Comercio, peatones y reforma horaria

La mirada ganxeta. Los tiempos actuales obligan a una gran sacudida a todos los niveles para adaptarse a una realidad cambiante

27 septiembre 2021 07:10 | Actualizado a 27 septiembre 2021 07:15
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A   hora que las fiestas de Misericòrdia han terminado (esperemos que el año que viene puedan celebrarse sin entradas ni restricciones) nos adentramos en pleno otoño. Aprovechando la llegada del mes octubre y del nuevo horario regresa el mantra de la reforma horaria. El debate, es cierto, viene acrecentándose en los últimos años. Sin ir más lejos, la semana pasada saltaba a la actualidad por la reducción de la jornada laboral a cuatro días. 

Coincidiendo con este debate, desde la Cambra de Comerç de Reus daban a conocer hace unos días el resultado de la nueva oleada del Radar Cambra que, entre otros, consultaba por la reforma horaria. Más de la mitad de los empresarios encuestados (el 57%) se muestran a favor de implantar un horario de trabajo europeo. Entiéndase éste de 9 a 17h, con una pequeña pausa para comer. Además, el 66% también considera que se trata de una opción factible y beneficiosa.

Los empresarios del territorio no son los únicos que piensan de esta forma. El comercio de la ciudad lleva tiempo con el tema sobre la mesa. Sin ir más lejos, hace menos de un año que desde el Tomb de Reus se daba a conocer el resultado de otra encuesta a sus asociados donde la inmensa mayoría (el 91%) estaba a favor del cambio. Al parecer, la intención sería avanzar el cierre de las tiendas en torno a las 19:30h. 

Estoy convencido de que estos resultados no difieren demasiado en otros municipios. Pero entonces, ¿por qué no termina implantándose? Supongo que los motivos son muchos y complejos. Tejido empresarial dominado por micropymes, impacto en función del sector o el clásico trabajar más: mejor. Desde mi punto de vista una reforma horaria es una buena solución para lograr una productividad más eficaz, conciliar mejor la vida familiar y laboral y reducir el consumo de energía. Y también para el comercio tradicional, en una situación complicada por los evidentes cambios en el modelo de consumo. De hecho, en Reus hace tiempo que buscan fórmulas para mejorar la situación. También desde el consistorio tratan de implantar acciones para mantener el sello de ciudad comercial de referencia.  

La calle Llovera

La más decidida es la peatonalización de las calles del centro. Hace poco más de un año se cerró el arrabal Santa Anna a los vehículos para dinamizar la zona y con la intención de seguir ampliando. Sin resultados todavía definitivos, el consistorio pretende llevar a cabo una transformación como en su día, hace ya 15 años, supuso la peatonalización de la calle Llovera. Una decisión que ahora no genera discusión alguna. 

Esta semana, además, también hemos conocido que 12 escaparates de establecimientos de los arrabales Robuster y Sant Pere vacíos lucirán montajes artísticos para intentar reactivar una zona  con bastantes negocios cerrados. En definitiva, tiempos que requieren de importantes sacudidas para poder adaptarse a una nueva realidad cambiante. 

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