Lluís Milián

«Me da mucha pena, a mí me gusta moverme y hacer las compras a pie por la ciudad, entrar aquí y allá y siento que nos están empujando a coger el autobús, el coche, para irnos a Les Gavarres o a los centros comerciales y ese es otro modelo que no me gusta... La calle es parte de nuestra cultura mediterránea», apunta.

Casi todas las clientas consultadas opinan en el mismo sentido. Eloísa Tavío explica que venía con frecuencia porque está cerca del Mercat Central y porque le pilla de paso cuando va a ser compras y otros trámites. También coincide en que «es un engorro tener que ir a las afueras».

Algunas esperan que lo del cierre, al final, fuera una mentira, como Felisa Cortés, quien cuenta que a muchas personas mayores que viven en el centro y que van en silla de ruedas, les resulta más fácil y más accesible venir aquí que irse a Parc Central. Ella reconoce que, además de comprar con frecuencia, le servía para darse una escapada y venir a mirar tendencias.

En resumen, ha reinado la sensación de que se acorta ese circuito urbano, que en un mismo radio de acción te permite en un rato ir a comprar el pescado, pasarte por la mercería, ir a encargar unos arreglos y acabar mirando qué hay de rebajas sin tener que coger el coche y con la posibilidad de encontrarte, cara a cara, con alguien conocido.

Trabajadoras reubicadas
Por supuesto había clientes, como una joven que salía apresuradamente, a quienes daba igual una tienda que otra y su ubicación «al final son franquicias», resume.

Y a quien le pilla la notica del cierre por sorpresa, como Judith Pérez, que reconoce que «lo echaremos de menos». Y a Svitlana Myakotina, ucraniana, quien llevaba un buen número de prendas en brazos «vengo mucho, tienen una muy buena relación calidad precio y está muy bien situado. Es una lástima».

 Tampoco hoy es un día agradable, claro está, para las trabajadoras. La empresa les ofrece a todas reubicarlas en otras tiendas, aunque algunas prefieren irse, acogiéndose a un despido por cierre de establecimiento, porque las condiciones laborales y económicas en los nuevos puestos no les convienen.

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