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Un recorrido por los escenarios de los crímenes franquistas

Una fundación lucha por dignificar la memoria de los republicanos represaliados en Tarragona

Norian Muñoz

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Una de las fosas donde se enterró a los fusilados. No hay nada que lo señale.  FOTO: Lluís Milián

Una de las fosas donde se enterró a los fusilados. No hay nada que lo señale. FOTO: Lluís Milián

Las tropas franquistas entraron en Tarragona el 15 de enero de 1939. A finales del mes siguiente ya se producían los primeros fusilamientos. En total consta que fueron ejecutadas 691 personas, 690 hombres y una mujer, además de los cerca de 70 que fallecieron en la cárcel de Pilats. 
Todo esto lo cuenta el historiador Frances-Xavier Tolosana, presidente del Fórum de Tarragona por la Memòria delante el monumento que recuerda a los fusilados en la Muntanya de l’Oliva. Es cierto, ahora hay en el sitio un monumento (sin apenas mantenimiento) pero Tolosana se lamenta de que, como cree que ha sucedido tantas veces en la ciudad, el texto explicativo no concreta a quién se recuerda. Tampoco hay nombres, ni fechas.

Es la primera parada de las visitas gratuitas que se realizan por los escenarios de la represión franquista en la ciudad. Ayer una docena de personas se animaron a hacer el recorrido de más de dos horas.

Tumbas a ras de suelo

Superada la visita a la Oliva es el momento de ver las fosas comunes donde eran enterrados los ejecutados.
Y he aquí una de las primeras sorpresas. A más de un tarraconense le vendrá a la memoria la fosa y el monumento inaugurado en 2010 donde figuran los nombres de los fallecidos. 

Pero lo cierto es que esta fosa común no es la única del camposanto. Hay una más pequeña y alejada donde diez pequeñas lápidas, a ras de tierra (demasiado juntas para respetar el espacio que debieron tener los ataúdes de madera) también alberga a algunos de los fusilados que allí descansan. Imposible saber cuántos o quiénes son exactamente los que están en el lugar, pero la fundación ha pedido que al menos haya una pequeña delimitación y, sobre todo, una placa explicativa de que aquello fue una tumba colectiva.

Y es que, explica Tolosana, el Ayuntamiento de Tarragona se comprometió a señalizar al menos cuatro de los once lugares significativos de la represión que tienen documentados. Hasta ahora sólo ha sucedido con la placa que se colocó en la prisión de Pilats, por donde pasaron entre 1939 y 1948 más de 10.238 republicanos.

La visita sigue en la Antiga Audiència, donde se producían los juicios sin ningún tipo de garantía. Los despropósitos se acumulaban: testigos que se presentaban como voluntarios y hablaban de oídas, abogados militares, informes firmados por las propias autoridades franquistas... 
La lista de escenarios continúa: los conventos de los Carmelitas y de les Oblates convertidos en prisión, la actual sede de la Cambra de Comerç, entonces sede de la comisaría de policía y lugar de torturas, la prisión del 53, construida por los presos... Todavía hay mucha memoria por reivindicar, apunta Tolosana.

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