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Raúl Marín, el general del gol

35 goles en 19 partidos encumbran al capitán del Reus, líder de artilleros de la OK Liga. Va camino de su tercer pichichi consecutivo

Marc Libiano

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Raúl Marín celebra un gol con el Reus Deportiu. Foto: Alfredo González

Raúl Marín celebra un gol con el Reus Deportiu. Foto: Alfredo González

El día que Raúl Marín (Reus, 1986) se convierta en un actor riguroso, en un experto de la geometría, perderá el ángel, su magia, el encanto. Probablemente nunca logrará convencer a los gurús de la estrategia, porque él prefiere una película de dibujos animados. Detesta las cadenas. Si le comprendes, si aceptas sus infiernos, disfrutarás de un tipo de 50 goles por temporada. Y eso cotiza a precio de oro en la bolsa. 

Marín vive un período de madurez fascinante en el Reus, el club que le educó y en el que siempre ha sentido su esencia. Es el capitán desde que regresó de una aventura profesora en Can Barça. Su idilio con el gol no se ha modificado. En eso es un Dios venerado por los niños. La mayoría de los canteranos quieren parecerse a Marín.

Alfredo González

35 aciertos en 19 partidos vuelven a coronar su efectividad en la lista de máximos artilleros de la OK Liga, esa competición doméstica que premia la regularidad y la perseverancia. El registro resulta demoledor. Este sábado, en Palafrugell, añadió cuatro goles más al repertorio. Consolidó un estado de forma deslumbrante. El curso pasado coronó el pichichi con 38 dianas en 30 fechas. En el actual va camino de récord. Desde que volvió a casa, a la calle Gaudí, en verano de 2015, el reusense ha conquistado dos pichichis consecutivos. Viaja hacia el  tercero, a ritmo de vértigo.

El tránsito actual del capitán no se inauguró con sencillez. Tardó en asimilar la nueva idea de Jordi Garcia, un técnico que no sólo confía en el talento individual de sus chicos, también los ha ordenado en torno a una hoja de ruta. En el sistema se demoró en cuajar Marín, acostumbrado a manejarse como un alma libre. El consumo del tiempo, alguna que otra tensión y la comprensión, el ceder de las dos partes, han terminado por encajar al atacante, que hoy conserva un status elegido dentro de la plantilla. Justo cuando el Reus ha hallado su mejor versión, Marín ha roto a jugar. En realidad, solo se trata de un conjunto de intereses comunes. 

De aspecto rimbombante, con parte de su rostro tatuado y sin un pelo en la testa, Marín salta a la vista, no sólo por la estética. Su juego deslumbra a los paladares del espectáculo. Lo suyo tiene que ver con la improvisación, los golpes de genio, la capacidad para decidir noches en segundos de inspiración. Como cuando los poetas se iluminan tomando un buen tinto de Rioja, a solas, lápiz en mano y el papel en blanco. Lo del gol ya lo llevan sus genes. De pequeño se acostumbró a celebrar. Esconde sus defectos tácticos con puñados de oro en precisión

Marín posa con su hijo Hugo, que ya aprende a patinar en el mismo Reus Deportiu.

En Reus, el capitán presume de haber cumplido sueños de niñez. En mayo de 2017 alzó la octava Champions en Lleida, ese título que todos los humanos desean tocar. Marín simbolizó, aquella tarde, la sonrisa y el orgullo de miles de hinchas, asombrados por la gesta del Reus, cuando apenas nadie le había invitado a ese baile. Ni siquiera la culminación de una especie de fábula ha saciado el apetito del equipo, tampoco el de Marín, inconformista por naturaleza, adicto a la presión. El Reus ha cultivado un hábito interesante. Ganar sin desmayo.

Un especialista
Entre los servicios que aporta esta especie de depredador inaudito se encuentra la extrema destreza para convertir las faltas directas. Un registro decisivo en el hockey actual. Dicen las estadísticas que más de un 50 por ciento de los partidos se deciden bajo los efectos del juego parado. Los números de Raúl no engañan, hablan con sensatez. De los 35 aciertos que acumula, 13 se han dado desde el punto de tiro directo. Un 59.9 por ciento de efectividad, el porcentaje es abrumador. 

Si el destino no lo impide, el reusense cerrará su carrera en casa. Con 32 años mantiene contrato con el Reus hasta junio de 2019, aunque cuenta con la consideración de la planta noble por su compromiso con la causa. También fue exponente indispensable en la Liga que el Reus conquistó en 2011, cuando además se apuntó el primer pichichi del campeonato nacional de su carrera. En el templo ha experimentado los sentimientos de mayor alboroto. De ahí que su relación con el Reus quede marcada de por vida.

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