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El gasto energético obliga a las familias a cambiar sus hábitos de consumo

Un informe del Banco de España alerta de que la inflación se ensaña con hogares de menos renta. El consumidor se vuelve menos fiel y elimina los caprichos

| Actualizado a 10 agosto 2022 10:05
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Destinar mayor parte del presupuesto familiar a la factura de la luz ha supuesto tener que recortar de otras partidas, tal y como constata el Banco de España en un informe publicado ayer, en el que este supervisor financiero advierte que dicha situación ha sido especialmente notable en los hogares de menores rentas «dado que la factura energética absorbe una mayor proporción de sus ingresos». Es cierto. Se puede decir que la energía es un bien de primera necesidad.

Por eso, tal y como explica la institución, «ante el incremento de su coste, los hogares tenderán a hacer ajustes poco significativos en su demanda y a reducir su gasto en otros bienes o su nivel de ahorro». Es algo que ya está ocurriendo. El Banco de España insiste en el fuerte vínculo que existe entre las perspectivas de gasto de las familias y las de inflación. Y ante unos precios desbocados al 10,8% en julio, la conclusión es clara: habrá menos consumo y habrá que tirar de ahorro –quien tenga margen para hacerlo– para hacer frente a los gastos básicos.

El organismo insiste en que las perspectivas de los hogares sobre la evolución de sus rentas se han visto empañadas con un «cierto deterioro» desde el estallido de la guerra en Ucrania. Y también han empeorado las de la evolución de la inflación, algo que, junto a la subida de los tipos de interés en el caso de los hogares más endeudados, «condiciona las expectativas acerca de su situación financiera».

Posponer decisiones

El difícil entorno parece estar afectando sobre todo a algunas partidas de gasto. Es el caso de los bienes duraderos que, tal y como señalan los expertos, «habitualmente se ven más afectados ante episodios de repunte en la incertidumbre, de deterioro en la posición patrimonial de las familias o de reducciones de su poder adquisitivo».

Esta situación estaría obligando a algunos hogares a posponer sus decisiones de compra sobre productos como los equipamientos del hogar o los coches. Por el contrario, las perspectivas relativas al gasto durante las vacaciones sí se han recuperado en los últimos meses, al calor de la eliminación de las restricciones asociadas a la pandemia. Pero en los hogares con menores ingresos esta situación no se ha dado. Y es que lo que antes se destinaba al descanso estival, ahora tiene que ir a absorber la escalada inflacionista.

Lo mismo que ocurre con los bienes duraderos sucede también con la cesta de la compra, ante el evidente traslado que ya ha tenido la subida de los precios de la energía a los alimentos, con especial impacto en productos de primera necesidad. Esta situación también ha cambiado el comportamiento del consumidor en el supermercado. Según un estudio de la consultora Gelt, los españoles llenan el carrito con menos productos que antes, optan por los más baratos y las marcas blancas ganan peso sobre el total. En concreto, y según un análisis de la firma, entre junio de 2021 y el mismo mes de 2022 se produjo una caída del 23,6% en el número de productos que se incluyen de media en una compra. Aun así, el gasto promedio en cada transacción ha subido un 8,3% en el periodo analizado, «de manera que los consumidores se ven obligados a hacer compras de menor tamaño con el mismo presupuesto o ligeramente superior».

Todos los alimentos han sufrido subidas de precios generalizadas. De media, un 25,8% de junio a junio, siendo el pan, los cereales, la harina y algunas frutas y verduras los que presentan las mayores alzas. Ante ese aumento de costes, la cuota de las marcas blancas se situó en junio un 3,2% por encima de su media habitual. Y todo a pesar de que, según Gelt, han subido sus precios más que los fabricantes: el 18% frente al 10%, respectivamente. José Luis Varela, Global Head of Data de Gelt, explica que esta situación ya está generando un nuevo perfil de consumidor, con marcadas características en las que se detecta «menos fidelidad, decisiones más centradas en el precio, eliminación de productos de capricho y tendencia a la búsqueda de ofertas».

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