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El Anfiteatro

Roma en plena Tarragona

judit gabaldón sánchez

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fotos:lluís milián

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Una de las paradas obligatorias si estás este verano por Tarragona es el Anfiteatro romano. Este espectacular monumento fue erigido durante el siglo II d.C. y, gracias a su construcción, completó la trilogía de edificios de espectáculos que toda ciudad romana de primer nivel debía tener: anfiteatro, circo y teatro. La existencia del Anfiteatro de Tarraco debemos agradecérselo a un flamen o sacerdote imperial que donó parte de su fortuna desinteresadamente para la construcción de este monumento. Pese a que hay mucho que agradecerle, a día de hoy el nombre de este sacerdote altruista es desconocido.

A primera vista, el Anfiteatro de Tarragona da la impresión de ser un monumento semiderruido. Pero esto tiene una razón de ser, y es que el Anfiteatro ha sido objeto de diversas reformas a lo largo de su historia. En el año 221 d.C., durante el reinado de Heliogábalo, se hizo su primera reforma. Años más tarde, en el 259 d.C., un obispo llamado Fructuoso y sus dos diáconos, Eulogio y Augurio, fueron quemados vivos en la arena del anfiteatro. Por esta razón, en el siglo VI se construyó una basílica de culto dedicada al obispo y sus clérigos con parte de las piedras que formaban estos restos romanos.

Pero pese a este aspecto semiderruido que tanto lo caracteriza, este espectacular anfiteatro romano albergaba mucho más en su interior. Este antiguo monumento contaba con diferentes partes que, en su totalidad, conformaban lo que hoy son ruinas romanas de gran valor. El espacio en el que se desarrollaban los espectáculos recibía el nombre de arena y aún conserva sus dimensiones de 62,50 m por 38,50 m. Bajo la arena estaba la parte denominada como fossae, un recinto cerrado y tapado en el que se guardaban los animales y se preparaban los gladiadores antes de salir a luchar. Seguramente por eso aún se conserva una pintura mural que representa a Némesis, la diosa que, según creían los antiguos romanos, protegía a los gladiadores. Para separar la arena de las gradas o cavea había un podium de 3,25 metros de altura, de tal manera que así aseguraban la protección del público durante las peleas. Por otra parte, las caveas estaban divididas en tres sectores o maenianae según la clase social de los asistentes. Los que pertenecían a los altos cargos del Imperio o la República se ubicaban en la tribuna, que normalmente estaba situada en medio de las gradas con un toldo que los protegía del sol y con unas vistas panorámicas del espectáculo.

Este impresionante monumento estaba ubicado justo a las afueras de la antigua Tarraco, situado justo al lado de la Vía Augusta, una de las arterias principales de esta antigua ciudad romana. Su posición justo al lado del mar también tiene una razón estratégica de gran importancia, y es que los animales, antes tratados como simple mercancía, eran llevados en barco hasta la antigua Tarraco para que participasen en diversos espectáculos. Por lo tanto, la ubicación del Anfiteatro de Tarragona era, ante todo, estratégica. Tanto para facilitar el transporte de mercancías como para alentar a los habitantes de Tarraco a que visitasen estos espectáculos, todo al más puro estilo romano ‘pan et circenses’.

En la arena se ofrecían todo tipo de espectáculos, desde lucha de gladiadores a exhibiciones atléticas, pasando por cacerías y luchas con animales. Cabe decir que este tipo de espectáculos eran de todo menos agradables. Las luchas de gladiadores eran a muerte y también existía la posibilidad de que fuesen combates en grupo, por lo que muchas veces el campo de arena acababa teñido del rojo intenso de la sangre. En cuanto a la lucha con animales, era frecuente que los que acababan luchando contra fieras, en su mayoría tigres y leones, fuesen condenados a muerte.

Actualmente también podemos disfrutar de espectáculos de este tipo y, afortunadamente, hoy en día son ficticios. Para poder conocer este pasado un tanto escalofriante con un toque de diversión debemos pasarnos por el Anfiteatro de Tarragona durante el mes de mayo, que es cuando se celebra Tarraco Viva, un festival que recrea el pasado romano de la ciudad y en el que el Anfiteatro cobra una relevancia especial al albergar espectáculos de peleas de gladiadores y recreaciones sobre la vida que llevaban estos antiguos luchadores, así como conciertos de música de la época romana o incluso charlas que explican de una manera sencilla y breve el pasado imperial de la ciudad.

Pese a esto, si nos decidimos a visitar el Anfiteatro de Tarraco en cualquier otra época del año, no nos arrepentiremos. El monumento cuenta con un horario amplio para poder ser visitado y el precio de una entrada individual sin descuento cuesta 3,15 euros. Aunque hoy en día esté ubicado en pleno corazón de Tarragona, al entrar en estos impresionantes restos romanos nos olvidamos de dónde estamos y tan solo se oye el murmullo de fondo del Mar Mediterráneo. Este relajante sonido, sumando el profundo olor a piedras, rocas y arena con tanta historia, hará de este momento un recuerdo mágico en el que, por una vez, hemos podido imaginarnos a nosotros mismos como auténticos romanos de la época de la Roma Imperial.

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