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Tarraco Viva: El emperador del progreso

La visita comentada a la exposición 'El món d´August, una civilització mediterrània' vuelve a ser uno de los platos fuertes del festival Tarraco Viva, con el Ara Pacis y la vida de Augusto como protagonistas
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El monumento original del Ara Pacis se encuentra en los Museos Vaticanos.  Foto: Pere Ferré

El monumento original del Ara Pacis se encuentra en los Museos Vaticanos. Foto: Pere Ferré

El emperador Augusto se trasladó por enfermedad a Tarraco, donde vivió dos años de su vida. Convirtió la ciudad en la capital del Imperio Romano. La edición pasada del festival Tarraco Viva abordó profundamente la figura del emperador, se cumplía el bimilenario de su muerte. Augusto es conocido y recordado desde distintas perspectivas: desde la familiar y matrimonial hasta la política. Heredera de la edición pasada, la visita comentada a la exposición El món d’August, una civilització mediterrània, vuelve a ser uno de los platos fuertes del festival, con el Ara Pacis –el altar en honor a la paz conseguida por Augusto– como protagonista.

Acostumbrados al blanco del mármol del arte romano, la escultura de Augusto de Prima Porta que recibe a los visitantes en la exposición, llama la atención. Es policromada. La réplica fue elaborada, el año pasado, por el equipo MV Arte, y ha funcionado de embajadora del festival de Tarraco Viva por toda España. Los historiadores explican que Augusto era delgado, bajito y con una apariencia débil; de hecho, vivió muchos años pero siempre enfermo. Sin embargo, la réplica del festival muestra un emperador con un buen color de piel y una perfecta constitución física. Augusto también cambió la concepción del arte. La escultura funcionó como un cartel electoral: quería vender el cambio político que estaba a punto de llegar.

Augusto fue capaz de conseguir una larga etapa sin guerras, marcada por la paz, la estabilidad y el progreso. Esto lo consiguió creando una especie de macroministerio de economía, la llamada Praefectura Annonaria. En ese momento, la economía se basaba en la producción agrícola. Augusto y su equipo de gobierno no querían comprar tierras, sino producción. Así, pues, aprovecharon la zona del Egipto conquistado para obtener el grano, que a posterior lo guardarían en unos almacenes enormes, de 30.000 metros cuadrados aproximadamente. Desde allí controlaban la economía y racionaban de manera justa la comida. Así se acabo el hambre en el Imperio Romano. Algunos representantes políticos de la actualidad deberían leer y aprender este capítulo de la historia; debería ser temario obligatorio para todos.

Por el momento, Augusto parece perfecto, digno de una santificación. Pero no todo lo que reluice es oro. En el ámbito familiar no era todo tan idílico. Incluso Augusto, cansado de las repetida escenas de adulterio de su hija Iulia, la envió a una isla muy pequeña. Allí se volvió loca, y murió un año más tarde que su padre.

Monumento a la paz

El elemento protagonista de la visita comentada a la exposición El món d’August, una civilització mediterrània, es la reproducción del Ara Pacis, un altar monumental que el senado dedica al emperador Augusto por la paz lograda. El Ara Pacis estaba situado en el Camp de Mart, a las afueras de Roma. La envoltura del altar muestra los relevos de una gran procesión de magistrados, sacerdotes y todos los miembros de la familia imperial, que acudían al sacrificio de Augusto. La parte inferior del monumento está decorada con motivos vegetales.

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