la desplatanización y las carreteras variantes

CrónicaConviene viajar para ver pueblos que mantienen su vida con armonía entre casas, árboles y carreteras

ENRIC CASANOVAS

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Se ha usurpado la vida a muchos pueblos potenciando el coche y talando hermosos plataneros. FOTO: CEDIDA

Se ha usurpado la vida a muchos pueblos potenciando el coche y talando hermosos plataneros. FOTO: CEDIDA

En los años 60 o 70, en la época de la hondonada de pijos que andaban con los Citröen Tiburón, los Seat 1430 o los Simca 1200 u otros armatostes de alta velocidad, empezaron a haber los primeros accidentes mortales contra árboles en las proximidades o entradas de los pueblos.

Se decía: «El coche iba a toda pastilla». Y se atajó el problema talando los hermosos plataneros que había en todos y cada uno de los pueblos. Suerte que los franceses fueron más listos y no hicieron lo mismo en sus pueblos de la Catalunya Nord. Por deducción simple y evidente, hemos sido mucho más tontos. Y ahí tenemos el resultado.

Por aquella época, alcaldadas sin precedentes que nada tienen que ver con el franquismo provocaban la tala masiva de árboles en todos los pueblos para evitar accidentes. De golpe, el platanero, árbol mediterráneo, magnífico y sombrío, era el enemigo del coche. Era el enemigo de la modernidad y del puñetero «progreso».

Nadie hablaba de sostenibilidad y estos maravillosos árboles eran eliminados pueblo tras pueblo, carretera tras carretera.

Después fueron las alertas alergógenas de los 80 y 90. Otra vez los plataneros tenían la culpa y se arrasaba con ellos. Hoy está demostrado que la polución ambiental tiene tanta o más culpa de alergias que este pobre árbol. Pero se les volvió a cortar.

Para navegantes más jóvenes, arquitectos, urbanistas y paisajistas que se las dan de «modernos» cabe decir que antes era posible ir de pueblo en pueblo en sombra para transportar alimentos cuando no había neveras. Las carreteras eran más amables y el paisaje, también. ¡Había árboles, y no asquerosas pérgolas!

La moda de quitar coches

Entrados ya en el siglo XXI y con la mayoría de los alcaldes metidos ya en la arroba y las redes sociales vino la moda de quitar los coches de los pueblos para evitar accidentes. Ya no había árboles, por tanto, los coches corrían más por las carreteras que penetraban por pueblos y había más accidentes y por ello decidieron quitarlas para hacer variantes. Cada una es de su padre y de su madre y con trazados inexplicables y con el beneplácito de muchos alcaldes.

Seguramente, fue el silencio secuaz de muchos alcaldes subidos a la parra de la política. Y permitió que proliferasen las variantes como setas. Su función solo ha sido la de poder correr más por fuera de los pueblos y no ver los pueblos. En aquel momento nadie se daba cuenta ni se percataba de que, quitando este tráfico, se mataría a muchos pueblos que vivían de una actividad comercial basada en el paso de gente y en el transporte por carretera.

Hoy, muchos pueblos de Catalunya yacen paralizados, desertizados y sin vida comercial por haber alejado las carreteras en variantes sin sentido y de alto coste para la economía de un país. Ya no tienen ni vida, ni por supuesto árboles para ir a visitarlo por ser hermoso.

España es, posiblemente, el país del mundo con más kilómetros de carreteras inútiles y el que más pueblos tiene arrancados de la vida cotidiana con variantes. Se ha usurpado vida a los pueblos potenciando el uso del coche y promocionando su subvención. Para ello, se ha facilitado la compra del coche con el eslogan de tener montones de carreteras para correr más y mejor.

Conviene viajar por otros países de nuestra amada España y por la vieja y sabia Europa para ver toda suerte de pueblecitos que mantienen su vida, su cotidianidad con armonía entre casas, árboles, carreteras lentas y personas. España, según algunas fuentes bastante fiables, es el décimo país con más kilómetros de carreteras de todo el mundo mundial. Le superan Estados Unidos, China, India, Rusia, Japón, Francia, Canadá, Australia y Sudáfrica. Todos ellos con poblaciones mucho mayores. Por ello, sin duda somo los reyes mundiales de kilómetros per cápita de carreteras inútiles en un país donde la obra pública acaba siendo lo mismo de siempre: algo que se discute en palcos de estadios de futbol.

No muy lejos de aquí, en Tivissa, ha sido la carretera la que se ha desplazado a la entrada del pueblo, dividiéndola en dos sentidos, para respetar los plátanos. Menos mal que la inteligencia de algunos permite preservar el testimonio patrimonial de la esencia de la mayoría de pueblos de Catalunya.

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