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Ni un kilo más de comida a la basura

Hay supermercados que aún tiran los alimentos que siendo todavía aptos para el consumo no pueden vender, aunque hay otros que los donan a entidades benéficas. El Diari lo comprueba
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Un trabajador de un supermercado lleva los alimentos que no se han podido vender al comedor social de Bonavista.  Foto: A.S.

Un trabajador de un supermercado lleva los alimentos que no se han podido vender al comedor social de Bonavista. Foto: A.S.

«Cada noche, al cerrar sus puertas, los supermercados españoles tiran a la basura unas mil toneladas de alimentos todavía comestibles». Ante estos datos, Facua-Consumidores en Acción ha iniciado una campaña –‘Lucha contra los supermercados que desperdician alimentos’, que incluye una serie de vídeos protagonizados por Dani Rovira, Raquel Martos yManuel Tallafé– para reclamar un marco legislativo que obligue al sector de la distribución a donar los alimentos aptos para el consumo pero que, por diferentes circunstancias, no puede vender al público. La asociación de consumidores reclama a estos establecimientos una mayor responsabilidad social en momentos en los que miles de familias españolas pasan hambre a causa de la crisis.

Además, Facua pretende con estas medidas evitar las imágenes de pobres hurgando cada noche en los contenedores a los que muchos supermercados arrojan los alimentos sobrantes, unas escenas indignas que en ocasiones han dado lugar a conflictos y al escaso aprovechamiento de la comida, que es depositada allí sin ningún tipo de garantía para la salud.

Así, con el objetivo de evitar que más kilos de comida acaben en la basura, Facua ha tratado de tomar el pulso al sector de la distribución alimenticia y ver hasta dónde llega su responsabilidad social.

Sin embargo, parece que la tan demandada transparencia tiene grandes déficits en este sector privado, ya que de las 28 grandes cadenas nacionales interrogadas sólo ocho han respondido a la petición de información. Son Caprabo, Covirán, Dia, E. Leclerc, Eroski, Grupo El Corte Inglés, Lidl y Mercadona. Todas ellas reconocen sin problemas que colaboran con bancos de alimentos o comedores sociales y que ponen en marcha políticas comerciales para tratar de reducir el excedente de productos en almacén que no pueden ser expuestos al público.

 

La comprobación

El Diari quiso ver de primera mano qué hacen estas tiendas con los alimentos que, aun siendo comestibles, no se pueden vender, bien por la proximidad de la fecha de caducidad, bien porque, simplemente, como en el caso de unos yogures, tienen roto el cartón externo que los envuelve.

Así, nos plantamos a las nueve de la mañana de un día cualquiera en un supermercado, en este caso en el que la cadena Mercadona tiene en Campclar, en la antigua N-340. Un operario se dispone a cargar en una furgoneta varias cestas de alimentos aún en buen estado que han pasado la noche en un almacén refrigerado. Se trata, sobre todo, de productos frescos, frutas, verduras, pan, lácteos, carne y pescado.

Tras cargar la furgoneta, el mismo operario transporta la comida, como si de un servicio a domicilio más se tratara, al comedor social de Bonavista –Mercadona también trabaja en Tarragona con el de la calle Cervantes–. Es éste un gesto que agradecen las entidades solidarias, que de otra forma tendrían que echar mano de voluntarios para ir a buscar los alimentos.

En el comedor social de Bonavista, llevado por la Associació Socioeducativa Joventut i Vida, le espera con los brazos abiertos Raquel Quílez, la encargada del comedor, quien, muy agradecida, explica que «decidimos el menú el mismo día, en función de los alimentos que nos llegan».

Raquel asegura que «es una bendición que algunos supermercados, como en este caso Mercadona, hayan decidido darnos la comida en lugar de tirarla. Esta aportación nos permite tener lácteos e incluso tartas, lo que antes era impensable. Realmente es mucha la necesidad que hay. De hecho –añade–, aunque los políticos digan que la cosa va a mejor, lo cierto es que aquí cada mes tenemos a más gente, nunca ha habido un mes con menos demanda de gente que el anterior». Y cuenta que los comensales que acuden al comedor social de Bonavista son derivados de Serveis Socials del Ayuntamiento, que es quien decide quién cumple los requisitos para beneficiarse de esta ayuda.

También se muestra orgulloso Dani, el trabajador de Mercadona que les lleva cada día la comida y que se ha convertido ya en «un proveedor más», como admite Raquel. «Es mi trabajo, pero además supone una gran satisfacción hacer esto y saber que ayudas a gente necesitada. Así trabajas con más alegría», dice.

 

Una gran responsabilidad

Remei Uz, jefa de comunicació de Mercadona en Catalunya, y Paloma Llop, su homóloga en Tarragona, también muestran su entusiasmo por esta labor, que disfrutan como si fueran ellas las beneficiarias, aunque no ocultan que ha sido una lucha nada fácil. «Donar la comida a una entidad benéfica no es tan sencillo y supone una gran responsabilidad. Hemos de estar seguros de que la parte receptora realiza un correcto tratamiento de los alimentos en todas sus fases, pues si por ejemplo se rompe la cadena de frío podrían darse casos de intoxicaciones, que es lo último que queremos, por supuesto. Es por eso que antes de dar este paso hemos estudiado muy bien los comedores sociales con los que colaboramos. Eso ha demorado más de lo que hubiéramos querido esta práctica, que en la ciudad de Tarragona comenzamos en el mes de octubre».

Remei apela a la responsabilidad cuando explica las estrategias que sigue Mercadona para evitar que los alimentos se echen a perder. Y enumera toda una serie de prácticas que tienden a que lo que desecha cada supermercado tienda a cero, desde pedir sólo lo que prevén vender hasta realizar sinergias entre proveedores para, por ejemplo, dedicar a zumo las frutas que están buenas pero que no cumplen las exigencias de tamaño o presencia para ser puestas a la venta. «Pero siempre hay alimentos que no se venden, pese a estar en perfecto estado. Son los que se donan a los comedores sociales».

La práctica se repite en otros supermercados de Tarragona. Y es que desechar alimentos cuando son aptos para el consumo humano es algo de muy difícil justificación en el momento actual.

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