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    Rosa Peral, la presa de la cárcel de Tarragona que se topa con la fama sin buscarla

    La serie ‘El cuerpo en llamas’, que recrea el asesinato de la Guardia Urbana, pone en el primer plano a la agente que mató a su novio y lo quemó en su coche en el pantano de Foix

    23 septiembre 2023 20:05 | Actualizado a 24 septiembre 2023 07:00
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    Hace algunos años, concretamente en 2017, el llamado crimen de la Guardia Urbana ocupó cientos de titulares en prensa y horas de televisión. No era para menos, puesto que el caso reunía todos los elementos que propician el morbo, la curiosidad y el amarillismo: relaciones tóxicas, celos, venganzas, mentiras y una relación a tres bandas que acaba con la aparición de un cuerpo calcinado en el pantano de Foix. Ahora, el suceso vuelve a ocupar los titulares, ya que Netflix, bajo el nombre de El cuerpo en llamas, ha ficcionado los hechos probados en la sentencia condenatoria.

    El éxito de la serie ha vuelto a poner en primer plano de la actualidad a Rosa Peral, a sus 42 años la interna más mediática entre las cuarenta presas que se hallan en la cárcel de Mas d’Enric, en El Catllar. Condenada a 25 años por el asesinato de su novio, Pedro Rodríguez, el 1 de mayo de 2017, la expolicía no pudo permanecer al margen de la fama que la serie le ha brindado y concedió una entrevista desde la prisión a un medio de comunicación, lo que le ha costado una sanción en forma de restricción en las visitas presenciales.

    Lamentaba la reclusa que no se hayan tenido en cuenta las consecuencias de la serie sobre sus hijas –«una de ellas es una adolescente y nadie se ha parado a pensar en el daño que puede sufrir ella, los niños que le rodean, cómo lo estará viviendo...»– y que se siga hablando de ella seis años después: «Me están machacando, se han dicho cosas que no tocan», como tildarla de «manipuladora o tóxica».

    Y es que la serie televisiva no solo hace referencia al macabro hallazgo, sino también a la pulsión sexual que rodeó al crimen. Además, aquello sucedió dentro de la Guardia Urbana de Barcelona, que la trama dibuja como un mundo cerrado donde hay machismo, acoso y violencia, aspectos que se retratan con apenas unas pinceladas, pero que son suficientes para contextualizar el ambiente al que pertenecen los protagonistas del triángulo: los asesinos Rosa Peral y Albert López, y la víctima, Pedro Rodríguez.

    En uno de los vértices está Rosa Peral, a la que da vida una magistral Úrsula Corberó. Encarna a una agente joven y atractiva que fue presentada por los medios como una mujer fatal, una viuda negra que mantenía relaciones con varios hombres a la vez y que se deshacía de ellos en cuanto dejaban de interesarle.

    Manipuladora

    Rosa Peral, que aún no ha visto la serie, sigue las consecuencias de su fama desde una celda de Mas d’Enric, donde ya lleva 960 días. Aseguran quienes la han tratado que posee un fuerte carácter y una gran capacidad de persuasión, por lo que, en este sentido, el retrato que de ella se hace en El cuerpo en llamas no va tan desencaminado.

    Pero la ficción no presenta a Peral como a una villana de culebrón, sino que da a una magnífica Úrsula Corberó la posibilidad de manejarse en terrenos más ambiguos y contradictorios, creando un perfil a partir de sus actos y sus palabras, pero también a través de quienes la rodean, las víctimas colaterales del crimen: una hija que observa lo que sucede alrededor con una mirada intensísima y unos padres que lo han dado todo por Rosa y que no entienden qué le ha podido pasar.

    También hace un perfil de su cómplice, el policía Albert López –el actor Quim Gutiérrez en la serie–, un personaje complejo y simpático, pero capaz de matar por amor. O por celos. A él le cayó una condena de veinte años.

    El cuerpo en llamas no solo huye del tono efectista, sino también de las escenas más truculentas: el desarrollo de los hechos es tan escalofriante que no necesita recurrir al morbo.

    La recreación del asesinato de la Guardia Urbana es, en estos momentos, la serie más vista de Netflix en España. Y ha sido la propia Rosa Peral la que ha contribuido a ello al hacer una involuntaria promoción: desde la cárcel tarraconense de Mas d’Enric presentó un recurso para que no se emitiera la serie por vulnerar su derecho al honor. Tras ser desestimado, Peral pide ahora derechos de imagen. Visto lo visto y todo lo que ha generado, no es de extrañar.

    De momento, y mientras cumple condena en prisión, la exagente de la Guardia Urbana está estudiando Derecho en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y su intención, asegura, es «volver a tener una vida» y salir de la cárcel «lo más formada posible».

    Aunque ella misma admite que lo que tenga al salir «nunca sería una vida, porque con todo lo que se me ha machacado es imposible tener una vida normal, pero de alguna manera tengo que normalizarlo».

    Rosa Peral insiste, no obstante, en su inocencia y confiesa que sigue teniendo «esperanza» y que no se ha quedado «parada» ante su condena, por lo que hará todo lo que esté en sus manos para revertirla. Aunque su fama puede ser un arma de doble filo.

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