Más de 40 alcaldías de la provincia están en el aire por los pactos

Cuenta atrás a diez días para la constitución de los ayuntamientos. Tres de cada diez, entre ellos los más grandes, están pendientes de alianzas. La cuestión soberanista será decisiva

04 junio 2019 19:25 | Actualizado a 04 junio 2019 19:45
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Son días de reuniones, de llamadas, de mensajes, de negociación, en algún caso ‘in extremis’, a veces a varias bandas. Son jornadas de conversaciones, asambleas, consultas a las bases y líneas rojas en medio de la aritmética que dejaron las urnas. Tarragona y Reus, que no conocen todavía quién será el alcalde, son los ejemplos más representativos, pero la situación se extiende a más de 40 municipios, muchos de ellos los más grandes de la provincia, y ahí se incluyen poblaciones como Valls, Vila-seca, Tortosa, Calafell o Salou. En El Vendrell el acuerdo se concretó este martes para que el socialista Kenneth Martínez sea alcalde. 

En medio centenar de localidades ningún partido logró el 26-M más del 50% de los apoyos, resultados que han abocado a la necesidad imperiosa del diálogo para llegar a acuerdos con un plazo marcado, el 15 de junio, fecha tope, en la que se van a constituir todos los ayuntamientos. Sólo quedan diez días para la cita.  

En el 27% de las 184 poblaciones tarraconenses es necesario dialogar y alcanzar pactos para obtener una investidura a la primera, o bien optar por gobiernos en minoría y negociar cada día la supervivencia del consistorio. 

En esos municipios, por lo tanto, sería factible que los partidos que no ganaron en los comicios articularan una mayoría alternativa para dejar sin alcaldía a la formación que se impuso en votos. En estas elecciones ha habido 137 mayorías absolutas, muchas de ellas obtenidas en municipios pequeños donde apenas concurrían listas, teniendo cuenta, además, que en 32 poblaciones sólo participaba una candidatura y, por lo tanto, estaba claro quién iba a ostentar la alcaldía. 

Fragmentación instalada
La cifra se mantiene más o menos estable con respecto a los comicios de 2015, cuando hubo 139 mayorías, ya que la fragmentación lleva tiempo instalada en los ayuntamientos. El escrutinio definitivo muestra que ERC ha conseguido 55 mayorías absolutas por las 52 obtenidas por Junts, la marca paraguas del PDeCAT. 

El PSC se ha apuntado 11 mayorías absolutas, mientras que el resto se las reparten la CUP, las coaliciones de En Comú o partidos independientes. Junts, sin embargo, supera con 17 victorias en mayorías simples a ERC, que se queda en 12. Por lo tanto, los neoconvergentes han conseguido más victorias que los republicanos, aunque el resultado es igualadísimo: 72 a 67. El PSC, por su parte, ha obtenido ocho victorias sin mayoría, la más importante la de Tarragona capital, pendiente de  pactos y que podría no valer para que el alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, repitiera en el cargo. 

Cada municipio y cada negociación es un mundo. Cambrils, por ejemplo, fue la localidad, entre las grandes, más madrugadora. ERC, con sólo el 21% de los votos (seis concejales de 21) pactó con Junts per Cambrils y Nou Moviment Ciutadà. Un ejemplo de la atomización lo ofrece también Vandellòs-L’Hospitalet de l’Infant: hasta siete fuerzas se reparten los 13 concejales. Otro está en El Catllar: seis formaciones para 11 escaños, lo que obliga igualmente a pactar, y otra muestra más en Ascó: cinco partidos para nueve concejales.  

En global, hasta 44 fuerzas diferentes han conseguido algún escaño en los municipios tarraconenses, exactamente la misma cifra que hace cuatro años pero diez más que respecto a las elecciones locales de 2011. 

Así, las alcaldías pendientes de las alianzas proliferan por toda la provincia. Están, por ejemplo, en el litoral, en lugares como Torredembarra, Cunit, Creixell, Roda de Berà o Santa Oliva, pero también en municipios del interior como Els Pallaresos, El Morell, Montblanc, Llorenç del Penedès, Santa Coloma de Queralt, Cabra del Camp, Vilallonga del Camp, Sant Jaume dels Domenys, Santa Bàrbara o La Selva del Camp. En sitios como Altafulla la alcaldía está clara, pero falta un acuerdo para concretar el gobierno. 

De Bonastre a Camarles
A veces, en poblaciones pequeñas como El Masroig, Masllorenç, Bonastre, Bellvei o El Pinell de Brai, el escrutinio también obliga a un entendimiento para iniciar el mandato. En todos estos lugares las victorias no fueron por mayoría y, por lo tanto, se negocia con mayor o menor intensidad para procurar bien un pacto de gobierno o bien acuerdos de mínimos que garanticen, al menos, una investidura. Tivissa, Camarles, Vilalba dels Arcs, Aiguamúrcia o L’Albiol también se añaden a la lista. 

Los resultados vuelven a poner a prueba la cultura del pacto, más arraigada en los ayuntamientos que en la política general. «En clave municipal llevamos tiempo acosutumbrados y en algunos lugares los gobiernos de coalición han funcionado bien», explica Ana Sofía Cardenal, politóloga y profesora en la UOC. El doctor en Historia y politólogo Xavier Casals asume que «en política local y autonómica hemos hecho el ‘trencadís’ de Gaudí» y considera que «hemos entrado en una etapa de las coaliciones que será larga». 

«Los pactos tienen un coste para los partidos pero son más democráticos, representan a más población», dice Ana Sofía Cardenal, analista, politóloga y profesora en la UOC

‘Sillas’, puestos, roles y trabajos se reparten estos días en el tablero político de los principales partidos, con algunos ejes sobre la mesa, más allá del bloque ideológico derecha-izquierda. «Las posiciones están muy polarizadas. En líneas generales la cuestión nacional hace inviable un pacto de PSC, ERC y Comunes, que en otro momento habría sido una opción posible. De hecho, en la Generalitat vimos dos ediciones del tripartito. Ahora los Comunes se lo tienen que pensar mucho a la hora dar el gobierno a un partido independentista. Puede ser suicida», explica Ana Sofía Cardenal. De ahí que la cuestión soberanista sea fundamental a la hora de articular uniones, sobre todo con vistas a la sentencia del juicio del Procés, prevista para otoño, y que podría tensar gobiernos municipales. 

El escenario puede llevar a que la lista más votada no sea la que asuma la alcaldía pero la filosofía del pacto necesario va mucho más allá: «Es lo más normal en otros países. Es verdad que los gobiernos de coalición son más inestables y suelen durar menos, pero en condiciones normales el pacto y el diálogo son positivos. Aumenta la representatividad del gobierno», indica Cardenal. 

«Hemos entrado en una etapa de las coaliciones que será muy larga», afirma Xavier Casals, doctor en Historia y politólogo

La profesora cree que «un gobierno de coalición es mucho más positivo para el ciudadano, porque es más incluyente, más representativo y más democrático, hará políticas que beneficiarán a un mayor número de personas». 

Hay, sin embargo, algunas contrapartidas negativas, sobre todo desde el punto de vista de las fuerzas. «Los pactos tienen un coste para los partidos, un peaje. La formación que tiene la alcaldía sale beneficiada. En cambio, si tú nunca eres protagonista de esos acuerdos y apareces como subalterno, acarrea un coste, porque te desgastas», concluye Cardenal, que sugiere otro aspecto a tener en cuenta: «En las coaliciones es más difícil para el votante la rendición de cuentas. Le cuesta más distinguir el reparto de responsabilidades, a quién premiar o a quién castigar». Bajo premisas así, los partidos siguen negociando. La fecha límite: el día 15. 

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