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En busca de la felicidad

La Economía de la Felicidad empieza a entrar entre las áreas de estudio de los economistas, que no dudan en vincular sociedades y trabajadores felices con mayores índices de creatividad, innovación y productividad

Rafael Servent

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La ‘Economía de la Felicidad’. Un concepto que empieza a calar y que va más allá del clima laboral o de la motivación de equipos. Porque la felicidad no es algo que pertenezca sólo al ámbito privado y personal, sino que tiene un impacto significativo en las economías y las empresas. Influye, entre otros aspectos, en nuestra motivación. Y, en consecuencia, en que nuestras sociedades y organizaciones sean más o menos productivas, creativas o innovadoras.

Un vistazo al último ranking por países contenido en el World Happiness Report 2017 muestra claramente esa correspondencia entre una alta percepción en el grado de felicidad y la pertenencia, en muchos casos, al grupo de países que suelen liderar los índices de desarrollo humano elaborados por la ONU. ¿Quiénes se perciben como más felices en el mundo, en una escala del cero al diez? Noruegos (con una nota media de 7,537 puntos), daneses (7,522), islandeses (7,504), suizos (7,494), finlandeses (7,469), holandeses (7,377), canadienses (7,316), neozelandeses (7,314), australianos (7,284) y suecos (7,284) lideran el ‘top diez’ de los más felices en un ranking de 155 países, donde los españoles ocupan la posición 34, con una nota media de 6,403 puntos.

En el último Índice de Desarrollo Humano de la ONU, compuesto por indicadores referentes a la esperanza de vida, educación y renta per cápita, los protagonistas son prácticamente los mismos. Encabeza también aquí el ranking Noruega, seguido por Australia, Suiza, Dinamarca, Holanda, Alemania, Irlanda, Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda, mientras España ocupa el puesto 27 en este ranking integrado por 188 países.

Así que sí: parece que la felicidad importa y hace que pasen cosas positivas. Aunque, hoy por hoy, la ‘economía de la felicidad’ sea un área todavía muy poco explorada en ciencias sociales. Una de las personas que más horas le ha dedicado en Catalunya a esto es Josep Maria Coll, profesor de EADA Business School y autor del libro Economía de la Felicidad, que no duda en vincular felicidad con motivación, al alertar: «Estamos viviendo una epidemia de desmotivación, y va en aumento».

Lo dice él y lo dice la consultora Gallup, que asegura que un 87% de los trabajadores de todo el mundo se sienten desmotivados. Lo cual no es precisamente una buena noticia. Menos motivación implica menor productividad, menor creatividad, menor innovación... con un causante claro: nuestra falta de felicidad.

Aquí es donde podemos abordar la ‘economía de la felicidad’ desde la parte más macro, pero también aterrizarla a la microeconomía de las organizaciones. Josep Maria Coll es directo en la segunda forma de encararlo: «La empresa que se permita tener empleados desmotivados [es decir, infelices] perderá talento y estará condenada a la extinción, porque el valor lo generan las personas». Lo mismo vale para el conjunto de nuestras sociedades y las políticas económicas.

«Hoy -explica Coll sobre este enfoque más macro-, lo que se plantea es cómo diseñar una economía al servicio de la felicidad teniendo en cuenta una Cuarta Revolución Industrial donde, por primera vez, las máquinas piensan» y se prevé una sustitución de personas por robots e inteligencias artificiales en ámbitos tan diversos como el transporte, las tareas administrativas o la enseñanza sin que (también por primera vez en la Historia) se compense el cien por cien de los empleos que se destruyen. Es decir: llegan tiempos en los que la digitalización va a destruir más puestos de trabajo de los que creará.

«Esto -destaca Josep Maria Coll, de EADA- cambia la manera en cómo nos organizamos la vida socialmente. Ahora trabajamos para ganarnos la vida, pero en 20 ó 30 años no tendremos que trabajar para vivir». En otras palabras: trabajar por amor al arte. ¿Y vivir del aire?

Con las reglas del juego actuales (las mismas que hemos tenido durante siglos), es algo extraño de concebir. Pero existen consensos sobre ese cambio de paradigma y esa transición hacia la ‘Economía de la Felicidad’. La Renta Básica Universal (RBU) se erige de nuevo aquí como una herramienta clave para afrontar con éxito, a 20 ó 30 años vista, esa falta de empleos generalizada.

Unos ingresos garantizados para cada uno de los ciudadanos, independientemente de su situación laboral o económica. Tengan trabajo o no, gocen de más o menos patrimonio, la Administración Pública se compromete a proveer a cada uno de sus ciudadanos con esos recursos económicos mínimos y constantes. «La Renta Básica Universal ya no es ni de derechas ni de izquierdas -avanza Josep Maria Coll-, sino que es lo que toca», y su puesta en marcha cuenta con el apoyo de gobiernos como el de Finlandia u Holanda, pero también de gente como Mark Zuckerberg (fundador de Facebook) o Elon Musk (Tesla, SpaceX).

El siguiente paso es «rediseñar el sistema educativo, porque está matando la creatividad -adelanta Coll-, y enfocarnos a impulsar los talentos naturales de las personas, porque el trabajo del futuro será vocacional».

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