Navidad sin excesos

Las fiestas son la tormenta perfecta para abandonarlos hábitos saludables y que surjan rifirrafes familiares

SÍLVIA FORNÓS

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Según Rosa Baró «seguir la idea de compensar nos puede conducir a hacer las cosas el doble de mal». FOTO: GETTY IMAGES

Según Rosa Baró «seguir la idea de compensar nos puede conducir a hacer las cosas el doble de mal». FOTO: GETTY IMAGES

Nochebuena, Navidad, Sant Esteve, Nochevieja y Año Nuevo. Si no todas, la mayoría son citas familiares ineludibles. Los reencuentros tienen un escenario principal: la mesa y la hora de la comida o la cena. Ante tantos banquetes es fácil descuidar una alimentación saludable. Sobre los festines culinarios, la dietista-nutricionista reusense Rosa Baró afirma que «las nuevas formas de vida y el marketing más agresivo nos empujan a consumir cada vez más, buscando sensaciones intensas y placer. Hemos esculpido nuestras costumbres de acuerdo a estos principios y en la creencia de que nos llevan hacia la mejor vida posible y la abundancia, pero en realidad muchos nos llevan de forma irremediable a la obesidad y/o la enfermedad».

Al precoz encendido de las luces navideñas se le suma otra cuestión: ¿Cuántos días antes de las fiestas ya tenemos productos típicos? Para la experta, «el marketing está diseñado para casi obligar psicológicamente a realizar una compra compulsiva, especialmente de aquellos productos que menos convienen, a los que dedican enormes cantidades de espacio en las grandes superficies».

En ese momento, no caemos en la cuenta de que los excesos desequilibran la balanza de nuestra salud. En cuanto a comida y bebida, Rosa Baró cita que durante las fiestas navideñas se puede «aumentar de peso de 2 a 5 kg; padecer malas digestiones, acidez, ardor; estar expuestos a intoxicaciones por alcohol; subidas de la tensión arterial; descompensaciones en las cifras de glucosa en sangre (azúcar), e incluso ataques de gota y cólicos renales».

A la hora de buscar culpables es fácil señalar los dulces o las cantidades excesivas como causantes de todos estos problemas, si bien esta solo es la punta del iceberg. «El problema es que aumentan el número de eventos alimentarios especiales y la ingesta y cantidad energética de los productos que comemos, tanto dulces como salados, y también las bebidas azucaradas y con alcohol. Sobre todo, este año que Navidad y Fin de Año es entre semana también tendremos el fin de semana para continuar con los extras», asegura la dietista-nutricionista.

Ante esta situación, cabe preguntarse si podemos compensar los excesos saltándonos la cena o si es mejor comer algo. Según la experta en nutrición, dependerá de si realmente tenemos hambre. «No nos preocupemos por saltarnos una comida en una época de abundancia, y si queremos comer algo mejor escoger los alimentos que no han aparecido en la comida como las verduras, ensaladas, purés. Tomar frutas o lácteos puede parecer ligero, pero si esto nos conduce a comer tres piezas de fruta y dos yogures con azúcar no será de gran ayuda».

¿Compensar?

En esta misma línea, Rosa Baró advierte que «los excesos no se pueden compensar y que utilizamos el concepto con mucha alegría». Sigue explicando que «es un error, dar por hecho que para celebrar algo hay que excederse. Los excesos se pagan, más tarde o más temprano. La clave no está en los días de celebración en concreto, sino en el día a día, porque lo más probable es que haya alguna consecuencia no deseada». La experta argumenta que «si seguimos la idea de compensar, nos puede conducir a hacer las cosas el doble de mal». Rosa Baró explica que cuando «compensamos» primero comemos en exceso y después comemos con déficits, hecho que no ayuda en absoluto. «Pongamos más sentido común, los extremos no son buenos», advierte.

Así pues, la receta para evitar los excesos también debería incluir, según explica la experta, un mayor compromiso de «seguir y aumentar la rutina de ejercicio físico diario; comer los alimentos típicos de Navidad solo el día de fiesta; medir las porciones y raciones de los alimentos; comer hasta sentirse satisfecho, no lleno; saborear y disfrutar la comida pausadamente y masticando y, por supuesto, pasar las fiestas contentos y relajados junto con las personas que queremos».

Fuera el estrés

Este último punto conlleva evitar el estrés en las comidas familiares, lo que dependerá de cómo vivamos la Navidad. Según explica la psicóloga de Reus, Olivia Sacristán (www.oliviasacristan.com) «existen los dos extremos, quienes tienen unas expectativas demasiado altas, que esperan que todo vaya perfecto, y las que ya van predispuestas a pensar que todo será un desastre y que lo pasarán fatal». En esta época del año aumentan las probabilidades de que salgan a la luz conflictos latentes. En cualquier caso, la psicóloga opina que «discutir en Navidad no es saludable». «Los problemas que haya se deben discutir en el momento adecuado; la Navidad suele ser reuniones donde hay más personas que las afectadas y que no tienen por qué sentir un ambiente tenso, ya que tenemos 364 días más para hacerlo», explica la psicóloga, quien recomienda la siguiente estrategia: «Si nos sentimos atacados decir algo así como que estaré encantado de tratar ese tema en otra ocasión, éste no es ni el momento ni el lugar apropiado para hacerlo».

Dos no se discuten, si uno no quiere. Esta es la base para evitar confrontaciones, pero si además –dice la experta– le añadimos «un ánimo conciliador, no abusar del alcohol y proponerse no picar el anzuelo, si encontramos a alguien con ánimo belicoso» conseguiremos mantener la calma y la cabeza fría. También ayuda ir vestidos con un «escudo protector», para no tomarse tan a pecho la actitud de los demás. «Este escudo te podría ayudar a superar conversaciones difíciles, a enfrentarte a personas malintencionadas sin que te afecten el humor o estado de ánimo de los demás. Para que sea eficaz, deberíamos dedicar unos minutos cada día los días previos a la reunión», aconseja Olivia Sacristán. Por último la psicóloga recuerda que siempre deberíamos buscar puntos en común, porque «cuando hay enemistades, simplemente se trata de que vemos las cosas desde otra óptica. Encontrar un punto intermedio puede ayudar a rebajar la tensión en Navidad».

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