«Siempre hay alguien que habla catalán en Islandia»

Profesora de la URV, ha traducido la primera obra del islandés al catalán, publicada por la editorial tarraconense Nits Blanques. Es también la primera en recibir en España la beca Snorri Sturluson

GLORIA AZNAR

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La profesora de la URV y traductora Inés García, en Reikiavik. FOTO: IRENE GARCÍA LOSQUIÑO/CEDIDA

La profesora de la URV y traductora Inés García, en Reikiavik. FOTO: IRENE GARCÍA LOSQUIÑO/CEDIDA

Inés García es doctora en Filología alemana, con una tesis sobre poesía medieval islandesa, así como profesora de la Universitat Rovira i Virgili (URV), donde imparte un máster en línea sobre traducción. El año pasado se convirtió en la primera persona de todo el Estado que ha recibido la prestigiosa beca de traducción Snorri Sturluson, concedida por el Gobierno de Islandia. Y también es la primera en traducir un libro del islandés al catalán. Se trata de la novela Àngels de l’univers, de Einar Már Guðmundsson, publicada por la editorial tarraconense Nits Blanques.

Es la primera traductora del islandés al catalán. ¿Cómo se siente?

Muy emocionada. Además, la elección de Àngels de l’univers es muy acertada.

¿Por qué?

El narrador de la novela nació el mismo día que Islandia entró en la OTAN, en 1949, y las manifestaciones que se produjeron en aquel momento me resonaron a algunas que hubo aquí, en el Parlament recientemente. Creo que el público catalán puede sintonizar con estas protestas, aunque desde otra óptica.

El narrador habla del psiquiátrico Kleppur, justamente donde estuvo su hermano internado.

Sí. Einar le dedica la novela a su hermano ya fallecido, que sufría una enfermedad mental, y a nivel narrativo, el autor presenta la visión de los dos mundos, la de la realidad y la que su hermano tiene de esta realidad. Es algo que se va repitiendo y me gusta mucho cómo presenta esta esquizofrenia entre las dos visiones.

Los internos son peculiares.

Todos los personajes son muy divertidos. El autor tiene una gran maestría en presentar de forma irónica toda esa crudeza. Como lector, uno siente que entra en otro mundo y en otra dimensión, aunque a veces con una sonrisa.

Y justamente ahora, que hay tanta preocupación por la salud mental...

Por esto también sintoniza. Y con toda la tradición que hay en Catalunya, de crítica a la medicación y al psiquiátrico. Y estos personajes divertidos le dan un contrapunto irónico. Hay uno que imita a Hitler perfectamente, mientras otro dice ser el creador de las letras de los Beatles.

¿El autor sabe de la existencia de Catalunya?

Sí y está muy ilusionado con ser el primero en traducirse al catalán.

¿Qué le llamó la atención de la lengua islandesa?

Fue a raíz de estudiar lenguas escandinavas. Me interesaron, sobre todo, las lenguas antiguas, a las que también se les llama islandés antiguo y son muy cercanas al moderno. Y por esto me centré más en Islandia. Mi tesis versa sobre un poema en islandés antiguo y cuando fui allí a estudiar, me fascinó la lengua, la cultura, la literatura y también la gente.

¿Es amable?

Sí y de hecho los catalanes viajamos mucho a Islandia. Supongo que cuando estás fuera, uno está siempre atento a lo que le es familiar y en una de las calles principales, que sería como la Rambla de aquí, siempre te cruzas con alguien que habla catalán. Nos acogen bien y es un país con el que compartimos la manera que tenemos nosotros de relacionarnos con la naturaleza.

¿Y el clima?

El invierno no es tan crudo como en otros países escandinavos, como uno podría pensar, aunque hace mucho viento. Pero lo más duro para nosotros, que somos mediterráneos, es la luz. El invierno pasado estuve allí a raíz de que me dieran la beca y realmente tres o cuatro horas de sol al día son muy pocas. Pude comprobar que la falta de luz, si no estás acostumbrado, puede llegar a afectar al ánimo.

Pudo viajar a Islandia a pesar de la Covid.

La beca de traducción consta de una dotación económica y de una estancia en una casa preciosa, de finales de siglo, en la que trabajamos todos los traductores. Tenía el encanto añadido de tocar la historia antigua del país. Me la dieron el año pasado, con la mala suerte de la pandemia, pero la tenía que utilizar, así que viajé en septiembre. Allí había menos contagios, estaban mejor que aquí.

¿En qué consiste el proyecto por el que le dieron la beca?

En la traducción de una saga islandesa, ‘La Saga de Kormákr’, que publicará la editorial Adesiara.

¿Qué particularidad tiene el idioma a la hora de traducir?

El problema con que nos encontramos los traductores son algunas expresiones o giros que no existen en nuestra lengua. Y a veces los explico a pie de página. Ellos, por ejemplo, en los relatos mezclan tiempos verbales, algo que aquí no haríamos nunca. Concretamente Einar escribe una prosa un tanto cortada y con muchos espacios. En ese sentido, ha habido una intervención para cuidar la lengua, un trabajo de edición muy profesional con la editora, con Mònica Batet.

Como es el primer libro islandés de Nits Blanques, también es la primera cubierta de color verde.

Es el color de la aurora boreal y Einar la describe bien en Àngels de l’univers.

¿Ha visto alguna?

La primera la vi en Suecia, pero las más espectaculares las he visto en Islandia, sobre todo en otoño e invierno, cuando se pueden ver incluso en Reikiavik, a pesar de la contaminación lumínica.

¿Tiene previsto volver?

Sí, procuro ir a investigar y a traducir. Es como mi segunda casa. Mi conexión con Islandia es muy inexplicable. Cuando estoy allí siento cierta fascinación por el paisaje, que te acaba enganchando. Y unido a la amabilidad de la gente, se acaba convirtiendo en un lugar en el que estar a gusto.

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