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Una vecina de Torreforta: "Las ondas y los productos químicos me están matando"

No sale a la calle y en casa tiene los mismos problemas porque le llegan las radiaciones de los wifis y antenas de telefonía

Àngel Juanpere

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Antonia Mesa en su piso de Torreforta. Cada vez está más aislada de la sociedad porque le cuesta salir a la calle ya que se cansa. FOTO: ÀNGEL JUANPERE

Antonia Mesa en su piso de Torreforta. Cada vez está más aislada de la sociedad porque le cuesta salir a la calle ya que se cansa. FOTO: ÀNGEL JUANPERE

Las ondas electromagnéticas –principalmente de los wifi pero también de las antenas de telefonía e incluso las del microondas– le causan fuertes dolores. Tiene sensibilidad a todos los productos químicos –incluida la colonia, el desodorante o los líquidos de limpieza–, no tolera bien la mayoría de los alimentos ni tampoco muchos medicamentos. Va todo el día con mascarilla, que le amortigua un poco los vapores químicos. Con estas perspectivas, Antonia Mesa, una vecina de Torreforta de 63 años, ya prácticamente no sale de su casa, lo cual tampoco le libra del sufrimiento debido a las ondas de los wifis de los vecinos.

Antonia tiene diagnosticado síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, hipersensibilidad química múltiple (SQM) en grado intenso y electromagnética (EHS). Desde el Ayuntamiento se está tratando de buscar una solución a la situación de sufrimiento que vive la mujer, pero la concejal Ana Santos reconoce que no es fácil.

En España hay aproximadamente 100.000 personas a las que el contacto con sustancias químicas les afecta al sistema nervioso. Sólo algunos países –como Alemania, Japón o España– lo reconocen como enfermedad. Por otra parte, una de cada mil personas sufre hipersensibilidad electrónica. Antonia Mesa sufre estas dos patologías, además de otras, según le han diagnosticado especialistas del Hospital Joan XXIII y del Clínic de Barcelona.


Desde pequeña
Antonia, de pequeña, ya no podía jugar normalmente con otros niños. Comenzó a sentirse mal a los 18 años. Entonces le decían que eran los nervios. La situación se agravó a partir de los 27. Se mareaba, se cansaba más de lo debido, sufría mareos, vómitos, pérdida de memoria, además de dolores y comenzaba la intolerancia a los productos químicos.

Durante estos años la situación ha ido a peor. Lo aseguran ella y también los informes médicos. Hace unos trece años le diagnosticaron fibromialgia y fatiga crónica. «En aquella época ya estaba muy mal. Seguía trabajando porque vivía sola, «pero llegaba a casa, con esfuerzo me duchaba, comía un poco y me iba a la cama. Y el fin de semana me lo pasaba tumbada en cama para poderme recuperar». Después de estar nueve años cotizando, la Seguridad Social le denegó la invalidez. Fue a juicio y ganó.

Para esta vecina de Torreforta el estar en su casa es todo un sufrimiento. Le afecta el wifi de los vecinos, las radiaciones de las antenas de telefonía e incluso –aunque en menor medida– las que emiten aparatos como la nevera o el televisor. Desde el año pasado, Serveis Socials le ha puesto una mujer para ayudarla tres horas a la semana a limpiar la casa y otra la acompaña o va a efectuar la compra. No puede leer por la tinta.


Comida especial
Antonia intenta cuidarse con la comida especial. Sólo come puré de champiñones con patata y cebolla, otro puré de calabacín con patata, cebolla y kinoa, además de pollo y huevos ecológicos, avena, arroz blanco y tofo con patatas y manzana. Es lo único que tolera. Y el agua la tiene que tratar por la presencia de cloro.

Antonia Mesa pide que le ayuden «a salir de este sufrimiento. Yo no tengo fuerzas para cambiarme de casa. Además, si voy a otro sitio me quedaré aislada». En su día el Ayuntamiento le pagó un tabique especial para que no le llegaran las ondas del wifi de al lado, pero no sirvió de nada. Hay una empresa que le ha hecho un presupuesto para el aislamiento de toda una habitación, «cuesta 20.000 euros. Pero no tengo el dinero para hacerlo y tampoco sabemos si surtirá efecto».

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