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La entrega del chupete a la Víbria: «Se hace mayor y es un paso más en su vida»

Muchas familias se han dado cita hoy viernes en la Plaça de les Cols de Tarragona

| Actualizado a 16 septiembre 2022 22:43
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Pasados pocos minutos de las seis de la tarde de hoy viernes, la cresta de la Víbria de Tarragona asomó por encima de las escaleras de la Catedral. Con ello, una multitud de niños pequeños con sus familias reaccionan con gritos y sus caras, de repente, cambian.

Ojos abiertos como platos para ver bajar a esa bestia que, durante el Seguici tira fuego, pero que en esta ocasión no. La Víbria baja las escaleras al ritmo de los tambores para cargar una gran cantidad de chupetes de muchos niños y niñas.

Algunos como prueba de fuego y otros, que ya lo han abandonado hace tiempo, para recibir una de las chuches que dan si lo dejas. Una vez bajadas las escaleras, la Víbria clava sus patas de águila en el suelo de la Plaça de les Cols y las familias se empiezan a acercar poco a poco. Donde tradicionalmente están los petardos colocados, ahora hay chupetes.

Este acto, recuperado con plena normalidad, es un momento muy bonito. Los pequeños ya no lo son tanto. Con ese gesto, crecen mucho. Superan una etapa. Por ello, la madre de Lucas, Mirta, dice que «da pena, ya que se pierde una parte de la infancia, pero también es una alegría, porque se hace mayor y da un paso adelante en su vida».

En el caso del pequeño Lucas, es una prueba. Hasta ahora lo utilizaba, pero ya no. Como comenta su padre, David, tienen otro por si acaso. «Es un paso para que lo abandone y concienciarlo que lo ha dejado a la Víbria», comenta.

Es la primera Santa Tecla a pleno rendimiento para Lucas y también para muchos de los pequeños que estaban en la plaza. La pandemia es quien lo ha provocado. Los padres ven este acto como una iniciación.

En la cola, las alas y las dos puntas de la lengua ya le van colgando muchos chupetes. Hay cola para dejárselos. Algunos, poco decididos, se tiran atrás cuando llega el momento. Otros, como Rita, de dos años, no dudan. Su padre Ferran comenta que «con este paso, quemamos una etapa» y se muestra curioso por saber cómo dormiría su hija, ya que «ella lo utilizaba para eso». «Que haya un acto como este, lo facilita. Si se lo escondo yo, vete tú a saber qué pasaría», añade.

Otra valiente que se despide del chupete es Maia, de tres años y medio. Va acompañada de su padre Borja y su madre Marta. Como detalla su madre, «ella ya lo había dejado, pero con la pandemia no se lo pudimos dar a la Víbria». También ve este acto como una «iniciación a las fiestas de Santa Tecla».

Maia dice que no le tiene miedo a la Víbria. Precisamente, un acto como este ayuda. «No tira fuego, sino da caramelos. Los niños la pueden tocar y realmente ver que no hace nada», comenta la presidenta de los Diables Voramar y la Víbria, Bego Ibarrola. Con el gran número de familias que la rodean, la valoración no puede ser otra que positiva. Ibarrola no ve muchas diferencias, en lo que a gente se refiere, de las ediciones anteriores a la pandemia. «Es el primer acto que tienen los pequeños para ellos y lo esperan con muchas ganas», añade.

Con un último baile, la Víbria se despide de las familias y los pequeños en la Plaça de les Cols. Se marcha con los deberes hechos. Cargada con muchos chupetes, empieza a bajar el Carrer Major. Se va y las etapas de bebés de muchos niños y niñas de Tarragona lo hacen con ella. Muchos han hecho un paso de gigante en sus vidas con la Víbria de testigo. Una unión que ya será para siempre.

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