El último repique de La Capona

El establecimiento se despidió ayer después de 25 años con una gran fiesta de alegría y nostalgia. Tarragona se queda con solo una librería, pero los propietarios no descartan que haya una continuidad o llegue una nueva

01 julio 2022 09:21 | Actualizado a 01 julio 2022 09:37
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Es una lástima. Gente como ellos no te los encuentras cada día. Te informaban y te ayudaban». De esa forma hablaba la clienta Mercè Naval de los trabajadores de la librería La Capona, que este jueves 30 de junio de 2022 ha bajado la persiana después de 25 años de servicio. Los propietarios, Pitu Rovira, Pau Espinosa y Ricard Espinosa quieren disfrutar de su merecida jubilación después de cincuenta años de trabajo. Lo celebraron ayer con una gran fiesta de despedida, donde no faltó la emoción, la nostalgia y el agradecimiento por parte de los libreros y los clientes. Con su cierre, ya solo queda una librería en Tarragona. Va menguando el afecto, el cariño y la proximidad que te dan.

Prueba de ello es la cantidad de gente que había en la fiesta de despedida. Pocos minutos después de las seis de la tarde, aún había pocos clientes que estaban mirando libros y trasteando estanterías. Uno se podía mover por dentro del pequeño y acogedor local con facilidad. No por mucho tiempo. Los cliente querían comprar sus últimos libros. «Stephen King es mi escritor favorito y suya tenía que ser la última novela que compre en La Capona», decía Jordi Montreal. También abandonaban sus estanterías libros de Michael Connelly o clásicos como El Principito. Todo el mundo quería el recuerdo final.

Un último libro después de 25 años de pura dedicación y pasión. Uno de los propietarios, Pau Espinosa, lo resume perfectamente. «El sentimiento es de satisfacción. Ver que has intentado hacer la faena bien hecha durante mucho tiempo y que la gente, de alguna manera, te lo devuelve». Atrás queda ese cuarto de siglo donde, como comenta otro de los propietarios, Ricard Espinosa, «ha pasado rápido». Los dos coinciden en decir que han tenido momentos buenos y malos, pero que siempre han prevalecido los de felicidad.

Poco a poco, el gentío iba en aumento. Llegaban conocidos, amigos, clientes habituales y familiares. Precisamente, Laura Rovira es la sobrina de Pitu Rovira, el tercero de los propietarios. «Para mí, es un antes y un después. No solo por ser la librería de mi tío, si no porque cada semana venía. Era una zona de paso entre mi casa y la de mis padres», comenta Rovira, que también se muestra muy preocupada por la salud cultural que queda en la ciudad. Cree que Tarragona ya lleva tiempo muerta en ese aspecto.

«Satisface ver que has intentado hacer bien el trabajo durante muchos años y que la gente, de alguna forma, te lo devuelve. Es muy gratificante» Pau Espinosa

Ese era el sentimiento que reinaba en el número 41 de la calle Gasòmetre. La pena de ver cómo se pierde una librería más. Otra de las clientas, Sandra, comenta que «es muy triste que cierre». «Es como si tirásemos para atrás», añade. Y razón no le falta. Aparte de ser un activo para la sociedad, La Capona hacía mucho por la riqueza cultural de la ciudad. Por escritores y editoriales, que ahora no tendrán ese sitio donde presentar su libro o ese apoyo para poderlo promocionar. De hecho, a Jordi Montreal le duele que no pueda ver su primer libro El infinito y otros horizontes en las estanterías de la librería. Ahora, solo quedará una en toda Tarragona. La Llibreria Adserà. «Una ciudad de 100.000 habitantes no se lo puede permitir», dice, sin pelos en la lengua, Pitu Rovira.

Llegadas las siete de la tarde, en La Capona ya no cabía nadie más. Estaba lleno de gente. En ese momento, te das cuenta de la masa social que mueven establecimientos como el de la calle Gasòmetre. Ese apego con las personas y los clientes habituales. El trato humano que no se encuentra en otros sitios. Que no se tiene que perder.

En la fiesta, todo era felicidad y nostalgia. Hubo caricaturas que hicieron Napi, Hugo Prades y Elchicotriste. Música en directo, diversión, emoción, comida y cava. Mucho cava. Aquello no era un cierre triste. Era una jubilación, que viene de la palabra latina iubilare y que significa «gritar de alegría». Pues dicho y hecho. Una de las sorpresas fue el pequeño relato que hizo la escritora Olga Xirinacs, en exclusiva, para La Capona. Recuerda los inicios de la librería, un 11 de julio de 1997.

$!Los propietarios, brindando por los 25 años de historia. foto: Pere Ferré

Y del pasado al futuro. Muy incierto, pero esperanzador para los propietarios. Ya sea con la continuidad de La Capona con otros propietarios o con la llegada de una nueva. «No hemos tirado la toalla. Estamos conversando, aunque está todo muy verde aún», comenta Ricard Espinosa. También es optimista Pitu Rovira cuando dice que «esto se solucionará y no se tardará demasiado en tener otra librería». Igual que Espinosa, reconoce que hay «hay alguien detrás, estamos negociando. Nos encontramos en un 30%». Ahora, solo nos queda agradecer a La Capona todo lo que ha dado en estos 25 años.

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