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Los vecinos del barri del Port de TGN se empoderan

Xarxa de la Marina se presenta como un colectivo que quiere transformar esta zona de la ciudad a partir del activismo. De momento, ya han solicitado un proyecto europeo

Núria Riu

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Acto de presentación de Xarxa de la Marina este jueves en el Espai Botet, en la calle Apodaca. FOTO: Pere Ferré

Acto de presentación de Xarxa de la Marina este jueves en el Espai Botet, en la calle Apodaca. FOTO: Pere Ferré

A lo largo de los últimos meses, los vecinos del Barri del Port han sido protagonistas por las acciones de protesta y reivindicación que han llevado a cabo. Pancartas en los balcones solicitando un barrio digno, manifestaciones en el salón de plenos y concentraciones en la calle han dado visibilidad a un malestar creciente. Todo este movimiento ciudadano ha sido el embrión del nuevo colectivo Xarxa de la Marina, que se daba a conocer ayer de cara al público.

El acto de presentación se hacía en el Espai Botet, en la calle Apodaca. La selección de la ubicación no fue al azar. Era un inmueble vacío y abandonado, que ahora que se ha rehabilitado es una especie de coworking, en el que tiene su despacho uno de los arquitectos impulsores de este colectivo. Y es que precisamente este espíritu de transformación representa una de las principales motivaciones que explica la esencia de este nuevo grupo vecinal. 

El colectivo ha recuperado el antiguo nombre del barrio. «Cuando esta zona era la Marina, esto era una parte de la ciudad esplendorosa y esto es precisamente lo que queremos poner en valor», afirmaba Marina Vives. Quieren cambiar la imagen del barrio desde el positivismo y el activismo. Para ello cuentan con un grupo de personas muy heterogéneo en el que se encuentran profesionales como abogados, arquitectos, politólogos y arqueólogos. «Nos une la visión de cambiar el barrio», añadía Vives. Para ello, cuentan con la complicidad tanto de la Associació de Veïns del Barri del Port como de los comerciantes.

Xarxa de la Marina nace con un manifiesto y la voluntad de convertirse en interlocutores con la administración local. En este sentido, ya avanzaron ayer que propondrán a los partidos políticos un compromiso de «acción urgente» para tirar adelante un plan integral. 

Uno de los campos de acción en el que se han fijado es el urbanismo. Solicitan un proyecto de catalogación y protección de los edificios de la época industrial. Es el caso del número 36 de la calle Protectorat, un inmueble en el que el Ayuntamiento de Tarragona e Incasòl tienen previsto la construcción de pisos de protección oficial. 

«En lugar de apostar por hacer nuevas edificaciones, deberíamos intentar recuperar el valor de aquellos inmuebles catalogables, que constituyen el patrimonio del barrio», apuntaba Ramon Corbella.

De momento, están en la fase de recopilación de la información para intentar preservar este bloque de la calle Protectorat, en el que hubo un colegio de niñas, vacío desde los años setenta y que está tapiado para evitar que entren ocupas. Este colectivo propone la posibilidad de habilitarlo para que pueda acoger un centro de autogestión social.

«Podría ser un atractivo de cara a la gente joven, para que vayan estableciéndose en el barrio y evitar que se vaya deshaciendo el entorno, manteniendo su esencia», afirmaba Corbella. Según el primer dibujo que ya han realizado, tan solo en la planta baja podrían adaptarse quince locales dirigidos a negocios incipientes.

Primer proyecto europeo

El colectivo empezó a reunirse a principios de año y, de momento, ya se han presentado a la convocatoria Designscapes, dentro del programa europeo Horitzó 2020. La convocatoria, que dispone de cuatro millones de euros de financiación, va dirigida a identificar soluciones singulares y  novedosas para resolver los retos urbanos.

En el proyecto que presentó la Xarxa de la Marina se apuesta por la instalación de censores digitales de bajo coste que permitan obtener datos referentes al ruido e iluminación, además de indicadores de la calidad del aire, como las partículas en suspensión. «Hemos decidido focalizarlo en la baja calidad de vida del entorno, básicamente por el ruido, y las consecuencias que puede tener sobre la salud», manifestaba Josep Seuba.

De las 263 propuestas que se presentaron a nivel europeo, la de este colectivo es una de las cincuenta seleccionadas en la primera criba. Esto les permitirá disponer de una ayuda inicial de 5.000 euros y seguir adelante con la siguiente fase. Para ello cuentan con el apoyo del Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya y el proyecto Ideas for Change.

El objetivo es que en una fase piloto, presupuestada en 25.000 euros, pueda instalarse un centenar de estos aparatos para obtener una información que «evidencie una serie de tesis». La convocatoria se resolverá antes de fin de año, cuando conocerán si finalmente podrá llevarse a cabo la iniciativa.

«Estamos posicionando el barrio en el mapa europeo de circuitos innovadoras a nivel tecnológico», apuntaba Seuba. Los vecinos afirman que van solos en esta iniciativa, ya que de momento el Ayuntamiento no ha estado informado.

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