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La escuela que soñó ser insti... y lo consiguió

El Mediterrani de Campclar se convirtió este año en el primer Institut Escola de la ciudad. 

Norián Muñoz

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Uno de cada curso, alumnos de P3 a 1º de ESO: Carmela, Antonio, Nayeli, Ayoub, África, Enrique, Juan, Malena, Aitana y Mohamed. FOTO: Lluís Milián

Uno de cada curso, alumnos de P3 a 1º de ESO: Carmela, Antonio, Nayeli, Ayoub, África, Enrique, Juan, Malena, Aitana y Mohamed. FOTO: Lluís Milián

Habiba Ghadari es madre de Mohamed, uno de los 10 alumnos que este año estrena la clase de primero de ESO del Institut Escola Mediterrani. «Cuando supimos que podrían hacer la ESO aquí, en la escuela donde vienen desde P3, nos pusimos muy contentos... Son pequeños; en el instituto es más fácil que se pierdan entre los grandes».

Y no sólo Habiba habla de ‘perderse’. La palabra también aparece en boca de los niños, de la directora... Se refieren a una realidad que han constatado durante años, la de niños del barrio que en la escuela tenían un buen rendimiento y luego, por un cúmulo de circunstancias, acababan abandonando los estudios.

El Institut Escola Mediterrani es el primero de Tarragona de estas características. Cristina Lara, la directora, cuenta que la idea surgió porque en la escuela trabajan como una «comunidad de aprendizaje».

Esto consiste, en resumen, en que alumnos, padres y docentes recogen las aspiraciones, los «sueños» de la escuela, y luego trabajan en comisiones mixtas donde hay representantes de los tres grupos... El sueño de ser instituto era de los que siempre aparecía en los deseos de unos y de otro y este curso el Departament d’Ensenyament finalmente lo ha tenido en cuenta.

Los niños ya no tienen que dejar el centro para estudiar primero de la ESO

Desde el punto de vista práctico hay muchas cosas que las familias agradecen, como por ejemplo que los chicos de la ESO tengan el mismo horario que en la escuela y no la jornada sólo de mañana que hacen en el instituto.

Así no sólo es más fácil compatibilizar horarios cuando tienen hermanos más pequeños, sino que pueden quedarse al comedor. Además se evita algo que sucede actualmente con el horario de los institutos, que deja lugar a largas tardes sin ninguna actividad.

Todo el mundo se conoce

Una de las ventajas para desarrollar el proyecto es que esta es una escuela pequeña, con una sola línea (tienen unos 120 alumnos desde P3 hasta 1º de la ESO), así que todo el mundo se conoce. Esto propicia que se pueda hacer un acompañamiento mucho más personalizado. Algo que cobra importancia especialmente durante el cambio de ciclo.

Los niños no podían estar más orgullosos. José Ramón dice que su clase de primero de la ESO «es muy lista y se porta muy bien... Las asignaturas son muy chulas». Carmen cuenta que «nos pusimos muy contentos al saber que seguiríamos en la misma clase, con los profes de toda la vida». Mientras, Mohamed habla de la alegría de poder seguir con los amigos de siempre.

Extraescolares y otros sueños

Pero el ser un instituto escuela no era su único sueño. Especialmente los padres soñaban con poder tener actividades extraescolares que, en la mayoría de los casos, no podrían pagar, como inglés, música o robótica.

Y este sueño también comienza a cumplirse. En el caso de las clases de inglés, que comenzaron este año, ha sido posible gracias a la aportación del Ayuntamiento de Tarragona, la Fundación ‘la Caixa’ y de las propias familias.

Las clases de ingeniería y robótica, a cargo de Petits Enginyers, también se comienzan a realizar este año, con una aportación del Ayuntamiento. Están contentos porque participarán por primera vez en la First Lego League.

Las clases de música, que todavía se están concretando, correrán a cargo de la Escola Municipal de Música de Tarragona.

No es un tema menor. Montse Fortuny, directora del Institut Municipal d’Educació, explica que han realizado un estudio con la Universitat Rovira i Virgili para ver el impacto de la realización de actividades extraescolares de diferente índole (culturales, deportivas, de idiomas... ) en el rendimiento de los alumnos.

Los resultados preliminares demuestran, por ejemplo, que los niños que realizan actividades extraescolares presentan una ventaja de dos años y medio a tres años frente a los que no las hacen en lo que se refiere a la adquisición de las competencias básicas.

Recuerda, además, que otros estudios recientes que se han hecho en la ciudad, como el Youth in Europe, con encuestas a alumnos de instituto, demuestran que hacer actividades extraescolares previene el consumo de drogas entre los adolescentes.

En esta escuela, además, tienen tres tardes a la semana un espacio de deberes en la biblioteca. En el caso de los de la ESO, aunque es una actividad voluntaria, se quedan todos «y tan contentos», cuenta la directora.

Francesc Roca, conseller d’Ensenyament de Tarragona y exdirector de instituto, reconoce que es pronto para saber si la idea del instituto escuela se repetirá en otros centros de la ciudad (ni siquiera ha acabado el primer trimestre) pero los resultados están siendo muy positivos y, además, el impacto que están teniendo las actividades extraescolares «ya vale la pena».

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