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¡En nuestra casa, no!

El Girona quería vivir en Tarragona un ascenso que se pospone. Llegaron con ánimos de celebrar una fiesta que se volvió grana

Iñaki Delaurens

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Imagen de jóvenes aficionados del Nàstic ayer en el Nou Estadi.

Imagen de jóvenes aficionados del Nàstic ayer en el Nou Estadi.

El Girona vino a Tarragona como si de una fiesta se tratara. Querían celebrar un ascenso anunciado a bombo y platillo que a día de hoy todavía puede torcerse. En cualquier caso, más de 2.000 hinchas rojiblancos se repartieron por el Nou Estadi, dispuestos a celebrar su ansiado salto a Primera División.

El debut de Nano no podía tener un escenario más engorroso. El Girona contaba con el apoyo de una hinchada que se hizo notar en el Nou Estadi desde primera hora. El gol de Maffeo en el minuto inicial ponía más cuesta arriba aún el desafío grana por la salvación. 

Imagen de los aficionados detrás de los banquillos del Nou Estadi de Tarragona. Foto: Pere Ferré

A todo esto, los forofos norteños se pasaron el primer tiempo de celebración. Estaban a un paso de la élite, mientras entre la gradería local se imponía un silencio que no auguraba mucho optimismo. El estreno de Nano al frente del Nàstic y como primer técnico en el fútbol profesional tuvo una puesta en escena peliaguda. Un marrón, vamos. 

En la media parte algo cambió. No es que estuvieran haciendo un mal partido los grana. Pero los tarraconenses volvieron con una mejor versión al pasto, como si hubieran dado un sorbo a la poción de Panoramix. Y es que la lucha era semejante a la de los galos contra el César. El pequeño, en este caso, era el Nàstic, y el grande, el Girona. No sólo por ser virtualmente de Primera, también por el apoyo que se le ha dado por parte de medios de comunicación de Catalunya. Además, han relegado al Nàstic a la categoría de forastero y al Girona lo han catalogado como club insignia del catalanismo en Segunda. Una situación injusta y parecida a la que se vivió en el famoso play off contra el Llagostera.  

Imagen de los seguidores del Girona en la zona ‘Preferente’ del Nou Estadi. Foto: Pere Ferré

En cualquier caso, la tónica se moldeó tras el descanso. El temprano gol de Barreiro resucitaba al Nou Estadi. Quién sabe si empujados por la hinchada, pero el Nàstic adelantaba líneas con una facilidad que no había hallado en el primer acto. En esta relación fraternal, afición y jugadores iban creyendo cada vez más en la remontada. Uche, con un zapatazo desde casi tres cuartos de campo volvía a encender el campo. Y el tercero ya fue la explosión definitiva. 

El Girona no daba crédito a su mala fortuna. Pero no deben caer en el pánico, porque subirán. El rival contra el que lo querían conseguir tenía demasiado en juego como para permitirlo. Así que mucha suerte en estas dos jornadas, pero como cantaba el Nou Estadi: «¡En nuestra casa, no!».

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