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Vivir el terror de Catalunya desde la Puerta del Sol

La tarraconense de 21 años, Aina Canela, vivió ayer su peor día en Madrid, donde vive desde hace cuatro años

Carla Pomerol

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Aina Canela, de 21 años, estudia en el Conservatorio Superior de Danza Maria de Ávila. Foto: Cedida

Aina Canela, de 21 años, estudia en el Conservatorio Superior de Danza Maria de Ávila. Foto: Cedida

Aina Canela tiene 21 años. Nació en Tarragona y hace cuatro años decidió continuar con su carrera profesional de bailarina en Madrid. El domingo vivió el peor día desde que llegó a la capital española. Asegura, emocionada, que nunca olvidará lo vivido ni tampoco el trato ni el cariño que recibió en Sol, como dice ella. «No estaba en mi casa, pero me sentí como si estuviera con la familia», explica Canela. Su día empezó pronto y también pronto comenzó a recibir las primeras imágenes de lo que estaba sucediendo en Catalunya. «Mi tío pasó la noche en un colegio electoral y me iba informando de todo», explica la joven, quien asegura que no fue hasta el mediodía cuando el miedo y la tristeza se apoderaron de ella. 

«Cuando vi lo que estaba pasando, no me lo podía creer. Sentía impotencia por la brutalidad como estaban tratando a los míos. Quería estar allí, con ellos, al lado de mi gente», explica Canela, quien pasó el día mirando La Sexta, –único canal de abasto estatal que iba mostrando las imágenes de lo sucedido–, y siguiendo las redes sociales, como Facebook y Twitter.

Fue entonces cuando, la madre de Aina, que se encontraba votando en un colegio electoral, le dijo que había escuchado una mujer explicando que a las siete había una concentración a la Puerta del Sol. «No dudé ni un momento en ir. Me acompañaron dos amigas de Barcelona, una mallorquina, un chico de Madrid y otra chica de Granada», relata Canela. El eslogan de la concentración era ‘Madrid, por el derecho a decidir y contra la represión’.

Una vez allí, Aina confiesa que lo vivió con mucha emoción y sentimiento, pero a la vez, con impotencia. De repente, –relata Aina–, llegó un grupo de ultras en el lugar, con banderas españolas y gritando «¡Viva España!». «Entonces fue cuando la Policía Nacional se puso alrededor de ellos, haciéndoles un cordón y nos miraban a nosotros. Parecía que les estaban protegiendo de una plaza llena de personas», explica Aina, quien añade que «me entraron ganas de llorar y sobretodo miedo, por no saber si también actuarían igual que en Catalunya».

La Puerta del Sol se llenó para defender y apoyar el derecho a decidir de los catalanes. Foto: EFE

Los manifestantes gritaban, sobretodo, dos consignas: «La voz del pueblo no es ilegal» y «Madrid está con el pueblo catalán». «Yo quería estar en Tarragona, pero cuando vi como la gente de Madrid apoyaba a Catalunya, me sentí tremendamente orgullosa de la ciudad donde vivo», decía Aina, quien aseguraba que «la gente sentía vergüenza de lo que estaba pasando».

‘Els Segadors’ y ‘L’Estaca’

Aina y sus amigas lloraron de tensión y de impotencia. « Se acercaba la gente a nosotras y nos preguntabam si éramos catalanas. Nos tranquilizaban y nos decían que no tuviéramos miedo de nada, que ellos estaban allí», relata Aina, quien asegura que «aunque estuviera fuera de mi casa, me sentía apoyada y como si allí estuvieran mi familia. Siempre lo agradeceré». Otros de los gritos que se oían eran «Sí, sí, sí, derecho a decidir» y «España, mañana, será republicana». También pidieron la dimisión de Mariano Rajoy.

Inesperadamente, sonaron unos acordes que parecía Els Segadors. Lo era. «La gente quedó callada y escuchaba la música solemnemente. Fue un momento muy emotivo», explica Aina. Y también L’Estaca, de Lluís Llach, que estos días se ha convertido en una de las canciones más aclamadas. «Piel de gallina», decía Aina. Al llegar a casa la joven llamó a sus padres, que también sufrían por ella. Ambos se explicaron lo que habían vivido durante el día, que no era poco. Ahora, Aina no para de releer los mensajes de apoyo que recibió de sus amigos de Madrid. No lo olvidará nunca. Para Aina, el pasado domingo fue un día para borrar de su vida. Aún vive con el miedo y la impotencia de no haber estado cerca de sus familiares en un día como el domingo. «En Madrid, ahora, me preguntan por los resultados y aún no sé muy bien qué decir», dice Aina.

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