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Jóvenes pandilleros amenazan a los vecinos de la Part Baixa

Actualmente, las bandas latinoamericanas están desorganizadas por falta de líderes, pero algunos de sus componentes siguen afincados en la Part Baixa de la ciudad

Carla Pomerol

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Las escaleras del Vapor, paralelas a las mecánicas, están situadas en un lugar estratégico para no ser vistos. Allí consumen marihuana y beben alcohol. Foto: Pere

Las escaleras del Vapor, paralelas a las mecánicas, están situadas en un lugar estratégico para no ser vistos. Allí consumen marihuana y beben alcohol. Foto: Pere

Las escaleras del Vapor se han convertido en el punto de encuentro de componentes de bandas latinoamericanas que se hallan aletargadas por no tener líderes. Así lo aseguró hace unos meses el alcalde y así lo corroboran actualmente fuentes policiales consultadas por el Diari. Pero quienes realmente sufren las consecuencias de estos encuentros son los vecinos, que viven aterrorizados por estos grupos de jóvenes. Todo empezó hace dos años, cuando en las escaleras no mecánicas, que separan la calle Zamenhof de la calle Vapor, se afincaron unas pandillas de jóvenes, de entre 16 y 18 años –la gran mayoría de origen latinoamericano, aunque también hay magrebíes y españoles–, que en un pasado formaban parte de las bandas latinoamericanas afincadas en Tarragona. Actualmente, estos jóvenes quedan para fumar marihuana, beber alcohol, realizar pequeños hurtos y, en ocasiones, protagonizar alguna pelea. Los vecinos de la zona están ya cansados de llamar a la Guàrdia Urbana.

Según fuentes policiales consultadas por el Diari, estos jóvenes eran miembros de las dos principales bandas latinoamericanas afincadas en Tarragona hasta hace unos ocho meses. La policía llevó a cabo una serie de actuaciones que consiguieron erradicar estas conflictivas pandillas. Pero algunos miembros –jóvenes, de entre 16 y 18 años– aún continúan haciendo de las suyas por las calles de la Part Baixa. Según explica la Associació de Veïns del Barri del Port, en un principio estas bandas se concentraban en la Plaça dels Infants, pero cuando empezaron las obras de la plaza, los jóvenes conflictivos se desplazaron a las escaleras del Vapor.

«Nadie se atreve a bajar las escaleras andando. Si las mecánicas –situadas al lado– no funcionan, damos la vuelta para evitar pasar por allí», comenta la presidenta de la Associació de Veïns del Barri del Port, Rosa Puig. Los vecinos aseguran que, día sí y día también, llaman a la Guàrdia Urbana para denunciar la situación. «Por la noche no se puede dormir. Hacen mucho ruido y se pelean entre ellos», explica Vicens Cañón, vecino de la calle Ibiza, también afectado. Cañón asegura que «en alguna ocasión me he dirigido a estos jóvenes para pedirles que bajaran el volumen y me han contestado muy mal e incluso me han amenazado». Estos grupos no sólo molestan, también atemorizan los vecinos, que evitan pasar por allí.

Estos grupos llegan a las escaleras no mecánicas del Vapor a partir de las cinco de la tarde y campan por allí hasta altas horas de la madrugada. «A mí no me importa que fumen y que beban, lo que me preocupa es que asusten a las personas mayores y que haya tanta inseguridad en la zona», asegura Vicens Cañón, quien añade que «la policía debería actuar y escarmentarlos».

Uno de los episodios más destacados tuvo lugar el pasado mes de diciembre, cuando la Guàrdia Urbana detuvo a cinco jóvenes armados de origen magrebí que estaban causando disturbios por las calles de la Part Baixa de la ciudad. La detención fue posible gracias a la colaboración de los vecinos, que llamaron a la policía y facilitaron su descripción. Los individuos iban armados con palos, armas blancas y un arma simulada de fogueo. El alcalde explicó que se trataba de peleas entre bandas que ya estaban controladas por la policía.

Algunos de los lugares donde se puede ver a estos jóvenes son, aparte de las escaleras del Vapor, en las escaleras del Palau de Congressos –cerca de la calle Pau del Protectorat– y en el tejado del mismo Palau. Según la policía, antes estos jóvenes robaban y llevaban a cabo otras acciones delictivas para ingresar en las bandas. Ahora la cosa es distinta. Llevan a cabo pequeños hurtos para subsistir. Fuentes policiales aseguran que, de momento, estos pandilleros no encuentran un líder para volver a formar las bandas.

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