«Tras el problema de salud física vendrá el mental»

Doblemente aislados. Este ingeniero y activista advierte: muchas personas con enfermedad mental pasan el confinamiento desconectadas. A ellas se sumarán todos los que necesitarán ayuda en breve

NORIÁN MUÑOZ

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Ángel Urbina en un paso de peatones en la Rambla Nova a la hora del paseo diario. FOTO: PERE FERRÉ

Ángel Urbina en un paso de peatones en la Rambla Nova a la hora del paseo diario. FOTO: PERE FERRÉ

Ángel Urbina (Cádiz, 1966) es ingeniero industrial, trabaja en Repsol, está casado y tiene una hija de 18 años. Tiene un diagnóstico de enfermedad mental que ‘debutó’ cuando estaba en la universidad. Tardó años en recuperarse. Ahora es un activista por los derechos de las personas con enfermedad mental, presidente de la Associació Ment i Salut La Muralla de Tarragona, vicepresidente de Salut Mental Catalunya y miembro del Comité Pro Salud Mental de España.

¿Qué ha estado haciendo durante el confinamiento?

En cuanto al trabajo, he estado alternando el trabajo presencial con el que hago desde casa. También he aprovechado para estudiar para el máster que estoy haciendo de Data Science en la UOC y he dedicado tiempo a lo que hasta ahora ha sido mi hobby: la inteligencia artificial. Me he sumado, como muchos voluntarios, a buscar herramientas que permitan obtener datos útiles para los médicos.

Con tanta cosa, ¿le ha dado tiempo de probar a hacer algo nuevo?

Sí (risas), cuando ha habido harina he hecho pan. Es relativamente sencillo y estaba rico... He estado ocupado y eso para una persona con un diagnóstico de salud mental es muy bueno.

¿Cómo se ha sentido?

En mi caso particular he pasado temporadas aislado por la enfermedad y creo que eso me ha ayudado a desarrollar herramientas y habilidades, a ser resiliente. También me recordó algo que ya sabía y que los psicólogos han repetido mucho, que hay que mantener las rutinas, despertarse a una hora, lavarse, mantener la actividad...La rutina es clave para la estabilidad mental y física.

Y mientras, tratar de que La Muralla siga activa, ¿no?

Sí, está siendo todo un reto, tenemos unos 300 socios y 150 usuarios. Desde que cerramos el equipo está haciendo un esfuerzo por plantear retos en internet para que sigan activos, pero nos preocupa mucho la desconexión digital. Muchas personas no tienen acceso a internet y otras están en residencias, sin wi-fi, de donde no han podido salir. No sabemos qué impacto va a tener en su recuperación, en su situación clínica; el contacto social es clave.

¿Cómo están las visitas en la sanidad pública?

Se están retrasando, doy fe por mí mismo. Algunos recursos se han tenido que desviar para responder a la pandemia. En esto también nos preocupa mucho la desconexión, porque la mayoría de las visitas se hacen por teléfono o por videollamada y no todo el mundo tiene acceso... A eso hay que sumar que la depresión y la ansiedad se están disparando.

La OMS advierte de una crisis de salud mental postpandemia.

Ya hay estudios clínicos que lo demuestran y nuestros amigos chinos también nos lo están advirtiendo, que esto es una olla a presión, tal vez ahora deberíamos hacerles caso. Tras el problema de salud física vendrá el mental.

¿Estamos preparados?

Es un reto enorme, porque hay que garantizar la atención a las personas que ya tienen un diagnóstico, pero también a las que no tenían patologías previas. Habrá que ampliar plantillas y poner más recursos. Necesitamos una estrategia que cubra no solo el ámbito sanitario, sino también el social, educativo y comunitario. Los sistemas sanitarios van a estar colapsados mucho tiempo y tendremos que capacitar a las personas y a sus familias para autogestionar su malestar... Hay que reforzar el acompañamiento a las personas y familias para evitar que tengan que ingresar.

¿Qué papel tendrán las entidades?

Serán clave, aunque como sociedad no siempre nos demos cuenta. En nuestro caso muchas personas vienen derivadas de servicios públicos. Hay que preguntarnos qué queremos: si una persona aislada con continuos ingresos que supone gastos para el sistema y un desgaste para su familia, o una persona integrada que sea un elemento positivo para la sociedad... También es muy importante nuestra experiencia en grupos de ayuda mutua. La persona que entra en el circuito sale y luego ayuda a otras a salir... Tenemos que conseguir hacer crecer la cadena.

¿Cómo se ha sentido estos días cuando en algunas noticias se ha especificado que personas que tenían comportamientos incívicos tenían una enfermedad mental?

Es parte del estigma contra el que tenemos que luchar. Lo que siempre estamos buscando como sociedad son etiquetas. No tiene sentido que se incida en que tenía enfermedad mental y no en que era calvo, rubio o tenía setenta años. Lo que no hay que perder de vista es que la inmensa mayoría de las personas con enfermedad mental tienen un comportamiento cívico y pacífico y que la casi totalidad de quienes cometen actos incívicos no tienen un problema de salud mental.

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