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La alcaldía en Vilaplana pasa del padre al hijo

Tomàs Bigorra deja el cargo en este municipio del Baix Camp después de 16 años. Josep (27), que es actualmente concejal, le relevará

Raúl Cosano

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Josep Bigorra (izquierda) junto a su padre Tomàs, que le da la vara que supone el relevo.  Foto: Alba Mariné

Josep Bigorra (izquierda) junto a su padre Tomàs, que le da la vara que supone el relevo. Foto: Alba Mariné

Josep Bigorra (27 años) asume feliz un destino inevitable, casi marcado desde pequeño. De tal palo, tal astilla. Él nació en 1992 y solo tres años después, en 1995, su padre, Tomàs, inició una carrera política larguísima, que ha durado hasta ahora: 24 años en el ayuntamiento de Vilaplana, los últimos 16 como alcalde. «Ya tenía claro que este iba a ser el último mandato. Me toca irme. Lo tenía decidido, aunque a veces cuesta encontrar el momento. El balance ha sido muy positivo pero creo en la regeneración y en que entre gente nueva», dice Tomàs. 

Su relevo está bien cercano porque, de alguna manera, todo queda en casa. El joven Josep, que se empapó de la res publica desde bien pequeño por ver el oficio en casa, ha sido concejal en el último mandato y ahora lidera la única lista que se presenta por el pueblo, la de Units per Vilaplana-ERC. Por lo tanto, el 26-M será, a nivel de resultado electoral, un mero trámite con escasa emoción y con un desenlace ya claro: Tomàs le dará la vara de alcaldía de padre a hijo a Josep, casi a modo de herencia, en este pequeño municipio del Baix Camp de poco más de 550 habitantes, en un emplazamiento idílico a los pies de La Mussara. «Siempre me ha gustado la política. Me he implicado socialmente en diferentes iniciativas. Ayudé a refundar el grupo de jóvenes, he estado en entidades… Hace cuatro años decidí ir en la lista y salí como concejal. Pero en cuatro años se quedan muchas cosas a medias y tenemos que acabarlas», dice Josep. 

El valor de la gestión pública
Siempre inquieto y enamorado casi vocacionalmente de la política de proximidad, el cabeza de lista de Vilaplana aborda con ambición esta nueva labor aunque no prevea tener una carrera larga en el mundo de la administración: «Calculo que estaré entre ocho y 12 años.  La renovación es buena pero siempre digo lo mismo. Creo que por los ayuntamientos deberían pasar todos los vecinos, sobre todo en los pequeños, para saber lo que se hace, el trabajo que se lleva a cabo. Como concejal acabas haciendo política pero también otras muchas cosas. Es bueno conocer cómo funcionan las instituciones por dentro». 

Josep incluso ha encarrilado su formación hacia estos ámbitos destinados al gobierno en común. Estudió Ciencias Políticas y Gestión Pública en la UAB, además de Comunicación. Josep, que trabaja en una agencia de comunicación, asumirá las riendas del consistorio con varios proyectos en mente. «Tenemos el reto de acabar el Carrer Major, que está a medias y queda otra fase de unas obras muy necesitadas y demandadas por los vecinos. Queremos continuar con el apoyo al colegio y con el servicio a la gente mayor. Apostamos por un crecimiento sostenible del pueblo. No somos de hacer grandes obras. También buscaremos abrir nuevas vías de financiación económica municipal, que son limitadas», dice Josep. 

Tomàs apura sus últimos días en el cargo después de cuatro mandatos consecutivos. «Hemos hecho mucho por el pueblo, se han solucionado problemas. Llegamos con el colegio cerrado, con dificultades en el servicio de agua, con un consultorio anticuado. Hemos solucionado todo eso».

El edil, que tiene 60 años, bajará el telón de su etapa pública –también fue diputado provincial– y comenzará ahora una nueva andadura: «Me quedaré como ciudadano, y dedicaré mucho más tiempo a la familia y a mi vida profesional, algo que no he podido hacer en los últimos años».

Tomàs, ingeniero técnico industrial –con un perfil enfocado sobre todo en el ejercicio de la inspección en fábricas–, acepta con agrado que su hijo coja el testigo. ¿Qué consejos le daría, a modo de legado, alguien con tanta experiencia como él? «Le diría sobre todo que estuviera al servicio de los ciudadanos, que trabaje con transparencia y que sea lo más eficiente posible», concluye. 

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