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¿Qué es el Todo? ¿Es solo esa idea de abundancia? Creo que podríamos encontrar un significado más profundo al Todo queno estuviese relacionado con el consumismo

Diari de Tarragona

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Hace quince días escribí sobre la nada y sobre lo que podría aprender el ser humano al no tener nada. Es la teoría del desprendimiento o el desapego que tantos adeptos tiene y ha tenido a lo largo de la historia. No tener nada es ser libre, tener mucho nos atenaza.

Hoy, por alusiones, debo escribir sobre el Todo. ¿Qué es el Todo en mayúsculas? ¿Significa solamente esa idea de abundancia que llevaría a tenerlo todo? Creo que también podríamos encontrar un significado más profundo al todo que no estuviese relacionado con el consumismo.

Algunas filosofías orientales llaman Todo a la Unidad. La persona que llega al Todo es quien aúna al mismo tiempo los sentimientos, la razón y el espíritu. Y como he utilizado el verbo llegar, pueden imaginarse que es un proceso, un trayecto y no una atracción o un curso donde, previo pago, obtenemos lo que queremos.

Hacer vivir el ‘Todo’ en nosotros elimina la incertidumbre, el miedo, el estrés...

El Todo es ese estado contemplativo donde se vive la eternidad. Sí, sí, la eternidad, quizás el concepto más ligado al Todo de los que existen. ¿Han pensado alguna vez en cómo es la eternidad? Porque igual no es solo un tiempo eterno. Porque seguro que habrá cosas que estarán ahí, igual no con la misma forma siempre, pero algo debe haber en ese trayecto inacabable, ¿no les parece? Por eso el infinito es tan complejo, porque lo entendemos como una idea abstracta de duración, pero no nos paramos a pensar en qué es lo que dura. Y quizás la respuesta sea Todo.

Lo que sé seguro es que yo no estaré en ese todo infinito lleno de materia y cosas, agua y tierra, cielos y estrellas, lunas y planetas, porque los humanos somos finitos en nuestra forma actual. ¿Sobrevivirán nuestras cenizas? ¿Se disolverán en la tierra o el agua que las acoge y seguirán allí por largo tiempo? ¿Quizás por una eternidad?

Si alguno de ustedes contesta que sí a mi última pregunta, entonces es que están a punto de comprender el sentido del Todo. Si son conscientes de que hay algo en ustedes que forma parte del Todo, tendrán acceso al estadio más alto de la consciencia cósmica, la ascesis, la unidad o la presencia de Dios.

El camino hasta el Todo está siempre amenazado por el 'Yo' y el 'consumo'

Lo que no es nada fácil es llegar hasta ahí. Ya les he dicho que esto es un proceso y está amenazado constantemente por el yo, el ego, el nosotros, el pensamiento de ser diferentes y, sobre todo, el comernos el coco constantemente con lo superfluo y no acallar nuestra mente para estar en lo importante. Y ¿qué es lo importante? Igual el secreto está en adquirir esa conciencia del todo, de formar parte de esa eternidad en la que ahora vivimos y que seguirá viva aún sin nosotros.

Es una pena que en nuestra formación se empleen tantas horas en hacernos llenar el cerebro y no nos ayuden a abrir el tercer ojo, el de la conciencia eterna. Porque quieran ustedes o no, lo llevan dentro (el tercer ojo o la conciencia eterna) pero, si todavía no lo han encontrado, es porque los profesores y maestros no le han enseñado a descubrirlos.

Aquellos que viven en el Todo viven para ayudar a los demás

Y ahora viene lo bueno. Esa conciencia de la que les hablo, el hacer vivir el Todo en nosotros, elimina la incertidumbre, el miedo, el estrés, la tristeza, el odio, la inconciencia, la cobardía… Quienes sonríen constantemente son los andarines que siguen ese proceso, los que ya han tocado el Todo con la punta de los dedos. Se nota enseguida: son quienes relativizan, los que lo ven todo en un contexto eterno y no finito, quienes se ocupan de los demás porque hace tiempo que se olvidaron de sí mismos, que aman sin tener que decirlo, nos abrazan constantemente sin tocarnos y nos acompañan constantemente sin mandarnos un WhatsApp.

Suena raro, ¿no? Pues igual soy yo quien está equivocado, pero puedo prometerles, que cada vez que callo, sentado frente a un icono ruso, para ser consciente de ser parte de la eternidad, me inunda una felicidad inexplicable que me empuja en la buena dirección: la de seguir el proceso con la sonrisa en los labios.

Xavier Oliver es profesor de IESE Business Schol

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