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Tarragona es una de las cuatro provincias sin ninguna playa donde esté prohibido fumar

En Cantabria, Ceuta y Melilla tampoco existe ningún arenal libre de humo. Los expertos alertan del daño de las colillas en el ecosistema y del humo en la salud de las personas

| Actualizado a 30 julio 2022 07:00
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Tarragona, Cantabria, Ceuta y Melilla son las únicas provincias españolas en las que no está prohibido fumar en ninguna de sus playas. En la comunidad uniprovincial del norte del país, sin embargo, no se ha permitido durante los dos últimos años como medida anticovid, pero hace una semana levantaron la suspensión. El resto de regiones costeras del país, en mayor o menor medida, disponen de arenales libres de humo. Una de las últimas ciudades en tomar esta decisión ha sido Barcelona. Y es que hasta el momento se trata de una competencia municipal la de regular el consumo de tabaco en las playas, a través de las ordenanzas de cada localidad, aunque está previsto que la nueva Ley del Tabaco, que el Gobierno quiere aprobar en 2023, corte el problema de raíz y prohiba fumar en todo el litoral español, además de en terrazas, parques, estadios y otros espacios concurridos.

Así las cosas, los expertos lamentan que el consumo de tabaco en los arenales tiene consecuencias muy negativas en dos ámbitos concretos. Por un lado, el daño que supone para el medioambiente que se tiren las colillas de los cigarrillos en la arena, pues en muchas ocasiones acaban en el mar y afectan el ecosistema; y por el otro, a nivel de salud pública, la exposición al humo y a las sustancias tóxicas del tabaco de las muchas personas, y niños, que se concentran en las playas en los meses de verano.

Pese a que desde Cunit hasta Alcanar no haya ninguna playa ni cala donde esté prohibido fumar, algunos municipios aseguran que se lo están planteando a medio plazo. Una de las localidades más avanzadas en este sentido es el Vendrell, que en el pleno municipal del próximo mes de septiembre quiere aprobar una modificación de la ordenanza que permita designar zonas concretas libres de humo. En la misma línea, aunque más a largo plazo, el Ajuntament d’Altafulla también se plantea prohibir fumar en las playas y sancionar a quienes incumplan esta norma. Calculan que se podría implantar de cara a 2024, aunque por aquel entonces, si todo sigue el curso previsto, ya estará aprobada la ley estatal. Este año el consistorio altafullense ha apostado por instalar carteles en la playa recomendando a los bañistas que no fumen por el peligro medioambiental que supone, y de cara al próximo verano quieren iniciar una campaña más intensa a través de educadores.

Algunos municipios tarraconenses se están planteando aplicar la norma el próximo verano

Muchos otros municipios recomiendan no fumar, también hay algunos que reparten ceniceros de playa en diferentes dependencias municipales y otros, como Amposta, en los que está prohibido tirar las colillas en la arena, aunque desde la capital del Montsià reconocen que es una práctica difícil de controlar.

El mapa que indica las playas españolas en las que no está permitido fumar es de Nofumadores.org, una plataforma que, además, lanzó una campaña en change.org bajo el título ‘Que todas las playas españolas sean espacios libres de humo de tabaco’ y ya cuenta con 355.337 firmas. La presidenta de la organización, Raquel Fernández, anima a los ayuntamientos a que «hagan normativas que prohiban fumar en las playas», y señala que «ampliar estos espacios sin humo desnormaliza el consumo, por lo que facilita a quienes quieren dejar de fumar que lo consigan y también ayuda a que los jóvenes no lo vean como algo normal».

Derecho a respirar aire limpio

Sobre el peligro que supone para la salud el hecho de que esté permitido fumar en espacios tan concurridos como una playa en pleno verano habla Noelia Ramírez, Investigadora Principal de la Línia de Recerca de Toxicologia i Metabolòmica ambiental de l’Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV) i la URV. Su tema de investigación trata sobre el humo del tabaco residual, es decir, los restos de partículas y gases del humo que persisten en el polvo, la ropa, las partículas atmosféricas, etc.

Sobre esto, Ramírez señala que «afecta a todo el mundo, sobre todo a los niños, y va más allá de lo que llamamos fumadores pasivos, que son los que no fuman pero inhalan el humo. De alguna forma todos estamos expuestos». Así, lamenta que el hecho de que se permita fumar en espacios tan concentrados hace que la exposición de la población a estos tóxicos sea muy alta. Y esto puede provocar, en niños, una mayor posibilidad que desarrollen trastornos de la conducta, enfermedades metabólicas y cardiovasculares en un futuro y adicción a la nicotina. Por otro lado, en el caso de los adultos, la exposición constante al humo del tabaco y a las partículas que persisten en el ambiente aumenta los números de contraer cáncer. «La lista es muy grande», comenta la investigadora, que cree que sería más adecuado preguntar «que enfermedad no está relacionada con el humo y el tabaco».

En definitiva, Ramírez insiste que «estamos hablando de un contaminante que nos afecta globalmente a todos y debemos tomar conciencia como sociedad de los riesgos que comporta una practica durante tantos años aceptada y normalizada como el fumar». Por ello, reivindica el derecho universal a respirar un aire puro por encima de la libertad de los fumadores de fumar en espacios públicos.

Un problema para el ecosistema

Por otro lado, el director Càtedra DOW/URV de Desenvolupament Sostenible, Òscar Saladié, sostiene que «los filtros son muy malos para el ecosistema porque tardan mucho en degradarse». Asimismo, asegura que tanto las colillas que dejamos en la playa como gran parte de las que tiramos en la calle, acaban en el mar. «Esto provoca que se distribuya por el ecosistema y que sea ingerido por los peces y organismos vivos del mar y, además, puede incorporarse a la cadena alimentaria y nos lo acabamos comiendo nosotros», concluye Saladié.

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