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El turismo inunda la Part Alta los domingos de crucero

El Carrer Major y la Catedral se convierten en algunas de las zonas más concurridas en un momento en el que empieza a hablarse de la necesidad de abrir el debate de la masificación

Núria Riu

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El Carrer Major registró una gran afluencia de gente toda la mañana. FOTO: Pere Ferré

El Carrer Major registró una gran afluencia de gente toda la mañana. FOTO: Pere Ferré

Doce del mediodía. Un grupo de unas quince personas atiende con atención las explicaciones del guía en inglés en la calle Merceria. Están delante de una de las piedras milenarias con inscripciones que han quedado incrustadas en la fachada de Casa Corderet. El guía lleva un rótulo de Costa Cruceros con el número 49. Unos metros más allá, en la calle de les Coques, se repite la misma imagen. En este caso, el número es el 48 y la visita es en francés.

Es la estampa de todos los domingos desde que el pasado 26 de mayo el Costa Fortuna empezó su servicio regular. Con capacidad para 3.470 personas, el buque hace escala en el Port de Tarragona desde las 8 de la mañana a 8 de la noche. Esta temporada llegarán 27 cruceros en festivo, lo que representa entre 80.000 y 100.000 personas. El fenómeno inunda las calles más céntricas de la ciudad de visitantes. Y la Part Alta concentra la parte más importante de las personas que deciden conocer Tarragona. 

El Carrer Major y la Catedral dan la sensación de enjambre. Jordi Olivar observa desde una ubicación privilegiada este movimiento. Es el responsable de la tienda Souvenirs Cal Jordi, en el Pla de la Seu. «Claro que se nota cuando hay crucero. El impacto es significativo», asegura. 

Las llegadas en festivo benefician a los comercios de la Part Alta. Olivar, no obstante, defiende que es partidario de que los cruceros hagan escala en día laborable. «A mi me va bien, porque estoy en un sitio bueno, al lado de la Catedral, y esto siempre te garantiza unas ventas, pero el impacto para la ciudad estaría más repartido», explica. Lo afirma desde su propia experiencia. Asegura que en más de una ocasión ha ido de crucero y la imagen que uno se lleva siempre es más positiva cuando todos los comercios están abiertos. «Si tuvieran la oportunidad de ir al Mercat, siempre acabas comprando y lo que te llevas como turista es más amplio», dice.

Hacer cola para sacarse una foto

Algunos de los visitantes curiosean en las paradas del mercadillo de antigüedades. Otros se dirigen directamente a la Catedral y este fin de semana aprovechan para ver el Ou com balla. Allí, los turistas se mezclan con los lugareños que no fallan a la cita. Con todo, en algunos momentos prácticamente hay que hacer cola para sacarse una foto.

Entre los que se dirigen al Claustre está Paco Tovar, de Argos Serveis Culturals y uno de los guías que conoce más bien el conjunto monumental de Tarraco. Hoy no va con ningún grupo. Su empresa no trabaja de forma directa con los cruceristas, aunque de forma indirecta capta a algunas de las personas que mueve esta actividad.

Uno de los espacios más visitados es la Catedral. FOTO: Pere Ferré

Tovar se mira con prudencia el auge de los cruceros en Tarragona. «Ya está bien que vengan, pero corremos el riesgo de convertirnos en una nueva Barcelona», afirma. El impacto que puede generar la llegada de las grandes naves que se mueven ahora por el Mediterráneo genera un debate que en muchas ciudades ya se está abordando. «Hay que ir con mucho cuidado porque está claro que genera un beneficio, pero si una ciudad se satura y llegan cientos de personas en un mismo sitio, en un tiempo reducido, a lo mejor esto te acaba perjudicando», añade.

Las tiendas del Carrer Major hacen su agosto. Cada vez más se busca el recuerdo con el nombre de la ciudad que se ha visitado. Pese a ello, en esto aún hay una confusión. Las sandalias menorquinas con el nombre de Tarragona comparten escaparate con los imanes de Barcelona y las postales de La Boqueria y de La Pedrera. Uno no acaba de tener muy claro el sitio en el que se encuentra.

Xavier Pagès regenta Casa Corderet, la tienda más antigua de Catalunya. En las puertas de este establecimiento se detienen muchos de los grupos que visitan Tarragona. «No sé hasta qué punto sacamos tanto beneficio como se piensa la gente. Sí, seguramente trabajas un poco más que en un día normal, pero tampoco es para tanto», afirma. Pese a ello, considera que los cruceros ayudan a dinamizar la ciudad. «Cualquier cosa que nos sitúe en el mapa es buena», afirma este comerciante. 

Evitar una ciudad clonada

Pagès defiende que a la Part Alta le faltan «mimos». «El comercio necesita que se le preste atención y una protección para que no se llene de franquicias y estemos clonando lo que hay en otras ciudades», añade. Algunas voces entre el vecindario alertan de que el barrio se convierta en un parque temático, con la proliferación de la actividad turística. Empiezan a apreciarse algunos indicios.

Mientras tanto, los bares están encantados. «Super bien. Los fines de semana en general están siendo muy positivos y este año entre cruceristas y visitantes se nota muchísimo», dice Francesca que, junto a su marido Simeone, regenta el Color Café, en el Carrer Major. Los negocios aseguran que esta temporada está siendo mucho mejor que 2018. El balance final de temporada deberá confirmar lo que de momento son sensaciones. 

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