¿Puedo llamarle Antoni?

Ha publicado una veintena de libros y ‘¿Puedo llamarle Mijail?’ acaba de lanzarlo la editorial maña Comuniter que promueve Manuel Baile

08 marzo 2022 09:20 | Actualizado a 08 marzo 2022 09:39
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¡Hola vecinos! El pasado martes los Coll desembarcaron en la capital de los pumas. Muchos Coll. Aunque uno de esos Coll, Antoni Coll i Gilabert, ya desembarcó él solico en Zaragoza en 1969.

Vino entonces a incorporarse a la redacción del periódico El Noticiero, del que fue director, y pasó aquí ocho años de su azarosa vida.Antoni y los demás Coll, llegaron al Museo de Zaragoza para presentar el libro del periodista: ¿Puedo llamarle Mijail? Las amistades personales en el final de la Guerra Fría.

Para quien no lo sepa -si es que hay alguien en Tarragona que no lo sepa-, Antoni Coll ha dirigido el Diari de Tarragona durante 20 años y ahora ejerce de consejero editorial del mismo y de presidente de la Fundación Bonanit que ayuda a personas sin hogar.

Hijo Adoptivo de Tarragona, nació en Ivars d’Urgell, Lleida. Ha publicado una veintena de libros y ¿Puedo llamarle Mijail? acaba de ser lanzado por la editorial maña Comuniter que promueve Manuel Baile y tiene como directores de la colección ‘Es un decir’ a Juan J. Soro y Herminio Lafoz.

Antoni Coll estuvo acompañado por Manuel Baile y por el director de Heraldo de Aragón, Mikel Iturbe. Iturbe realizó las prácticas de carrera en la redacción del Diari, llegó a la dirección adjunta hasta ser fichado por el periódico aragonés, y ha prologado el libro de las amistades personales tras la Guerra Fría.

Gratitud, recuerdos, libro. En estos tres apartados fijó su intervención quien fuera mi jefe en El Noticiero y Diario de Barcelona. Y de alguna forma también ahora en el Diari, si bien es la subdirectora, Núria Pérez, quien niquela las ‘Cartas de un puma’ semanales.

En los recuerdos, Antoni me devolvió a la memoria algo que ya se me había ido al limbo de lo evanescente. Coll fue director en El Noticiero, luego subdirector en Diario de Barcelona, después redactor jefe de sección en El Correo Catalán y, cuando le pronostiqué un futuro incierto, acababa de entrar como redactor en La Vanguardia.

En lugar de felicitarle, le escribí: director, subdirector, redactor jefe, redactor… lo próximo, ayudante de redacción. ¡Un carrerón! Descendente, eso sí. Un carrerón al revés. Lo contó Antoni a la concurrencia en el Museo de Zaragoza y se desquitó diciendo: pues no, no llegué a ayudante de redacción. Director de nuevo. Del Diari.

¿Puedo llamarle Mijail? es una joya de 154 páginas más otras ocho conteniendo imágenes. 15 lereles de precio venta al público, aunque vale mucho más.

Si el comprador o compradora son, además, periodistas, personas interesadas en el periodismo, en los hechos históricos de gran calado mundial, en la trastienda de los acontecimientos -incluido el protocolo, la diplomacia y los detalles relatados de forma rigurosa y fiel a la realidad-, si gustan del estilo periodístico como género literario que aporta información veraz y entretenimiento de amena lectura, apasionante en muchos momentos, el libro de Antoni constituye un tesorito.

Cada uno de sus 17 capítulos es una lección de buen periodismo. El que Coll domina como nadie. Ya me gustaría aprender de este jefe perpetuo que cada día nos regala ‘La Plumilla’ en la contraportada.

Reunirnos en torno al libro acerca de la Guerra Fría (1945-1991) cuando tenemos a tiro de misil una guerra caliente y distópica a lo Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, fue el martes en Zaragoza una ocasión pintiparada para sacar a coloquio el tristísimo asunto de la invasión de Ucrania por parte de Rusia y el impacto que esto va a tener sobre el mundo.

Por lo pronto el sábado se escuchó en la tele a alguien con criterio que, ante la remota posibilidad del uso de fuerza nuclear rusa contra Europa, aventuraba que igual los europeos tendríamos que salir escopeteaos del continente para pedir asilo en territorios hasta ahora exportadores de refugiados, de sin papeles, de ilegales.

Es decir: los españoles nos veríamos en la necesidad de saltar la valla de Ceuta o Melilla, pero en dirección contraria. Lo que viene siendo: pallá. Antoni Coll y Mikel Iturbe, expertos en información internacional, obsequiaron a los asistentes al acto con un análisis en torno a la guerra en Ucrania. Iturbe nos ofreció un dato: con la agresión militar, la Rusia de Putin pierde cada día dos mil doscientos millones de euros. Cada día, oiga. A Putin se la trae al fresco. A los rusos, no.

Coll recordó la visita de Mijail Gorbachov a Reus para recoger el ‘Premi Internacional Gresol’ y pronunciar una conferencia -el 1 de junio de 2004-. Antoni estuvo allí. Cuando el ex presidente de la Unión Soviética y Premio Nobel de la Paz oyó el nombre de Antoni Coll, que le hacía una pregunta, respondió: ‘¿Kohl? ¡No será pariente de Helmut!’ -por Helmut Kohl, ex canciller federal de Alemania-. No, no es un Kohl. Es un Coll. Y se le puede llamar Antoni.

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