Cultura Entrevista

Damir Ovčina: «Recordar el cerco de Sarajevo es recordar mi juventud. Ahora me doy cuenta de que la vida es algo grande»

El autor bosnio ha tardado veinte años en escribir Plegaria en el asedio, publicada por Automática Editorial. La novela, inspirada en sus propias vivencias, retrotrae al lector a aquella guerra, una de las más dolorosas de Europa.

Gloria Aznar

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El escritor bosnio Damir Ovčina. Foto: cedida

El escritor bosnio Damir Ovčina. Foto: cedida

Sarajevo, primavera de 1992. Un joven bosnio de 17 años queda atrapado de repente, sin preverlo, en el barrio de Grbavica, ocupado por las tropas serbias. Allí permanecerá casi cuatro años, separado de su familia y, como parte de un pelotón de trabajo, obligado a enterrar a los muertos. Esta es la historia inicial de Plegaria en el asedio, la primera novela de Damir Ovčina, publicada por Automática Editorial. Una obra que tiene un trasfondo autobiográfico, aunque el autor no desvela qué separa una línea de la otra. Es un relato duro, impactante, que retrotrae al lector a una de las peores guerras en el corazón de Europa, a una de las vergüenzas del viejo continente. Pero también es un canto a la vida y a la lucha por vivirla. La obra, adictiva para el lector, tardó más de dos décadas en tomar forma en la pluma de Ovčina.

¿El protagonista es usted?
Los personajes toman lo que requieren del mundo. El protagonista de la novela tomó todo lo que quiso de mí, pero lo utilizó a su modo. Exploro el mundo desde mi propia experiencia, pero voy más allá acercándome a los hechos posibles y verosímiles. La literatura no es contar una vida. La literatura es emplear lo que sabemos para crear algo profundo, intenso y conciso.

No hay nombres. ¿Significa que podrían hacer referencia a cualquier persona en aquella situación?
Los nombres simplemente no encajan en mi literatura. Es algo a lo que me tengo que enfrentar. Mi estilo se ajusta con sus propias reglas a cada detalle de la vida. Y lo que siento es mejor sin nombres. Pero sí, estoy de acuerdo en que los nombres no importan mucho. En nuestro mundo y especialmente en nuestra guerra los nombres eran historias. A menudo historias muertas. Tuve que encontrar la manera de mostrar eso.

«La lectura ha sido siempre una de las mejores formas de entender y superar los trances de la vida. Así que recuerdo los momentos que tuve para leer. No cualquier cosa. Leer buenos libros siempre que hubiera luz del día»

El protagonista queda cercado en Grbavica de repente. ¿Esto fue así? Es decir, ¿no se preveía un ataque de las fuerzas serbias como el que se produjo?
Totalmente. Así es como fue. La mayoría de la gente no lo vio venir o no se lo tomó realmente en serio. Probablemente no quiso verlo como era en verdad. Y así sucede todavía hoy. Los serbios implicados en el sitio de Sarajevo fueron cautelosos, pero aun así era obvio y se podía saber lo que iba a suceder. El personaje de mi novela dice en algún momento lo siguiente: «No podía imaginarme lo que se venía encima. Ese es el problema. La falta de imaginación».

España todavía no ha superado la guerra civil. Usted ha tardado 20 años en escribir este libro. ¿Cuándo cree que los Balcanes superarán lo sucedido?
Probablemente haga falta mucho tiempo. Después de finalizar la guerra me pareció que las personas podrían mirar hacia adelante y avanzar. Pero las almas y los corazones no son tan fáciles de persuadir. Sentimientos como la injusticia se arraigan profundamente en nosotros. La traición. La soledad. La ignorancia. Es muy fácil adoptar la mentalidad de víctimas. Y esa forma de pensar es peligrosa. Las personas necesitamos alguna forma de justicia. Necesitamos objetivos claros. Instrumentos sociales. Vivíamos en una sociedad en la que se esperaba todo de Tito. Y hoy es parecido. La gente a menudo sigue esperando que venga un tercero a resolver sus propias vidas.

«Sentimientos como la injusticia se arraigan profundamente en nosotros. La traición. La soledad. La ignorancia. Es muy fácil adoptar la mentalidad de víctimas. Y esa forma de pensar es peligrosa»

A lo largo del relato, cuando habla de asesinatos o matanzas, hace referencia en diferentes ocasiones a ‘el chico que iba a la escuela’. ¿Cómo es la convivencia actualmente?
Sarajevo es diferente después de la guerra. Algunos se quedaron en la ciudad y otros se fueron a otros vecindarios donde se sentían mejor. La mayoría de aquellos contra los que luchábamos están en la misma ciudad, pero en otro distrito administrativo. Viviendo cerca, y de esta forma viene el extraño sentimiento de que el mal es muy fácil de organizar y de que no son muchos los que, aún hoy, están dispuestos a confrontar lo que se hizo en su nombre. En nombre de la etnia, de la religión, de la ideología o de cuaquier otra cosa. Es muy fácil reconocer y enfrentar el mal en otros, pero muy difícil cuando se trata de reaccionar contra algo a lo que uno pertenece.

¿Cómo vivió usted el cerco?
Era un soldado. La mayor parte del tiempo. Mis recuerdos de ese tiempo de algún modo son claros. Gran parte de mi vida se estructuró y forjó durante ese periodo. Tuve la idea clara de lo que quería hacer y con quien quería vivir en el futuro. Recordar ese tiempo es recordar mi juventud. Ahora me doy cuenta de que la vida es algo grande. Y tenemos que saber valorarlo. Eso es lo que la literatura quiere de nosotros. Que amemos la vida.

¿Qué recuerda?, ¿o prefiere no hacerlo?
Recuerdo casi todo lo que sucedió. La mayoría de las cosas fueron duras, peligrosas. También hubo momentos de aburrimiento. La falta de libertad me llevó a repensar modos de encontrar esa libertad en mí. La lectura ha sido siempre una de las mejores formas de entender y superar los trances de la vida. Así que recuerdo los momentos que tuve para leer. No cualquier cosa. Leer buenos libros siempre que hubiera luz del día. Las personas importantes para mí sobrevivieron y aún eran jóvenes. Eso es un milagro desde la perspectiva de hoy en día. El mayor milagro de todos. Los seres queridos con vida.

El protagonista dice que le gusta la literatura bien escrita, ¿y a usted?
Eso es lo que hago. Lo que soy. Un lector. Eso es lo que me mantuvo centrado y positivo. Implicado en la realidad. Consciente. Pero encontrar literatura que merezca la pena no es tan fácil. Cuanto más leemos más necesitamos. Cuanto más necesitamos menos encontramos.

«Las personas importantes para mí sobrevivieron y aún eran jóvenes. Eso es un milagro desde la perspectiva de hoy en día. El mayor milagro de todos. Los seres queridos con vida»

¿Usted confiaba en que no amaneciera?
Las dos cosas. Que lo hiciera y que no. Pero siempre es mejor vivir el día a día. Pequeñas metas. Pequeñas victorias. Ir reuniendo soluciones cada día. Una meta clara diaria. Eso es la guerra. Cada día con vida es una victoria.

¿Escribe como habla?
Al menos lo intento. Escribir debería ser algo relajado y fluido como hablar e incluso pienso que hablar debería ser algo tan serio como escribir. Hablamos demasiado. Nosotros, la gente. Eso es lo que somos: habladores.

«Nadie de fuera puede resolver nuestros problemas. Depende de nosotros. Nuestras vidas, nuestro mundo, nuestras soluciones, nuestra responsabilidad»

Describe los hechos de forma mecánica, procurando no imbuirlos de sentimientos en muchas ocasiones. ¿Es una manera de superar la situación?, ¿alejándose de ella?
Ambas cosas. Las emociones deberían sentirse en las historias sin tener que señalarlas. Las emociones son lo que la gente persigue en sus lecturas. Y la literatura tiene una forma única y especial de llevarlas a los lectores.

«Pequeñas metas. Pequeñas victorias. Ir reuniendo soluciones cada día. Una meta clara diaria. Eso es la guerra. Cada día con vida es una victoria»

¿Se puede construir una ‘normalidad’ en el horror de la guerra?
Quizá no del todo una normalidad, pero la disciplina fue clave. Estar centrado. Entrenar, practicar cualquier cosa y permanecer fuerte. Estar en forma. Esa fue siempre la solución. De todas formas, la guerra tiene un millón de caras y un millón de experiencias. Y ante cualquier ataque había que estar activo. Y ser positivo. No es algo fácil pero casi siempre ayuda.

¿Qué opinión le merece o le mereció en su momento la intervención internacional o la falta de ella durante tanto tiempo?
La presencia internacional es, al fin y al cabo, valiosa para nosotros. A pesar de su planteamiento burócratico y la falta de implicación real era algo mejor que no tener nada. Aunque nadie de fuera puede resolver nuestros problemas. Depende de nosotros. Nuestras vidas, nuestro mundo, nuestras soluciones, nuestra responsabilidad.

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