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El urbanismo medieval de TGN sería único en Europa

Una investigación reciente apunta que la Tarragona del siglo XII se proyectó pensando en un plano ortogonal dentro de la existente muralla romana, un hecho visible en la actualidad

Eloi Tost

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Gerardo Boto, de pie y con la cana en su mano izquierda, este domingo en la Plaça de les Cols. FOTO: A. González

Gerardo Boto, de pie y con la cana en su mano izquierda, este domingo en la Plaça de les Cols. FOTO: A. González

Tarragona está cerca de poder añadir otro aspecto patrimonial importante a su colección. Un descubrimiento que la convertiría en única en toda Europa. En este caso su origen no es romano, sino medieval.

Según investigaciones realizadas por el doctor en Historia del Arte Gerardo Boto, la ciudad medieval de Tarragona –que se desarrolló en lo que hoy conocemos como la Part Alta a partir del siglo XII– se planificó al detalle mediante un plano ortogonal dentro de las murallas romanas ya existentes. Un hecho que contrasta con lo sucedido en el resto del continente, donde las ciudades se replantearon aprovechando las calles y las construcciones ya edificadas, ya fueran romanas, judías o musulmanas. Que Tarragona tiene este componente singular está demostrado. Lo que falta por aclarar es si hay alguna otra ciudad que también lo pueda tener. «Por ahora yo no conozco ninguna», reconoce Boto.

La investigación la ha liderado este profesor de Historia del Arte Medieval de la Universitat de Girona junto a Marta Serrano, profesora de Historia del Arte en la URV, en el marco del proyecto Paisatge i patrimoni identitari d’Europa: ciutats catedralícies com a records vius del programa RecerCaixa. Han sido tres años de estudios que se presentaron hace pocos meses en un congreso de Arte Medieval. Está previsto que para finales de este año o inicios de 2020 editen un libro para dar a conocer todos los detalles.

Sin embargo ayer Boto explicó el hallazgo en «pequeño comité», a unas 30 personas que participaron en una nueva edición del ciclo Històries Amagades, que impulsa el Museu d’Història de Tarragona y que llevaba por título Part Alta, urbanisme medieval. 

La cana (1,55m) fue la unidad de medida que sirvió como referencia para organizar la ciudad

Para comprender porqué Tarragona tiene este metodo urbanístico, Boto miró hacia atrás. Primero puso de relieve una evidencia, que no deja de tener un punto de chocante, como es el hecho que hoy en día en Tarragona tan solo se conserva una calle romana: la Rambla Vella, antigua Via Augusta. El resto de calles son posteriores, ya sean medievales, modernas o contemporáneas. 

A continuación expuso que una vez la ciudad dejó de tener influencia romana entró en decadencia y sin nadie que la poseyera durante un largo periodo. De hecho, aseguró que «entre el siglo VIII y el XII no hay restos de vida social continuada en la ciudad», por lo que, según contó el historiador, «Tarragona es el único caso que conozco de que una ciudad queda vacía durante 400 años». Según su hipótesis es porque quedó «en tierra de nadie, ya que los cristianos llegaron hasta el Gaià, los musulmanes hasta Siurana y Tortosa, y esta tierra quedó entre medio», y sin nadie que tomara un control firme.

La cana de Tarragona
Una vez el poder eclesiástico se confirmó en el siglo XII, hay una «refundación, especialmente a nivel urbanístico». Se decide ocupar la zona que hay dentro de la muralla romana porque resulta más fácil de proteger y no así la zona en la que vivían los romanos, en el actual Eixample. Este cambio de usos del terreno permitió estructurarlo de una forma mucho más organizada de lo que parece. «El urbanismo medieval tiene fama de ser torcido y desordenado, pero en realidad construían a partir de una zona previamente ocupada, por lo que era complicado organizarlo. Pero aún así, en Tarragona se hace un plano ortogonal, algo que es excepcional», apuntó el investigador.

Boto mostró a los asistentes unos planos de elaboración propia hechos a partir del mapa de las calles de la Part Alta en la que se reflejaba la cuadrícula utilizada en la Edad Media. El historiador descubrió que todo estaba pensado a partir de una unidad de medida: la cana, equivalente a 1,55 metros. Las galerías del claustro de la Catedral, la antigua Casa del Consell o el primer Hospital de Santa Tecla –actual Consell Comarcal–, medían exactamente un determinado número de canas. También algunas calles, en su anchura y longitud. 

El plano ortogonal se respetaba tanto en edificios representacionales como residenciales. Pero con el paso de los siglos las normas se fueron rompiendo y las necesidades, adaptando, hasta llegar al casco antiguo actual, pero que aún conserva muchas evidencias de aquella planificación.

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