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Análisis. La estación intermodal no tan solo debe servir para que los usuarios del aeropuerto lleguen, se suban al tren y se marchen

NÚRIA RIU

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El 19 de abril de 2018 se firmó el pacto de alcaldes con la Generalitat.  FOTO: LLUÍS MILIÁN

El 19 de abril de 2018 se firmó el pacto de alcaldes con la Generalitat. FOTO: LLUÍS MILIÁN

El 20 de marzo de 2014 se ponían en funcionamiento las Cercanías del Camp de Tarragona. Recuerdo el viaje inaugural, con todos nuestros políticos todos pinchos con su traje y corbata, subiendo al borreguero en Tarragona y a la llegada a Reus todos los coches oficiales esperándoles en las puertas de la estación. No puedo generalizar y afirmar que nuestros representantes no utilizan el transporte público. Tampoco voy a hacer demagogia y decir que son unos privilegiados y que deberían aparcar el coche oficial para ir en autobús o bicicleta, aunque hemos visto como en algunos países esto sí que se lleva.

Entiendo que por su agenda del día a día es más fácil y cómodo ir en coche. Sin embargo, sí que les invitaría a que durante una semana, tan solo una semana, intentaran cumplir todos sus compromisos prescindiendo del coche y combinando horarios de tren con los del autobús y sumándole los tiempos de espera. Solo entonces se darán cuenta de que llegar a la estación de Camp de Tarragona sin coche es una quimera o que, para ir en tren a Barcelona se tardaba menos hace treinta años que ahora.

No nos engañemos, el mapa de infraestructuras del Camp de Tarragona prácticamente está completado. Más allá de que algún día pueda construirse la vía interior para las mercancías, el Estado ha finalizado por un tiempo su ciclo inversor en nuestras comarcas. Un capítulo aparte merecerá el tranvía, que ya veremos cómo acaba. No obstante, la estación intermodal posiblemente será en los próximos años la última pieza que se pondrá en este gran rompecabezas que es el mapa del sistema ferroviario de este territorio.

Esta estación no tan solo debe servir para que los usuarios del aeropuerto lleguen, se suban al tren y se vayan a Barcelona o a donde sea. Si lo creemos así está claro que aumentaremos las cifras de tráfico aeroportuario, pero estaremos perdiendo una nueva oportunidad. El grueso de la demanda deberían ser los usuarios potenciales de este territorio que se merecen, de una vez por todas, tener un servicio ferroviario eficiente, eficaz y que les invite a dejar el coche en casa.

Si nos perdemos en localismos y empezamos una nueva batalla de campanario, el resultado ya lo sabemos. Dejemos que, por una vez, sean los técnicos los que hagan sus estudios y que contrapongan las ventajas y desventajas de una y otra opción. El 19 de abril de 2018 se presentaba el Pacte d’Infraestructures del Camp de Tarragona. La mayoría de sus protagonistas ya no están. De hecho, tan solo siguen en el cargo dos de los cinco alcaldes. Sin embargo, ahora tendremos que ver si esta unidad está suficientemente madura o tan solo fue una foto.

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