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Un mar de dudas

La cruel derrota en Elda vuelve a poner el foco en el técnico Raül Agné y enrarece aún más un ambiente cargado y de constantes sospechas desde el primer día

| Actualizado a 04 octubre 2022 07:00
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Raül Agné nunca ha tenido la confianza de la afición del Nàstic. Las dudas sobre su contratación aparecieron nada más anunciarse su fichaje. Reprochaban al Consejo grana la contratación de un técnico que en los últimos años solo había cosechado ceses en Córdoba, Cádiz y Tenerife. Sin medir, que todos ellos, habían sido en Segunda División. Una categoría por encima.

El récord de victorias consecutivas en el Nou Estadi dio un pequeño respiro. Casi por obligación, porque fuera de casa el equipo no convencía. La victoria a domicilio se retrasó hasta la segunda vuelta y el juego del equipo desesperaba por su conservadurismo. Precisamente, el técnico llegó a ese triunfo visitante en Sevilla ante el Betis Deportivo con la soga al cuello. Salvó el ‘match-ball’ y aguantó hasta el final de curso. Pudo caer antes. Seguramente, en otra época más caliente en Tarragona, no hubiera pasado de la derrota en Sabadell (2-0). Quién sabe si en pos de la estabilidad o del hastío, el club decidió aguardar al final. Salió bien. En un final inesperado se logró meterse en el play-off. Fue el único momento de paz que tuvo Raül Agné.

El equipo no varió en ningún momento su estilo. Agarrados a una defensa espartana y a la azarosa efectividad de sus delanteros. Pero fue práctico para ganar al Racing Ferrol y plantar cara al Villarreal B. Insuficiente, eso sí, para sacar el billete a Segunda División.

Pocos dudaron de su continuidad. Aunque ahora saldrán montones de voces asegurando, por activa y por pasiva, que «ellos ya lo decían». La verdad es que fue una renovación plana. Ni celebraciones, ni protestas. Más lógica que otra cosa. ¿Cómo vas a largar al entrenador que te ha llevado a las puertas de Segunda?

Pero este curso no ha empezado nada bien. Se pasó el empate en casa contra la UD Logroñés en el debut porque se escapó en los minutos finales. En La Nucía se inició un lejano murmullo que la derrota ante el Intercity en el Nou Estadi se convirtió en las primeras voces críticas. La victoria se resistió en Calahorra y el volumen de los detractores ya era bien audible. Daba la sensación que algunos estaban aguardando a la mínima ocasión para saltar al cuello del técnico.

Lo cierto es que poseen argumentos. Algunos más irrefutables que otros, eso sí. El juego del equipo es insostenible. Por mi bien que se le dé, porque se le da bien, es tan rancio pasarse el partido defendiendo, que cuando sale mal, huele demasiado. Si sale bien, como frente al Amorebieta, se convierte en un aroma asumible, aunque sigue siendo el mismo olor. El resultadismo futbolístico obra milagros.

La dirección deportiva encabezada por David Comamala entregó herramientas (jugadores) para mejorar la faceta creativa. En pretemporada daba pinta que así iba a ser. Las lesiones y los primeros resultados han hecho que el equipo se refugie de nuevo en el tradicionalismo. Para muestra, el partido ante el Eldense. Raül Agné apostó por un 4-3-3 con el objetivo de ganar presencia en la medular y ofrecer más posesión. Pero los 45 primeros minutos fueron de claro dominio local. Así que tras el paso por el vestuario, en el descanso, el equipo volvió a su dibujo habitual el 4-4-2. El cambio se tradujo en el 0-1 y la posibilidad de ampliar en 0-2 o 0-3 ese resultado. Pero también llevó a que los futbolistas recularan cada vez más. Ante un rival herido tras fallar un penalti y encajar un gol, el Nàstic se apostó en defensa, permitiendo que con posesión y metros los locales fueran creciendo.

La introducción de Trilles como tercer central fue irrelevante. El equipo estaba cerrado. Metido en su propia área. De hecho, en un contexto de defensa total, de achicar agua sin parar, a falta de menos de cinco minutos, un hombre más suele ayudar. Reduces espacios. Sin embargo, ocurrió lo que le encanta que suceda al espíritu caprichoso del fútbol: llegaron los goles rivales y la remontada dejando al Nàstic sumido en un mar de dudas.

¿Qué sucederá? Pues lo de siempre. Un ultimátum, la presión de ganar en casa al Real Murcia y la rumorología desatada sobre los posibles recambios para el banquillo. Fútbol de toda la vida.

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