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La hostelería de Tarragona abre a medio gas: «Con el 30% de aforo no sale a cuenta»

Bares y restaurantes vuelven tras 38 días entre protestas y temor a más clausuras. Algunos establecimientos seguirán cerrados. El sector se ve aliviado en parte pero está ya exhausto

Raúl Cosano

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Carlos Badia, propietario de La Pepita, ultima la puesta a punto. FOTO: Pere Ferré

Carlos Badia, propietario de La Pepita, ultima la puesta a punto. FOTO: Pere Ferré

La actividad ayer domingo por la mañana era intensa en Casa Matías: toda la plantilla a destajo, a pesar de que no había clientes ni se podía consumir por el momento. Persianas levantadas, neveras en marcha, máquinas de ozono activadas, trasiego de sillas y mesas hacia la terraza y limpieza a fondo de todas las salas. Revisión de los alimentos y llamadas a los proveedores para que se active de nuevo la maquinaria.

La restauración de Tarragona ha ultimado su puesta de largo para abrir hoy, de 6 h. a 21.30 h., sus puertas al público tras 38 días. «Hemos tenido que limpiar a fondo y revisar todo, porque ha sido más de un mes cerrados, pasando la máquina de la limpieza, desinfectando. Van a venir ya los camiones para que nos sirvan el pescado, la carne, los huevos… todo», cuenta Matías Salas desde Casa Matías.

David Solé, en la cocina del restaurante El Barquet, antes de abrir. FOTO: Pere Ferré

Pese a al esperado regreso, los ánimos no son ni mucho menos entusiastas en un sector maltratado por la crisis económica de la pandemia y sumido en protestas para reclamar más ayudas. Sigue mandando la incertidumbre y nada tiene que ver con la ilusión esperanzada que se desató en la reapertura de mayo, después del primer confinamiento. «Valoramos positivamente la medida porque vemos que hay alguien que ha entrado un poco en razón y parece que empiezan a escucharnos. Pero poco más. La situación es nefasta y no tiene nada que ver con el verano. Nadie va a hacer una cena de empresa, incluso con el 100% del aforo sería un desastre», indica Javier Escribano, presidente de la Associació d’Empresaris d’Hosteleria de Tarragona.

El gremio sostiene que un restaurante no es viable si no llena al menos un 70% de aforo

El regreso va a ser desigual y ni mucho menos generalizado. Con un 30% de aforo permitido en el interior, a algunos establecimientos no les salen las cuentas y optarán por permanecer cerrados. «Esto va a ser útil para una parte solo, para los negocios que sirven el desayuno por la mañana, la cerveza, el vermut, tomar algo, pero para el restaurante donde se come y se cena sirve mucho menos. La gran mayoría de locales no van a abrir», cuenta Escribano.

Limpieza a fondo de sillas y mesas en el restaurante Casa Matías. FOTO: Pere Ferré

El sector alude al cálculo que ha usado siempre durante este año de constantes cierres y progresivas reaperturas: «Un negocio de hostelería si no llega al 70% de aforo está perdiendo dinero. Esa es la cifra mágica porque no hay otra. Por lo tanto, muchos no van a abrir. Los números son los que son. Y ojo, no nos metemos más en el tema de aforo, somos comprensivos con la situación, pero pedimos que nos ayuden».

«Si morimos, morimos todos»

Asume el sector la enésima resurrección, aferrándose a un clavo ardiendo en estos tiempos llenos de incertidumbre. «Sacamos a toda la plantilla, aunque estamos en la UCI. Si morimos, morimos todos. Estamos esperanzados pro mucho más tocados. Es la segunda vez y no nos fiamos de que haya un tercer tierra. Hay ilusión pero estamos a la expectativa. La situación es distinta a la del verano. Ahora está el frío, no puedes estar tanto en las terrazas… Todo está en nuestra contra», cuenta Matías Salas.

Los restauradores celebran el regreso pero sin euforias. Confían poco en la Navidad

También en La Pepita, en la Plaça Verdaguer, se ha llevado a cabo una puesta a punto intensa. «Hemos pedido el producto que nos faltaba, limpiando, preparando toda la maquinaria para empezar de nuevo», explica Carlos Badia, el propietario. El envío a domicilio ha sido algo «testimonial», de ahí que Badia reconozca su satisfacción por poder abrir: «Estamos relativamente contentos. El primer cierre nos pilló peor, en una situación más mala, con menos ahorro, aunque no creo que nadie del sector pueda estar satisfecho».

«El 30% nos limita mucho»

Badia considera que la restricción del 30% limita mucho, «aunque tenemos un local muy grande donde pueden caber cinco o seis meses». Eso sí, entiende que haya negocios que apuesten por no abrir. «Hay establecimientos con locales pequeños a los que no les saldrá abrir sus puertas», cuenta Badia, que intenta ser optimista a pesar de las complicaciones. En este restaurante había seis personas antes de la pandemia. Ahora la vuelta a la actividad permite dar trabajo a una de ellas en media jornada y, en función de las necesidades, otros empleados irán saliendo del ERTE. No es el único cambio aplicado en este negocio. «Hemos tenido que adaptar la carta a otro tipo de comida, con raciones más económicas y más reducidas en cuanto a volumen, porque quizás la gente no viene tanto con la idea de comer o cenar», dice Badia.

Escribano es muy crítico con «la falta de empatía y sensibilidad» de la Generalitat, como autoridad responsable de las decisiones de cierre. «Ahora te obligan a abrir y no puedes seguir cobrando la ayuda, porque te dicen que si no abres es porque no quieres, cuando realmente no te sale a cuenta. Con el 30% de aforo no te sale ni para cubrir los gastos».

«Trabajar solo con un aforo del 30% es un hándicap y no sabemos si dará para sacar al ERTE a todos. Abrimos cojos, pero iremos viendo cómo nos va. El envío a domicilio ha funcionado bastante bien, sobre todo el fin de semana, pero es importante poder abrir de nuevo», explica David Solé, responsable del restaurante El Barquet, en la calle Gasòmetre de Tarragona, otro establecimiento que perfilaba los últimos detalles estos días para recibir comensales a partir de hoy.

La situación es más que precaria. Solo en los primeros 15 días de cierre, bares y restaurantes de Tarragona dejaron de ingresar 94,3 millones de euros, según los cálculos de Pimec. La medida afectó a 5.300 negocios que, en global, perdieron seis millones al día.

La Federación Catalana de asociaciones de actividades de restauración y musicales (Fecasarm) valora positivamente la flexibilización de las medidas pero considera que llegan tarde y que «el horario fijado sigue siendo insuficiente y arbitrario». La federación propone abrir inicialmente hasta las 23.00 horas –en lugar de las 21.30 h.– eliminar el cierre perimetral de fin de semana e ir ampliando el horario hasta la 1 de la madrugada. Para la federación, «hay que volver al horario de cerrar a la 1 de la madrugada, que es la franja que mantuvieron los bares y restaurantes entre el 17 de agosto y el mes de octubre, con un volumen de contagios y de brotes de solo un 3,5%», tal y como explica el secretario general de Fecasarm, Joaquim Boada.

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