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El rugby también es un deporte de chicas

Las ‘Putes filles del Vent’ abren el camino del balón ovalado en Tarragona. Bajo el paraguas del Club Rugby Tarragona el equipo buscará este domingo el título de campeonas de Segunda Kopparberg

Jaume Aparicio

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El deporte femenino nunca lo ha tenido fácil. En una sociedad cargada de estereotipos que tienden a marginar a la mujer, ha hecho falta mucha persistencia para derribar esas paredes que pretendían mantenerlas sumisas y apartadas. «Esto no es para mujeres». Una frase que miles de deportistas habrán tenido que escuchar en multitud de deportes. Ha hecho falta mucha valentía y un apasionamiento por el deporte para abrirse camino.

En Tarragona, el rostro de esa osadía en el mundo del rugby es el de las 21 jugadoras que componen el femenino del Club Rugby Tarragona. O mejor dicho, las ‘putes filles del vent’, sobrenombre que se otorgaron y que lucen con orgullo incluso en las camisetas que venden en ‘el niu’, la caseta/tienda oficial de los Voltors en el Complex Esportiu de la Laboral. «Es un poco duro, pero es así como nos llamamos», explica Aurora Pérez, su capitana.

Ella fue una de las pioneras hace que diez años decidieron formar un equipo de rugby femenino en Tarragona. Pronto vieron las enormes dificultades que tenían para componer un equipo de la ciudad. No había jugadoras suficientes. 

En Valls y Reus tenían el mismo problema, así que unieron esfuerzos. Juntaron filas y salieron a competir todas juntas en representación de todo el Camp de Tarragona. Luego se añadieron jugadoras de Vilanova y hasta Santa Coloma. Iban saltando de ciudad en ciudad. Donde mejor encaje encontraban, allí adoptaban el nombre y el campo.

El último escenario que pisaron fue el campo de rugby de Reus que dejó paso a los nuevos campos de entrenamiento del primer equipo del CF Reus Deportiu. En definitiva, un equipo ambulante en busca de una identidad que sobrepasaba la territorialidad. Así nació el curioso sobrenombre.

La precariedad del rugby femenino hizo durante los primeros años tuvieran que competir en la misma categoría que jugadoras semiprofesionales. «Sólo había una categoría para todas y jugábamos ante equipos que tenían a jugadoras de la selección española de rugby a 7, que acababa de ganar el Mundial de la categoría», señala Aurora.

Aurora Pérez, capitana de las Voltors

Este curso hay Primera, Segunda y la liga de desarrollo. Las Voltors han podido competir en dos fases. En la primera, una liguilla de seis equipos para clasificarse de cara al segundo tramo. Las Voltors consiguieron el segundo puesto con un balance de 4 victorias y 1 derrota.

Tenían el billete para la Primera división Catalana Kopparberg. Lo rechazaron. «Somos una plantilla corta. Ya nos ha pasado otras veces que jugamos en Primera y luego entre lesiones y otros problemas no hemos podido disfrutar de la competición como lo hemos hecho en Segunda», explica la capitana de las Voltors.

Entre la frustración de tener que renunciar a Primera y el orgullo de ver cómo han luchado sus pupilas para jugar la final del domingo, se encuentra Arkaitz Ibarguen. El técnico de Arrasate forma tándem con José Antonio Lahuerta, miembro de los Voltors desde hace 30 años. «Llegar a la final entraba dentro de las previsiones, porque teníamos nivel para jugar en Primera, pero pese a ello las chicas no se han confiado y han peleado duro para llegar», comenta.

Arkaitz Ibarguen, técnico de las Voltors.

Es su primer año como entrenador de rugby femenino y aunque había visto las dificultades que tiene el rugby masculino para sobrevivir en el poco espacio que permite el fútbol, al frente de las ‘Voltors’, ha sido aún más consciente de las barreras divisorias existentes entre hombres y mujeres. «Es un deporte que parece violento y a los padres no les hace gracia que sus 'princesitas' se metan a jugar y lleguen a casa magulladas. Pero no es así. No es un deporte violento. Está todo controlado y entrenado. No las mandamos al campo a lo loco. Hay preparación específica para cada posición. Los padres tienen que ver que también es un deporte digno para chicas», detalla Arkaitz que ya ha iniciado a su propia hija en el balón ovalado.  Lahuerta comparte esa misma visión. «Tenemos que romper la barrera de que no es un deporte de chicas. Y tanto que lo es». 

A diferencia de otros deportes, el rugby no tiene ningún condicionante físico para practicarlo. No hace falta ni ser alta, baja, fuerte o delgada. En el masculino, por ejemplo, sí que hay posiciones en la que los jugadores tienen más cuerpo. Son más grandes y fuertes. En la versión femenina no «porque las jugadoras de esas posiciones suplen esas carencias físicas con otras virtudes», especifica Aurora de la Torre.

Las ‘putes filles del vent’ han puesto las semillas que todas confían puedan dar sus frutos en el futuro. En la última Trobada d’Escoles del Club Rugby Tarragona se vieron chicas en el Sub8. Un par. Pero algo es algo. «Suben a cuentagotas pero es importante el trabajo de la Escola para hacer cantera. El objetivo es conseguir tener un equipo Sub16 femenino. Mañana no, lógicamente. Pero en 5-6 años, ¿por qué no?», comenta Lahuerta.

José Antonio Lahuerta, técnico del femenino del Club Rugby Tarragona

Mientras, esperan que la Universidad Laboral pueda seguir ayudando al primer equipo a tener jugadoras suficientes sin dejar de explorar otras vías como las que llevaron a descubrir a Maika. Una madre de dos de los niños que acudían a la escuela que quiso probar y acabó formando parte del equipo. «El rugby engancha. Sólo hace falta que lo prueben», ríe Aurora.

Este domingo el equipo tiene una gran cita. La final de la Segunda Kopparberg ante el INEF Lleida. Jugarán en el campo de campo de rugby de Pomar de Cinca, en Huesca. A 60 kilómetros de Lleida y 160 km de Tarragona. «Hubiéramos preferido un campo más neutral. Tendremos más tiempo para concentrarnos», suelta resignada la capitana. Lahuerta y Arkaitz lo tienen claro: «Están preparadas. Viendo el último partido en semifinales, un partido precioso aún siendo pocas, estamos seguros que lo sacarán adelante. Quieren ganar y vamos a ganar». 

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