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Lydia Gil: «Todavía quedan muchos techos por romper»

Lydia Gil. Esta divulgadora científica en clave femenina llegó a Tarragona como bailarina por un tiempo. Sin embargo, el destino quiso que cambiara de profesión y que se quedara a residir definitivamente

GLORIA AZNAR

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Lydia Gil: «Todavía quedan muchos techos por romper»

Lydia Gil: «Todavía quedan muchos techos por romper»

Lydia Gil es documentalista, bailarina, estudió negocios internacionales y divulga ciencia, especialmente en clave femenina. Gil ha sido la primera vicepresidenta de la Associació per a la Divulgació Científica del Camp de Tarragona (DivulgaTgn) y tiene el blog socialmediaeninvestigacion.com con el proyecto #MujeresDivulgadoras: ciencia con voz de mujer. Asimismo, comparte con Núria Ruiz y Maria Ferrer el programa de radio Ones de ciència, en Ràdio Cambrils. Orihunda de Guadalajara, México, llegó a Tarragona para trabajar como bailarina en PortAventura. Sin embargo, cuando se acabó su contrato y volvió a su país, se dio cuenta de que era aquí donde quería residir. Así que regresó, aunque sin la documentación necesaria. «Sin papeles», como apunta Lydia, hasta que pudo regularizar su situación y empezar a trabajar en el Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC).

¿Qué supone vivir sin documentación?

Fue una etapa muy dura. Pasé de vivir la gloria a sentirme muy mal. Bailábamos en PortAventura, hicimos una gira por Francia, donde todo eran fotos y glamour. Éramos lo máximo y de pronto, tuve un baño de realidad. Una de las reflexiones que hice era que yo no tenía la culpa de haber nacido donde nací. Era la misma persona que hacía unos días bailaba en los escenarios de Francia y que, de pronto, no tenía derechos. La verdad es que es un choque emocional muy fuerte y para mí, una de las cosas que más me han marcado en mi vida.

¿Cómo la acogió Tarragona?

Fui muy afortunada, ya que me encontré a mucha gente magnífica, que me ayudó por el camino. Es verdad que en aquella época era mucho más fácil arreglar los papeles y como me dedicaba a la danza, fue un poco más sencillo. Trabajé en restaurantes y hoteles hasta que, gracias a que conocí a una persona en el Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC), supe que necesitaban a alguien para la biblioteca. Dio la casualidad de que como el contrato estaba vinculado al sector cultural, me pudieron coger porque mi tipo de NIE solo servía para trabajar en ese ámbito.

¿Le interesa la arqueología?

Es una disciplina que he aprendido a querer. Cada vez que podía me iba a los escenarios, pero al mismo tiempo me sentía intrusa de la profesión, por lo que intenté formarme como documentalista para hacer mejor mi trabajo.

¿Qué le interesa más de su nueva profesión?

Me he ido diversificando. Y una cosa que me gusta mucho es todo el tema de cómo puedes aprovechar las redes sociales en el ámbito de la investigación. Hice un máster y el trabajo final consistía en crear un blog, que hice sobre redes sociales científicas. Cuando terminé el proyecto, tenía ganas de seguir trabajándolo. Me parece un mundo apasionante intentar analizar y convencer a la comunidad científica para que utilice estas plataformas. Es mi ocupación por las tardes y es una de las partes que más me gustan. Igual que el tema de la divulgación científica, que me interesa especialmente.

¿Le hacen caso los científicos?

Es curioso porque es un tema internacional. Se tiene la percepción de que estar en las redes es una pérdida de tiempo. Sin embargo, está demostrado que bien utilizadas también pueden servir como herramienta educativa o para hacer divulgación. Tienen mucho potencial.

¿Por qué cuesta tanto divulgar, hacerse entender?

Porque nadie les enseña. Ahora empieza a haber un cambio de mentalidad. Por una parte, porque viene obligado y por otra, porque la gente joven está sumándose de una forma más natural a este movimiento y entienden que para que la sociedad apoye la investigación tiene que ver la importancia de lo que se estudia. Siempre se pone el mismo ejemplo y es que la divulgación científica es una forma de devolver a la sociedad parte del dinero que se invierte en investigación y ciencia. Seguramente, tras la pandemia quedará claro que es necesario invertir. Es lo único que nos va a sacar de pobres.

Usted fue cofundadora de DivulgaTgn, ¿cómo surgió?

Nació en 2018 a raíz del Festival Pint of Science en Tarragona, ya que era mucho más fácil organizarlo a través de una asociación. También creíamos que hacía falta una entidad de estas características.

Cuando los bares se llenaban para escuchar ciencia.

Este festival es seguramente el más importante a nivel internacional sobre divulgación científica, que se realiza al mismo tiempo en ciudades de todo el mundo. Son charlas en los bares, mientras el público está relajado, tomándose algo y escuchando lo que se investiga en su zona. En Tarragona tenemos la ventaja de que además de toda la investigación que se hace en la Universidad, hay cuatro centros de investigación y muchas veces, desafortunadamente, todo este conocimiento que se está produciendo no llega a la gente.

Usted se preocupa especialmente de la ciencia en femenino...

Las mujeres científicas de hoy en día siguen estando en segundo plano, todavía quedan muchos techos por romper. Por tanto, en Ones de ciència, en Ràdio Cambrils, que es un programa colaborativo con Núria Ruiz y Maria Ferrer, uno de los objetivos es poner en valor el trabajo que hacen las científicas. Damos a conocer a investigadoras en activo, españolas o catalanas porque muchas veces se tiende pensar que lo que se hace en el territorio tiene un poquito menos de calidad.

No deja de ser curioso que esto lo diga una mexicana...

En México estamos peor. Más malinchistas.

¿Malinchistas?

Sí. Así lo llamamos. Y un ejemplo es el folclore. Tienen que venir los turistas de fuera para valorarlo.

¿Cómo está viviendo la pandemia, tan lejos de casa?

Normalmente voy a ver a mi familia en diciembre. Pero las navidades pasadas fueron las primeras en muchísimos años que no pude viajar. Es muy duro, sobre todo no saber cuándo vas a poder ir con cierta seguridad, para ti y para los tuyos. Estamos esperando la vacuna, a lo mejor a mí me vacunan antes, no sé. Mientras, nos queda solamente el teléfono o las videoconferencias para estar un poquito más cerca. Además, el virus llegó a mi casa y pasamos muchos días de angustia.

¿En qué situación está el país con los cárteles y la violencia?

Desgraciadamente me gustaría dar una información diferente, pero sí que hay un problema con la violencia y el narcotráfico y han inundado todas las capas de la sociedad. Evidentemente, siempre ha habido robos, pero los niveles de violencia a los que se está llegando cada día se superan y la gente ha normalizado, entre comillas, ciertas cosas, quizás porque no han tenido más remedio, pero también están hartos. En México siempre hemos sido pobres y ese no es nuestro mayor problema. Lo que la sociedad quiere es vivir en paz.

Antes de venir, ¿había oído hablar de Tarragona o de sus monumentos?

La conocí cuando me dijeron que PortAventura estaba aquí. En cuanto a los monumentos, cuando hablamos de arqueología nos centramos más en todos los restos que tenemos en México y Centroamérica.

¿Existen muchas diferencias culturales?

El carácter es diferente, eso es evidente. Y también está la historia de que no te quieren hablar en castellano. A mí me pasó al contrario. Cuando estaba estudiando, cuando veían que no era de aquí, me cambiaban de idioma. A veces me podía sentir ofendida por eso, pero es algo que nadie hace con mala intención, al revés. Si me tengo que ir mañana, me iría con un muy buen recuerdo de Catalunya y de su gente.

¿Qué es lo que más le gusta de Tarragona?

Muchas cosas. Yo vengo de una ciudad que no tiene mar, por lo que para mí es un regalazo cada mañana tener esa primera imagen del día, cuando voy al ICAC. Es un lujo trabajar en la Part Alta, envuelta en edificios tan antiguos que cuentan tantas historias... Me gusta mucho también la gente, aunque al principio me costó un poco encontrarles el modo. Y la comida. Me gustan mucho los calçots.

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