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“En El Salvador hubo granjas de engorde de niños robados, y se vendían o regalaban”

Entrevista a Eduardo García Doblas. El activista por los derechos humanos en El Salvador preside la Asociación Pro-Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos

M. Victòria Bertran

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Eduardo García Doblas dio una charla en Tarragona sobre memoria histórica, invitado por Entrepobles. FOTO: Lluís Milián

Eduardo García Doblas dio una charla en Tarragona sobre memoria histórica, invitado por Entrepobles. FOTO: Lluís Milián

Invitado por Entrepobles Tarragona para participar en las Jornades de Memòria Històrica que esta entidad organiza desde 2006, Eduardo García Doblas estuvo en la ciudad para hablar de los niños desaparecidos en El Salvador durante la guerra civil de 1980 a 1992. La entidad que preside, la Asociación Pro-Búsqueda, ha resuelto el caso de 435 menores que fueron robados a sus padres, 267 de los cuales han podido conocer a sus verdaderos progenitores. Fundada por el sacerdote jesuita Jon de Cortina en 1994, Pro-Búsqueda empezó su lucha tras la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

¿Cuántos niños desaparecieron en la guerra civil de El Salvador?

No hay cifra oficial de niños desaparecidos. En la Asociación Pro-Búsqueda hemos visto documentación que da a entender que hubo más de 30.000 adopciones en los 12 años de guerra, y creemos que al menos un 10% de esas adopciones fueron fruto de desapariciones forzadas de niños. Tiene sentido, si se tiene en cuenta que las cifras oficiales dicen que hubo entre 10.000 y 12.000 desaparecidos, que fueran entre 3.000 y 5.000 los niños desparecidos.

¿Es el robo de niños más frecuente de lo que pensamos, en guerras y dictaduras?

Hay mucha similitud entre la desaparición forzada de niños en El Salvador, en Guatemala, en Argentina, en Chile... En un principio, los niños no eran desaparecidos, eran asesinados. Pero como eso le bajaba la moral a la tropa... No es lo mismo matar a un adulto, cuando ya te lo han animalizado, del que te han dicho que es un demonio, que ideológicamente es opuesto, que tener delante a un niño tierno y meterle la bayoneta.

"No es lo mismo matar a un adulto, cuando ya te lo han animalizado, que tener delante a un niño tierno y meterle la bayoneta"

¿La desaparición de niños fue una acción sistemática?

Sistemática y sistémica, porque el aparato del Estado estaba implicado. Había un enfoque muy perverso en los escuadrones de la muerte. El robo de niños fue pieza clave en el engranaje del terror. Con órdenes precisas del alto mando de la presidencia. Y tras la guerra, el aparato estatal siguió funcionando para perpetuar el anonimato, la denegación de justicia, y evitar el descubrimiento de la verdad.

¿Fue el tráfico de niños por dinero un porcentaje pequeño dentro de esa práctica?

No. Hay 14 departamentos en El Salvador, y hay zonas donde la colonia española tuvo mayor presencia. Allí los niños tienen los ojos y la piel más claros, y allí fue donde se dieron más desapariciones y tráfico de niños en comparación con poblaciones más indígenas, con piel y ojos más negros. Hubo más casos de ejecuciones entre estos niños más oscuros.

Eran más fáciles de vender los de piel clara...

Durante el conflicto armado se desmantelaron granjas de engorde. Eran casas donde tenían a 10 o 15 niños, y allí los ponían un poquito más bonitos, los engordaban, los recuperaban de heridas, de la desnutrición, para que fueran más visibles de cara a extranjeros y pudieran tener mejor destino.

¿Se llamaban así, granjas de engorde?

Granjas de engorde. Se han recogido testimonios de esos niños. Algunos dicen: «A todos los dieron en adopción menos a mí», «parecíamos pollitos comprados», «a todos los querían pero a mí me dejaron en un albergue porque era más oscurito de piel»...

¿Los acuerdos de paz de 1992 no decían ni una palabra de los niños robados?

A pesar de las 22.000 denuncias contenidas en la Comisión de la Verdad, no decían nada de los niños. Tuvieron que ser las víctimas, otra vez las madres, las que empujaran la reivindicación. Porque fueron los mismos campesinos los que fueron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y lograron que en 2005 se sancionara al Estado salvadoreño.

¿Por qué era un tabú hablar de la desaparición de niños?

Es más fácil de encajar que hubo asesinatos de adultos, torturas, carnicerías con adultos, que reconocer que también eso se hizo con niños. Eso significaría admitir que quienes implementaron esa estrategia, en este caso las Fuerzas Armadas, perdieron el honor en el combate. Porque no se pudo tener honor en la batalla cuando lo que se hizo fue perseguir a población desarmada a la que se exterminaba sistemáticamente. Y sus hijos también eran exterminados o tratados como mercancía, y se vendían o regalaban.

¿Qué heridas deja en una comunidad este sufrimiento?

Siempre está ese sentimiento de culpabilidad en una madre de no haber hecho lo suficiente para que no le arrebataran al niño aun a costa de la vida. Eso siempre va a existir. Igual que siempre va a existir el que una madre nunca deja de buscar a su hijo.

Es martirizante, ¿no?

Sí, es una tortura emocional. De hecho, la Asociación Pro-Búsqueda tenemos la intención de demandar al Estado salvadoreño por esto. Y porque en El Salvador se sigue desapareciendo a personas.

¿Ahora?

Ahora. Desde 2010 sumamos 12.000 desaparecidos, y la franja más dañada es entre los 15 y los 28 años. No hemos aprendido la lección y estamos garantizando su repetición.

¿Quién realiza ahora las desapariciones?

La delincuencia común, los pandilleros, las maras, y la policía actual y el ejército actual. Hay 150 casos documentados por la Procuradoría de Derechos Humanos en que los autores materiales de desapariciones son las Fuerzas Armadas y la policía en patrullajes y actividades conjuntas de prevención de la delincuencia.

¿Es que las causas del conflicto armado siguen vigentes?

Exactamente. En 1995, tres años despues de los acuerdos de paz, las maras no tenían el nivel organizativo que tienen ahora. Eran un fenómeno incipiente. Mi pregunta es: ¿no serán las maras consecuencia de todo un proceso cruel de postguerra que no ha sido trabajado? Cuando acabó la guerra, no dimos tratamiento psicológico a una población acostumbrada a agredir, a matar, y que en el frente de batalla tenía garantizadas la comida y las balas.

"El problema emocional de El Salvador, por un conflicto cruel que no ha sido adecuadamente tratado, no se soluciona militarizando el país"

¿De ahí el nivel de violencia?

En El Salvador tenemos cada día entre 12 y 20 asesinados. Hemos naturalizado tanto la violencia, que no nos permea. El Salvador tiene un problema emocional en sus raíces que no se ha tratado. Y eso no se soluciona militarizando el país, con más de 13.000 efectivos militares en las calles como tenemos ahora, recordándole a la gente, con tanquetas, que aquí están otra vez las Fuerzas Armadas. No se arregla con represión, el crimen organizado. Yo quiero creer que esos jóvenes mareros todavía tienen una oportunidad de reinsertarse productivamente en la sociedad

¿Qué gobierno hay ahora en El Salvador?

Desde 2009 tenemos en el gobierno a la que era la antigua guerrilla, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). El año próximo hay elecciones al Parlamento, y en 2019 presidenciales. Yo espero que continúe el gobierno progresista.

¿Cómo ha influido el gobierno del FMLN en el proceso de recuperación de la memoria histórica?

El gobierno del FMLN ha creado una Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas que era impensable hace nueve o diez años. Ha mantenido la Comisión Nacional de Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante el Conflicto Armado Interno, porque entiende que es responsabilidad del Estado buscar a los niños, y no solo de una asociación. Lastimosamente, el Estado salvadoreño está compuesto por tres poderes que no son independientes. El más ausente de esta cuestión, el más rebelde, es el poder judicial. Y si la justicia no es pronta, no es en su medida, no es en su momento, no es a cabalidad, a satisfacción del objetivo del ofendido, no es una justicia justa. Es decir, que no es justicia.

¿Qué le parece que en Catalunya y en España esté todavía pendiente la reapertura de fosas del franquismo?

No soy experto en la situación en Catalunya y en España, pero estos temas tienen que abordarse sobre el precepto de conocer la verdad, sea cual sea, y sobre el precepto de que todos y todas somos ciudadanos de primera categoría y tenemos los mismos derechos de acceder a la justicia y de recibir una reparación por el daño que se nos ha causado. Un resarcimiento moral por lo que pasó. Estamos muy acostumbrados al discurso de los políticos, de los dirigentes que dicen y hablan en nombre de las víctimas y de la gente doliente, pero no estamos tan acostumbrados a escuchar de primera voz qué dicen los ofendidos y las ofendidas. Cuando en El Salvador nos acostumbremos como sociedad a mirar de iguales a iguales a las víctimas, a los sobrevivientes de esas carnicerías, vamos a aprender mucho de qué significa memoria histórica y reparación, y qué significa una verdadera reconciliación, que es lo que falta también en España.

Aún hay quien dice que la recuperación de la memoria histórica reabre heridas. ¿Qué opina?

Esta postura busca la imposición del silencio. La imposición de la verdad del victimario. Que si aquí no ha pasado nada, y además ¿para qué?, ya pasó el tiempo, ya los niños son grandes, ya tienen otra familia... Los victimarios tienen esta característica en todos los países. Primero niegan lo ocurrido, después lo minimizan, después atemorizan con lo de reabrir las heridas, y encima transgreden a las víctimas diciéndoles que lo que ellas buscan es venganza. Y la solución solo es una: verdad, justicia y reparación. No hay otra.

“Son las madres las que lideran la búsqueda. Uno se siente bien chiquito a su lado”

¿Cómo fue que usted, un ingeniero gaditano, acabó implicado en la búsqueda de los niños desaparecidos en El Salvador, y al cabo de los años nacionalizado salvadoreño?

Yo venía militando en el Comité Óscar Romero de Cádiz, y cuando terminé la carrera se me despertó la inquietud de viajar al terreno. Se me ofreció la posibilidad de ir a Bolivia, mientras en El Salvador se desarrollaba la Comisión de la Verdad, en la que estaba el sociólogo español Ignacio Cano. Fue fácil la conexión, así que después me marché a El Salvador.

¿Qué edad tenía?

Tendría 23 o 24 años cuando llegué a El Salvador. Me impactó la realidad, y quise repetir. Y lo que se convierte en un mes, se traslada a 25 años. Son ya 25 años trabajando en organizaciones de derechos humanos. Las primeras tareas que yo hice fueron relacionadas con exhumaciones de masacres. Habrán sido unas 600 exhumaciones. Las más recientes han sido en enero de este año. Las de seis niños que fueron asesinados por las Fuerzas Armadas salvadoreñas en la zona de Arcatao: los hermanos Pastor, Gladis y Norberta Serrano, de 3, 8 y 11 años; y José Menjívar Melgar, Milagro Navarro Orellana y José Franco Monje, de entre 4 y 5 años. Estuvimos con sus madres y el Equipo Argentino de Antropología Forense exhumando las osamentas. Fueron inhumados cuando logramos la filiación genética de sus restos. Se ha tardado 30 años en devolverles los hijos a estas madres. La investigación condujo en este caso a que estaban fallecidos. En otros casos se da un reencuentro y traemos a muchachos a lo mejor de Francia, de EEUU, o del propio El Salvador, a conocer a sus padres biológicos.

¿Cómo se comprometió de tal manera con la causa de los desparecidos en El Salvador?

Viendo cómo lo dan todo gente del pueblo que se enfrentan a Goliat y lo hacen de una forma pacífica, y son capaces de generar jurisprudencia, y son incansables en la búsqueda a pesar de que hay un monstruo, un aparato en contra. Uno se siente bien chiquito y bien humilde al lado de ellos. No cuesta acompañar a quienes dan la vida por mejorar la sociedad. Uno lo que hace realmente no es estar ahí de protagonista, sino estar acompañando. Son las madres las que llevan la batuta. Pro-Búsqueda es una organización de campesinos que, entre las diferentes zonas del país, eligen a sus representantes, y esa es la junta directiva. Y la junta directiva me dice a mí como director cuáles son las líneas políticas, y son muy capaces de hacerlo. No es difícil estar en una institución donde son las propias víctimas las que tienen la claridad y el lideraje. Lo único que hace uno es ser un poco portavoz. Uno lo que hace es colaborar.

¿Son las mujeres las que lideran la búsqueda de los niños?

La lucha incansable tiene rostro de mujer, y de mujer campesina. Las mujeres son, en Latinoamérica y en otros países, ciudadanas de segunda clase. Se le niegan sistemáticamente los derechos, y el machismo la sigue teniendo oprimida. La gente olvida con mucha facilidad cómo esa mujer era guerrillera y combatía de mano a mano con un hombre contra la injusticia. La guerra se cebó en el cuerpo de las mujeres y en sus hijos. A una mujer, a una madre, nunca se le olvida eso.

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