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"Los vecinos de Llevant nos jugamos la vida al bajar del bus"

Los residentes afirman que hay tres puntos de la EMT más peligrosos que el que se quiere suprimir en Solimar

Octavi Saumell

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Ésta es la parada de Solimar que el Ayuntamiento quiere suprimir en breve. Foto: lluís milián

Ésta es la parada de Solimar que el Ayuntamiento quiere suprimir en breve. Foto: lluís milián

El reciente anuncio realizado por parte de la Empresa Municipal de Transports (EMT) de que podría suprimir la parada de bus de Solimar en dirección Barcelona ha puesto de relieve la peligrosidad que tienen varios puntos de bajada del servicio municipal de transporte en la zona de Llevant. El pasado viernes, el Diari realizó una ruta con varios representantes vecinales en la que estos expusieron que, en la zona más cercana a la playa, hay otras tres paradas que –como mínimo– tienen la misma peligrosidad que el polémico punto de Solimar.

«La solución para por la recepción municipal de la N-340, ya que ahora los vecinos de Llevant nos jugamos la vida al bajar del autobús para poder ir a casa», exponen varias de las asociaciones consultadas por este periódico, que lamentan –especialmente– las pésimas condiciones de seguridad y de iluminación que tienen estos puntos, así como las dificultades de acceso para las personas con movilidad reducida que hay en las paradas Cala Romana, Tennis y Mediterrani de las líneas 11, 12 y 13 de la EMT.

Según los residentes, cuando el Ayuntamiento pase a gestionar la N-340 «se podrán ensanchar aceras, adaptar un carril bici, poner semáforos y reducir la actual peligrosidad que hay en la vía», aseguran Gemma Fusté, Pau Brull y Elvira Vidal, representantes –respectivamente– de la Federació d’Associacions de Veïns de Llevant y de las asociaciones de residentes de Cala Romana y Solimar.


‘No tenemos alternativas’
Pese a ello, y a diferencia de la de Solimar, la EMT no ha actuado en estas paradas pese a anunciar que ha realizado un informe sobre el estado de estos puntos. Este periódico ha intentado hablar a lo largo de toda la pasada semana, sin suerte, con representantes de la compañía pública para analizar el documento en base al cual la EMT ha asegurado que «estudia alternativas» a la parada situada junto a la gasolinera Jaume I por su «peligrosidad».

A juicio de los residentes, la parada menos segura es la de Cala Romana en dirección Barcelona, que da acceso a esta urbanización. «Está junto a una curva. Es muy peligrosa porque te obligan a cruzar la carretera, ya que si quieres pasar por un puente debes andar más de 300 metros», explica Pau Brull, quien recuerda que «hace años, aquí ya murió atropellado un vecino de la zona». Brull critica que «de noche, prácticamente no hay iluminación», mientras que Carles Riba, de Solimar, indica que «no hay ni un paso de cebra para poder acceder a la marquesina en dirección Tarragona, por lo que debe cometerse una infracción para llegar a ella».

La siguiente parada es la del Club Tennis Tarragona, donde la única alternativa para superar la carretera es un puente. «Debe hacerse mucho recorrido y subir unas escaleras que no están adaptadas para la gente que va en silla de ruedas», indica Gemma Fusté. En este sentido, Brull expone que, cuando se llega a la urbanización, «debe bajarse por un pasaje que está abierto, pero que es privado» para poder llegar hasta el Tennis. Por ello, la usuaria de la EMT Cristina Carvajal opta por cruzar la carretera. «Si subes por las escaleras sales casi a la montaña, tardas demasiado. Es ridículo. El puente debería ser más asequible», afirma Carvajal, quien advierte de que «en horas punta es peligroso pasar la N-340». En este punto, en dirección Tarragona, el acceso de los buses a la marquesina obliga a los vehículos que circulan por la N-340 a reducir drásticamente su velocidad.


La salida de Brisamar
Especialmente crítica es también la situación de la siguiente parada en dirección Barcelona: Mediterrani. «Cuando bajas debes hacer mucho recorrido por un arcén que está en muy malas condiciones, por lo que casi todo el mundo traspasa la carretera», lamenta Brull. En este punto, además, se da la circunstancia de que los vehículos que salen de la urbanización Brisamar también suponen un peligro, ya que salen por un vial sin salida que les obliga a ir marcha atrás para poder incorporarse a la carretera. No pueden hacerlo de cara porque no tienen suficiente ángulo para poder incorporarse cómodamente a la N-340.

Finalmente, el cuarto punto es el polémico de Solimar. Como se puede apreciar en las imágenes, los usuarios que van con niños pequeños con cochecitos tienen graves problemas para poder bajar del vehículo, como es el caso de Paquita Calvillo. «La parada es un poco peligrosa. Cuando llego al puente debo plegar el cochecito», indica.

Según la presidenta de la Associació de Veïns de Solimar, Elvira Vidal, la solución sería «hacer una pequeña intervención en el puente soterrado para mejorar la accesibilidad. Sería una actuación de bajo coste que evitaría suprimir la parada». Actualmente, este vial se encuentra en un lamentable estado de conservación, sin asfalto y con una vieja barandilla que, para nada, afianza la seguridad de los peatones.

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