Un semáforo avisará de los alumnos en riesgo de abandonar los estudios

Un servicio puesto en marcha por el IMET en colaboración con los institutos realiza un seguimiento de los alumnos de cuarto de ESO que podrían dejar el sistema prematuramente

| Actualizado a 13 abril 2022 14:25
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Los 16 años marcan el fin de la educación obligatoria y el momento clave en que algunos adolescentes terminan por ‘descolgarse’ (muchos, definitivamente) del sistema educativo.

Justamente, con el fin de detectar a los chicos que están en riesgo de abandonar y ofrecerles alternativas, el Institut Municipal d’Educació de Tarragona puso en marcha el curso pasado el Servei d’Orientació d’Àmbit Comunitari (SOAC). Se trata de una iniciativa conjunta del Ayuntamiento de Tarragona y del Departament d’Edcuació en el Marco del Pla de Millora d’oportunitats educatives (PMOE). Dicho plan se implementó a raíz de la pandemia, aunque el concejal de educación, Manel Castaño, explica que la intención es que el servicio siga más allá de la coyuntura.

Seguimiento personalizado

Explica Judith Ferrándiz, coordinadora del servicio, que el curso pasado ya se contactó con los orientadores de todos los institutos públicos de la ciudad, así como de La Salle Torreforta y del Col·legi Joan XXIII. El objetivo era que comunicaran al SOAC los alumnos que ese año (4º de la ESO) habían terminado sin obtener el graduado escolar, los que lo habían conseguido pero con pocas competencias, los que estaban en una situación de especial vulnerabilidad e, incluso, los que cumplidos los 16 habían dejado de acudir al centro.

Una vez identificados, a estos alumnos se les contactó directamente y se les ofreció acceder al servicio, que es voluntario y gratuito. En total el año pasado se contactó con 56 estudiantes y se hizo una intervención directa y seguimiento a unos 20.

Este curso, además de esta comunicación con los orientadores, la idea es aplicar una encuesta durante el tercer trimestre a todos los alumnos de 4º de ESO de los institutos que participan con el fin de ver qué expectativas de futuro tienen; si creen que se graduarán, si pretenden seguir estudiando, qué estudios harán... Cruzando estos datos estadísticos, explica Ferrándiz, se elaborará un semáforo del riesgo de abandono prematuro, en el que los colores, del rojo al verde, serán una referencia de los alumnos sobre los que hay que intervenir.

Vulnerabilidad y momento vital

Relata Ferrándiz que, a la luz de los casos en los que han intervenido hasta ahora, detrás del abandono de los estudios habitualmente hay una mezcla de factores, desde problemas socioeconómicos o familiares hasta problemas de salud. Todo en un momento vital, la adolescencia «y en el que sabes que nadie te va a a poder obligar a ir a clases».

A esta edad es común que no sepan cuál será su camino profesional, pero en muchos casos también hay un gran descontento con las metodologías del sistema. «No todos tienen las capacidades para estar ocho horas sentados y necesitan otras metodologías más prácticas».

Ferrándiz cuenta que también es clave el momento en el que se contacta con los chicos. Con algunos habló después de que llevaran 5 o 6 meses sin hacer nada mientras que sus amigos y compañeros seguían con sus rutinas. «Se han visto en casa, con una desmotivación muy bestia, así que emocionalmente, cuando les hablas de alternativas, es muy bien recibido».

Cuenta que al tratarse de alguien que no está en el centro educativo (donde algunos han tenido problemas por su actitud disruptiva), sino de un profesional externo, están más dispuestos a escuchar.

En el servicio no solo se les orienta para intentar descubrir sus intereses y se les habla sobre las alternativas de estudios que hay en la ciudad, sino que se les acompaña a hacer los procesos, incluso a matricularse si hiciera falta. «No es un perfil de alumnado que esté acostumbrado a tocar puertas y un proceso como hacer unos trámites de manera autónoma se les puede convertir en una subida al Everest», explica.

Este año, además, se ha elaborado un mapa de todos los recursos de formación que hay en la ciudad. Dicho mapa también se hará llegar a los orientadores de los institutos para facilitar su trabajo.

Los contactos que se han hecho también han permitido hacer red con los servicios públicos y derivar directamente a los alumnos a los distintos centros si hace falta. «No inventamos nada nuevo, se trata de tener claro lo que hay, que es mucho», explica.

Castaño insiste en que la intención es que el servicio pueda mantenerse en el tiempo. «Queremos que sea un servicio de nuevas oportunidades para chicos que, si nadie vela por ellos, se quedan descolgados no solo del sistema educativo, sino también del laboral y social».

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