‘Viaje a Oriente’ inspirado en Fortuny y Sorolla

BCN. En el Museo Diocesano los óleos dialogan con otras miradas a Oriente como las expediciones del padre Ubach

| Actualizado a 22 enero 2022 13:39
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Dicen que todos los caminos conducen a Roma. En esta ocasión la peregrinación es artística a través de la exposición Viaje a Oriente con óleos del reusense Marià Fortuny, Joaquín Sorolla, Antoni Maria Fabrés i Costa, Lluís Masriera, Joaquim Agrasot, Josep Benlliure y Sánchez Barbudo, entre otros. Un diálogo que se complementa con otras miradas a Oriente, como la que ofrece el padre Ubach, monje biblista benedictino, en sus expediciones. La exposición, impulsada por el Museo Diocesano y la Catedral de Barcelona, se podrá visitar hasta el próximo 22 de mayo en el Museo Diocesano de Barcelona y la sala capitular de la Catedral de Barcelona.

El comisario de la exposición, el Dr. J. Óscar Carrascosa, especialista en relaciones entre artes plásticas y literatura, explica que «Viaje a Oriente tiene un enfoque multidisciplinar y, por esta razón, aunque el núcleo es pictórico, con una cuarta parte de las obras firmadas por Marià Fortuny y otros artistas como Sorolla, Agrasot…, la hemos complementado con la mirada del padre Ubach quien trasmite a través de sus diarios y fotografías su pasión por el conocimiento directo de la geografía del Antiguo Testamento, lo que le lleva a recorrer las orillas del Tigris y el Éufrates».

La selección de obras de la exposición procede de seis prestadores, entre ellos el Museo de Montserrat, la Fundación Fran Daurel, colecciones privadas, así como una selección de piezas procedentes de los fondos del Museo Diocesano.

Fortuny, maestro internacional

La muestra pictórica se estructura en diferentes ejes temáticos repartidos en tres salas. En la primera se incluyen las secciones Espiritualidad y Fortuny, maestro internacional del orientalismo; el segundo espacio está formado por Modelos compartidos y Espacios icónicos; y la tercera sala por Tipos: odaliscas y tipos masculinos y Escenas costumbristas.

De este modo, la exposición ensalza al reusense Marià Fortuny como «el máximo exponente de la pintura orientalista, interesado en transmitir mediante su vibrante pincelada la cultura y la religión de los lugares del norte de África que conoce de primera mano, sus habitantes y su arquitectura». Así, entre las diez obras de Fortuny presentes destacan los óleos: Un marroquí, Moro en Tánger, Gitano, Paisaje, Atlas, así como las acuarelas El rezo del árabe, y la titulada Fumador, junto a varios dibujos como Zoco en Tánger, o el que realiza sobre un Vaso nazarí de la Alhambra.

«Marià Fortuny es el gran maestro del orientalismo, ya que en sus obras realizaba una labor de reproducción fidedigna de la realidad», explica el comisario de la exposición, quien añade que «incluso aprendió nociones de árabe para poder integrarse mejor y desarrollar su producción pictórica orientalista».

Si bien, el prematuro fallecimiento del pintor reusense a los 36 años truncó su trayectoria artística. «Estaba en el momento álgido de su carrera, aunque también atravesaba una etapa difícil porque, aunque estaba empeñado en seguir evolucionando como pintor, los comitentes que tenía le pedían obras más tradicionales de las que quería escapar para evolucionar. Por ello, de no haber fallecido tan joven, quién sabe por qué otras corrientes podría haber seguido trabajando», afirma el Dr. J. Óscar Carrascosa.

A los lienzos de Fortuny, le acompañan «dos óleos de Joaquín Sorolla que muestran su interés por la representación de la caracterización árabe, entre ellos una de sus mejores obras orientalistas Árabe examinando una pistola junto a una Odalisca», mientras que la maestría del barcelonés Antoni Maria Fabrés i Costa se refleja en óleos como Enseñando el Corán, Zíngara o en el dibujo Árabe con espingarda; y de Agrasot, amigo cercano de Fortuny, se incluye, entre otras, una magistral representación suya de un Viejo de espaldas.

Del valenciano Josep Benlliure en el óleo La prédica se aprecia la influencia tanto de Fortuny como de los Macchiaioli; y el jerezano Sánchez Barbudo refleja la luz de Tánger. A estos artistas se les suman las obras de Lluís Masriera, el valenciano Navarro Llorens, el granadino Mariano Bertuchi; y pintores orientalistas europeos como los franceses Benjamin Constant con su Zoco árabe, Victor Huguet con el Campamento beduino, junto al belga Frank Kaspar Huibrecht Vinck o el italiano Tomassi.

Todas estas miradas artísticas se encauzan en un mismo diálogo junto a, explica el Dr. J. Óscar Carrascosa, «una serie de elementos documentales y piezas que provén de corporeidad a dicho discurso, como un brazalete Masriera que acompaña a una odalisca pintada por Lluís Masriera, una primera edición del Dietario de un pelegrino a Tierra Santa de Jacint Verdaguer, con una dedicatoria a Mossèn Almera y un cuaderno de notas del mismo Almera». De este modo, la exposición invita a reflexionar sobre el Oriente real y el imaginado por pintores y escritores de una de las corrientes estéticas más relevantes del siglo XIX que pervive hasta entrado el siglo XX, el orientalismo.

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