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Los pipicanes de Tarragona, pocos y con escaso mantenimiento

Agujeros, suciedad, falta de iluminación, malos olores... El estado de estos equipamientos no mejora, pero por primera vez en años se crearán al menos siete nuevos espacios, dos de ellos con juegos

| Actualizado a 16 septiembre 2022 12:12
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Es indescriptible el olor que emana del pipican de la calle Zamenhof. El incivismo de los dueños que no recogen los excrementos, sumado a la falta de mantenimiento, han hecho la mayor parte. Las lluvias de los últimos días que lo han convertido en un enorme charco han hecho el resto.

Este es, probablemente, el pipican que encontramos en peores condiciones durante un recorrido por las seis zonas para perros que hay en el centro. En el conjunto de la ciudad son 13, sumando los siete del resto de barrios. La cifra, no obstante, debería aumentar si se materializan siete proyectos pendientes (unos más adelantados que otros).

Hemos elegido estos seis pipicanes porque son los mismos que visitamos en 2019, antes de la pandemia, y la intención era ver su evolución. Desde esa fecha no se han abierto nuevos espacios pese a que muy probablemente en la ciudad, como ha pasado a nivel estatal el número de perros habrá aumentado. En España la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía calcula que de 2019 a 2021 ha habido un aumento de un 38% en el número de perros en las casas.

Según los datos del Ayuntamiento de Tarragona, en la ciudad hay actualmente 5.224 perros inscritos en el censo municipal. Eso sí, hay que tener en cuenta que no todos los dueños cumplen con este trámite, a pesar de que es obligatorio. Si se comparan con los que tienen el chip serían por lo menos el triple.

«Porque usted lo dice»

Desde la visita anterior el ‘espacio para perros’ de El Serrallo no ha experimentado ningún cambio. Es decir, sigue siendo un trozo de terreno con una pequeña fuente y un cartel, sin valla alguna que delimite el espacio. A un hombre que pasa justo por delante con dos animales le preguntamos si suele usarlo y responde: «¿Esto es un pipican?... Porque usted lo dice».

La Ordenança sobre la protecció, la tinença i la venda d’animals de Tarragona especifica que los pipicanes son «espacios cerrados destinados exclusivamente al recreo de los perros».

A pocos metros, Josefa, dueña de Bichu, se lamenta de que todas las tardes la zona verde de alrededor de las piscinas se llena de perros sueltos. «Al final es como si todo fuera pipican. Han puesto plantas de lo más bonitas (cerca del puente), pero la gente no respeta».

No muy lejos, en el Parc del Francolí, vemos una situación como la que la mujer describe. Es la hora en que los niños acaban de entrar a la escuela y abundan los perros sueltos, ninguno dentro del pipican. Susana y Carolina, dos mujeres con sus perros que se han quedado en la zona de picnic, señalan que «la ubicación de este pipican es muy buena, pero el mantenimiento es fatal, huele muy mal, sobre todo en verano». Se quejan además de que es pequeño, hay un solo banco ‘cojo’ y no hay sombra, lo que lo hace casi inutilizable en las horas de más sol.

De bolsillo

Aunque para pequeño, el pipican del Parc de la Reconciliación. En sus alrededores también encontramos a personas con perros, pero ninguno se adentra. Uno de ellos es David, un dueño que señala a su perra, una mastín adulta. «Mi perra no entra, directamente no cabe», señala.

El pequeño sitio vallado está lleno de monte, hay basura y hasta una camiseta colgando de la valla. La puerta no cierra.

Socavones y desniveles

Los dos parques más grandes y utilizados, el del Camp de Mart y el del Parc de la Ciutat, tampoco se libran de las quejas de los usuarios. En el primero, a media mañana, encontramos más perros fuera que dentro. «Está muy dejado», dicen casi a coro Pepa y Julia. Esta última es dueña de Fiona, una galgo «que salta la valla sin ninguna dificultad». Y es que el tamaño de la valla es una de las quejas recurrentes porque ha propiciado que muchos perros se escapen. Además de los problemas de mantenimiento. Hay agujeros en el suelo, restos de cristales y las raíces de los árboles sumadas a una deficiente iluminación lo hacen difícil de utilizar. «Aquí se ha caído una persona mayor», señala Montse, otra dueña.

En el Parc de la Ciutat las quejas son parecidas: los grandes agujeros en el suelo, la falta de mantenimiento: «Hay personas que entran a beber y se dejan aquí las botellas. El otro día hasta nos encontramos unas pastillas antidepresivas», explica María, una joven propietaria de un perro que está conversando con Francisco, un señor de mediana edad. Ambos reflexionan sobre algo que observamos a en el recorrido: los pipicanes están pensados para los animales, pero se han convertido en un espacio de socialización «que nos hace mucha falta a todos», reconocen.

Además de las quejas de los usuarios, es de hacer notar que ninguno de estos pipicanes tiene, como dicta la ordenanza, un cartel con las normas de uso o el teléfono donde comunicar las incidencias. Los únicos carteles que hay se refieren a la multa por no recoger los excrementos. En algunos casos se dice que es de 100€ y en otros, de 300. Esta última cifra es la correcta. En la accesibilidad todos suspenden.

Los nuevos espacios

El pasado mes de julio el Ayuntamiento anunció la creación de cinco nuevos pipicanes en Icomar, El Serrallo, Tarragona 2, Torreforta y en el barrio del Pilar. En el caso del último se hará un cambio de lugar. De momento no hemos podido conocer más detalles, como cuándo se pondrán en marcha o la ubicación concreta.

Habrá, además, dos nuevas zonas gracias a las propuestas de los vecinos en los presupuestos participativos. El primero sería en Sant Pere i Sant Pau, cerca de la Rotonda de los conejos, en un terreno detrás de la Escola Sant Rafael.

El segundo es una larga reivindicación del barrio de Bonavista, un pipican con zona de juegos que se ubicará en la zona de la piscina. En ambos casos, no obstante, los trabajos no se han licitado todavía.

La que sí debería estar en funcionamiento el año que viene es una zona de ‘agility’ (un recorrido con osbtáculos) que se instalará en el Parc del Francolí, justo al lado del pipican actual, en un descampado actualmente sin uso de unos 800m2. Las obras se encuentran dentro del contrato para la rehabilitación del sector sur del parque que acaba de salir a licitación. Los trabajos durarán seis meses.

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